Parte 19: Bizco e Indolente

—Tus hijos están bien —dice, inclinando la cabeza mientras acerco un poco más la bengala al suelo—. Están bien cuidados y felices.

No están felices. No pueden estar felices.

Me pongo tensa cuando este engendro dice mi nombre... mi antiguo nombre. Ya no soy yo, ¿vale?

—Mary Ellen —repite—. Te será difícil aceptar esto, pero debes saber que lamento lo que te ha pasado a ti, a tu marido, a vuestras vidas.

—Asqueroso pedazo de mierda —le espeto—. ¡Cómo te atreves a decir eso!

—Es verdad, niña. Michael me sirvió bien. Le cogí cariño. Se merecía lo mejor. Por favor, compréndelo, no todo lo que ha ocurrido ha sido por mi voluntad. Incluso los que son como yo tenemos amos a los que no podemos desobedecer. Órdenes que no podemos ignorar... aaahh... —De súbito, su voz pierde su suavidad. Pasa a ser un resuello ronco.

Michael era su perrito, por fin lo entiendo. Su lazarillo.

—Dime —refuerzo mi apretón sobre la bengala. Aún no. Aún no—. Dime por qué te los llevaste. Dímelo ahora.

—No es algo que... se pueda explicar con facilidad. Tus hijos... están ahora con nosotros. Son necesarios. El final de los tiempos... la estrella roja se eleva... medidas drásticas... no estamos a salvo aquí. Viene un danzante...

—Estás farfullando un galimatías. ¿Dónde están? ¡Respóndeme!

Agito la bengala. Me mira directamente con ojos lechosos, con la boca torcida en una mueca. Doy un paso a un lado. Su cara es como una fea herida. Los brazos y las piernas retorcidas de manera lastimosa. La espalda jorobada. Enormes jirones de piel le cuelgan por todas partes. Veo músculos, costillas. Sangre seca por todos sitios. "All that blood gonna swallow you whole...". ¿Cómo puede nada estar vivo con heridas tan horribles? Sobresaltada, siento que la bengala se suelta de mi mano. Cae dando vueltas hacia el suelo empapado de queroseno.

Estiro el brazo. La bengala deja de sisear. Flota en el aire. La luz cambia. Y el tiempo...

Se detiene.

Hay una presencia detrás de mí. Me giro despacio. El hombre sombra del motel está aquí. Esta vez puedo ver su rostro.

—Vincent —digo.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."