Estoy en una de esas tiendas K-Mart, o Wal-Mart. Necesitaba nuevas herramientas. Me marché de la última ciudad de manera precipitada y tuve que dejar atrás algunas cosas. Odio estos lugares. Son enormes. No están diseñados a escala humana. Querían construir uno en nuestra ciudad. Nos opusimos... o en nuestro vecindario. Nada de basura blanca cutre obrera atrayendo el tráfico cerca de nuestras casas, gracias. Les combatimos con papeleos y abogados, y les convencimos de que construyeran en otra parte. La Mary Ellen que fui estaba orgullosa de aquella lid. La Mary Ellen que fui entonces pensaba que era importante.
Estaba buscando en el departamento de ferretería. En serio. No tengo razones para buscar juguetes de niños. Sé cómo evitar esos pasillos. "Walk light, think of a time...". Pero me perdí y aquí estoy, rodeada de bicicletas, de bates de sófbol y de coches de control remoto. Veo una estantería llena de dinosaurios de plástico. Asesinos de garras afiladas con piernas y colas articuladas. De la clase de la que Ethan nunca tenía bastante. Uno de los grandes T-Rex es igual al que Michael le regaló a Ethan en su octavo cumpleaños. Lo cojo. Lo dejo. Me vuelvo para marcharme y entonces veo a Ethan.
El corazón me late... Me mareo. Intento llamarle por su nombre. Mi voz no sale. Me mira. Los azules ojos de un ángel. El cabello rubio de su padre. Corro hacia él. Casi me caigo.
—Ethan —digo al fin, ahogada—, ¡soy yo! —Se da la vuelta.
Aferro sus hombros con mis manos y le digo:
—Ethan, soy mamá. Escucha, tenemos que darnos prisa. Tenemos que irnos de aquí, cielo. Tú y yo, tenemos que...
Pero algo sucede. De repente, la cara que estoy mirando no es la de Ethan. Es la de algún otro niño de diez años. Cabello oscuro, gordas mejillas, en absoluto como Ethan. Nunca fue Ethan, y me ha vuelto a ocurrir. Como la vez en el autobús, cuando oí que alguien decía los nombres de Ethan y Chloe. Les seguí a su casa, irrumpí en su hogar y fingí ser un ladrón que buscaba dinero. Pero no tenían nada que decirme. Lo único que tenían era miedo; eran gente normal, inofensiva, estúpida.
Por fortuna, este chico es de los que se queda callado cuando se asusta, en lugar de gritar. Quiero decirle que lo siento, limpiar mis lágrimas, pero está sollozando y a punto de encontrar su voz. Me giro y me voy con cuidado de no moverme demasiado deprisa como para llamar la atención, incluso aunque quiero correr y correr y nunca parar.
Ethan, Amber y Chloe (mis niños) se han ido. Están por ahí, en algún sitio fuera de mi alcance. El monstruo que se los llevó también se ha ido. Eché a perder mi primera oportunidad real de atraparle, castigarle, herirle y obligarle a que me dijera lo que había hecho con ellos. No sé a dónde se ha ido ni en dónde surgirá la próxima vez que lleve a cabo su odiosa tarea. Toda la prisa, los escondites, la lucha y las matanzas me han llevado exacta y únicamente a esto: yo durmiendo con la ropa puesta en un colchón lleno de manchas, en un basurero llamado Hotel Luna Durmiente, demasiado rota por dentro como para llorar.
El fuego se ha ido. Me rindo.
Creo que mañana me quedaré en la cama.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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