Ahora que he cortado sus gargantas, los tres parecen humanos. Estaban a la luz del día, activaban la visión, sangran cuando les cortas... Mi suposición es que eran marionetas. Esclavos de los bebedores. Solían ser los más difíciles de matar. Siempre estaba la tensión de intentar salvarles. Ahora estoy por encima de eso.
Pero he sido chapucera. Me dejé llevar por la emoción. Merecían ser castigados, cierto, pero debí dejar a uno vivo para interrogarle. ¿Por qué estaban escondiéndose por la estación de Trinity? Les seguí durante tres horas, desde las nueve al mediodía, y les vi entrar en un vagón de carga hecho pedazos. ¿Por qué? Debería haberme parado a pensar. En lugar de eso, encendí un cigarrillo, lo aspiré profundamente en mis pulmones y sentí el humo mezclarse con el fuego de mi interior. Después fue sencillo escupir la oscuridad y hacer que les rodeara para cegarles. Tras eso, un corte, dos cortes, tres cortes. Me sentí bien. "A world of light! She's gonna open your eyes up...".
Solo que ahora estoy en un vagón de tren lleno de basura. Periódicos con la portada rasgada. Ropa y calcetines que no casan. Cubiertos doblados. Tiritas. Le doy una patada a la basura. No, no hay suficiente porquería. Demasiado limpio. Demasiado nuevo. Es más como una colección. Me inclino para un examen más cuidadoso. Alguien trajo esto aquí. ¿Por qué? Marcos de cuadros con restos de fotografías rasgadas. Una tostadora aún llena de migas. Osos de peluche y conejitos rellenos. Un reloj de pared de plástico. Una caja de zapatos...
La caja está llena de fotos. Las tiro al suelo, una cascada de colores, sonrisas y posturas. Una llama mi atención, pero está demasiado oscuro para echarle un buen vistazo. Saco mi linterna y la paso por toda la pila. Y entonces... entonces... Entonces mis manos tiemblan y mis tobillos se convierten en agua. Estoy en el suelo, a gatas, poniendo una foto delante de la luz tenue, luego otra. Luego otra.
Amber. Chloe. Chloe y Ethan. Ethan. Ethan y Amber. Mis niños. Mis niños. Me devuelven la mirada desde las fotografías. Aprieto una contra mi mejilla, mi frente. Es real. Pongo las fotografías juntas y no puedo verlas lo bastante rápido. Salto de una a otra, y he mirado unas veinte de ellas cuando me doy cuenta de lo que está mal.
Estos son mis hijos, pero llevan ropas que nunca les compré. Están de pie frente a alguna casa que no reconozco. El pelo de Amber es diferente. Lo tiene ondulado. Nunca se lo peiné así. Chloe sentada sobre un caballo, sonriendo a la cámara. Yo nunca le di un paseo a caballo. Ethan parece... distinto. Él... Dios mío, ha cambiado. Es mayor. Más alto. Más delgado. No es el mismo chico que conocí. Le doy la vuelta a una de las fotos. La fecha es de hace solo unos meses.
Estas son fotos de mis hijos. Están vivos. Quiero estar feliz por haber visto sus caras. Pero están llevando vidas que no conozco. Están creciendo y cambiando, y viviendo en otro lugar, sin mí, sin saber de mí, sin mi contacto. Están viviendo en la casa de otro. Me levanto y mis manos destrozan las fotos, las hacen jirones, las arrojan al suelo. Algún otro está educando a mis hijos.
Las llamas arden en mí, dentro de mi pecho, mi garganta, mi cabeza. Algo se retuerce y gira bajo mi piel. Mis niños. Lejos de mí. Levanto mis brazos, lista para arrojar una explosión de destrucción. Serpientes de puro fuego. Mi pecho se llena de veneno. Arde, pienso, arde y muerde y envenena y mata.
—¿Estás bien?
Me doy la vuelta y él está de pie en la puerta. Abrásate, parece susurrarme una voz. ¿Es mi voz? Te está calmando. Te está reteniendo. Comprobando el poder que puedes invocar. Alzo mis manos hacia el chico. Las voces, los así llamados Mensajeros, quisieron que él me encontrara. ¿Para espiarme? Piensan que no le haré daño. ¿O sería mejor para él morir ahora? Nunca tendrá una vida normal. Nunca tendrá citas, ni se casará, ni tendrá un trabajo. Está condenado a unos cuantos años miserables de buscar en ataúdes y asaltar cementerios hasta que al final algo con dientes le atrape y le mate... o peor.
Si tan solo se diera la vuelta, se girara y corriera, sé que podría matarle. Pero se queda ahí, dándome la cara, esperando. Apaciguo el fuego. Bajo mis brazos.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¡Creí que te había dicho que te quedaras en el pueblo!
—Estaba preocupado. Hacía tanto que te habías ido. Pensé que debería ver si estabas bien.
Detrás de él, el sol casi se ha puesto. Apenas era mediodía cuando entré en el vagón. ¿Cuánto tiempo he estado aquí?
—¿No te dije que no te quería aquí?
Mi cuerpo siente cómo me enfrío. Necesito pensar. Mis bebés...
—Lo sé, pero me cansé de esperar. Tenía curiosidad. Quería ver qué... —Se sube al vagón. Ve los cuerpos. La luz roja del ocaso hace que la sangre casi parezca negra—. ¿Están...? —Tartamudea, parpadeando—. ¿Están muertos?
—Sí —le digo—. Están muertos. —Le pongo una mano en el hombro y le meto del todo en el vagón—. Mírales. ¡Mírales! —Le pongo de rodillas. Intenta salir a gatas y alejarse de los cadáveres, pero no se lo permito—. ¡Mírales! ¡Esto no es un juego! ¡No es una película! Están muertos porque yo les he matado. Seccioné sus gargantas mientras no podían ver. Esa es su sangre por todo el suelo. Esta es su sangre en mis manos. Me habrían matado si me hubiesen visto antes. Y habrían esperado para matarte a ti. Sus amigos están fuera en algún lugar, y no me importa si tus colegas te ponían antes a cubierto. Si no dejas de considerar esto como si fuera algún tipo de puzzle que hay que resolver, vas a acabar así. ¿Comprendes?
Libero sus hombros e intenta ponerse de pie, alejarse de los cuerpos. Cuando sus manos tocan el suelo, siente la pegajosa humedad y se aparta. Se lleva las manos a la cara, mira la sangre y la suciedad que hay sobre ellas con los ojos como platos, y se mece para ponerse en pie sin volver a tocar el suelo. Sorbe por la nariz y hace un gorgoteo. Puedo decir que está intentando no llorar cuando dice:
—Vale... yo... vale, ya veo. Ya veo. ¿Podemos...? Quisiera... salir de aquí.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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