Como ya se ha dicho, son varias las razones que dificultan el que la Inquisición llegue a integrar algún día a los cazadores en su seno. El solo misterio que rodea el origen de los exaltados sería impedimento suficiente, por no mencionar la desconfianza inherente que siente la sociedad hacia cualquiera que no pertenezca a sus filas. Esto significa (como poco) que los cazadores probablemente jamás reciban ayuda de la Inquisición ni acceso a sus recursos más allá de algo de información o una operación conjunta de vez en cuando (siempre que el esfuerzo redunde en beneficio de la Inquisición). Aun en ese caso, esta ayuda tendrá un precio, ya sea que la Inquisición pida a los cazadores que se sometan a un examen físico completo (muestras de sangre incluidas), que exija información concerniente a un adversario específico, que solicite más información sobre la comunidad o el código de los cazadores, o que requiera asistencia para derrotar a un enemigo. En ninguna circunstancia permitirá la Inquisición que los cazadores accedan a sus vastas bibliotecas o cuarteles generales (incluida su principal fortaleza y comunidad privada del Monasterio di San Michele, en las afueras del Vaticano, o la Iglesia de la Santísima Trinidad del parque Wicker, en Chicago).
Si esta forma de tratar a los exaltados parece severa, es porque la Inquisición cree que es la que más tiene que perder. La sociedad no es simplemente un movimiento religioso que combate lo sobrenatural. En su día operó (y probablemente lo vuelva a hacer) bajo los auspicios del Vaticano, por mandato secreto de la Santa Sede... el propio papa. Si las atrocidades o la auténtica historia del grupo salieran algún día a la luz, el escándalo sería intolerable, y no solo porque el papado hubiera ocultado la verdad al mundo. El papa y el Vaticano serían tildados de ilusos por creer en monstruos, y de peligrosos por sancionar las actividades de una organización que podría haber estado torturando y asesinando hasta ayer mismo. La fe en el papa, aunque se esté erosionando paulatinamente a causa de las realidades de nuestra era, se resentiría terriblemente y el Vaticano sufriría un mazazo del que no podría recuperarse. La Inquisición observa esta verdad con cada misión y con cada reacción. Así pues, ¿es de extrañar que la Inquisición sea reservada y no confíe en desconocidos que tal vez ni siquiera compartan su fe?
Dicho esto, los cazadores están en la cuerda floja con la Inquisición; la Sociedad de Leopoldo no tolera errores ni traiciones. No comprende que se anteponga la acción individual a la del grupo, por lo que los cazadores que ayuden a una criatura sobrenatural o interfieran sin darse cuenta con sus agentes pasarán a ser sospechosos como individuos y repudiados como colectivo. El que esta respuesta desemboque en represalias y una escalada de las hostilidades por cualquiera de los dos bandos dependerá de la situación y de tu crónica. Recuerda, no obstante, que la mayoría de las guerras comienzan porque alguien va buscando bulla. El catalizador suele ser intrascendente. Si los cazadores llegaran a poner en peligro los secretos de la sociedad, a convertirse en un peligro u objetivo público, a intentar traicionar a la sociedad ante sus enemigos, o a atacar alguna fortaleza de la Inquisición, la Sociedad de Leopoldo los tratará como a peligrosos adversarios. Eso significa que los perseguirá y los asesinará. El chantaje, la incriminación y la traición de los exaltados a otras criaturas sobrenaturales son estratagemas que la Inquisición podría considerar deshonrosas y poco cristianas. Creen que sus acciones y sus objetivos son justos, y preferirían capturar, torturar y eliminar a un enemigo antes que jugar con él.
La hostilidad declarada con los cazadores podría desembocar incluso en la formación de una nueva secta, un ramal de los Hijos de Tertuliano o la Orden de San Pedro que se arrogue la cruzada personal de exterminar a los exaltados. Esta nueva secta podría llamarse "la Loriga de San Patricio", basándose en la oración del mismo nombre que se atribuye al gentil santo:
Invoco hoy todos estos poderes entre el mal y yo,
Contra todo poder cruel e implacable que se oponga a mi cuerpo y mi alma,
Contra los ensalmos de los falsos profetas,
Contra las negras leyes del paganismo,
Contra las falsas leyes de los herejes,
Contra las artes de la idolatría,
Contra los conjuros de mujeres, artífices y brujos,
Contra todo conocimiento que corrompa al hombre en cuerpo y alma.
Cristo escúdame hoy
Contra el veneno, contra el fuego,
Contra el agua, contra las heridas,
Para que mi recompensa sea abundante.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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