La Sociedad de Leopoldo también recuerda al colectivo de exaltados en su variedad de explicaciones, a menudo enfrentadas, para la existencia de los monstruos. El principal problema al que se enfrenta la Inquisición es su gran número de sectas. En algunos casos, esta colección de inquisidores con opiniones afines hereda una filosofía santurrona y atrae así mayores congregaciones. Otros grupos, no obstante, son casi sectarios en su número de afiliados y creencias. Tal variedad de sectas propicia una ecléctica mezcla de acercamientos y teorías acerca de lo sobrenatural, lo que a veces impide que una facción potencialmente peligrosa se vuelva demasiado poderosa.
Los únicos puntos en común que comparten las sectas en general son su guerra casi unánime y unilateral contra lo sobrenatural y su notable ignorancia de los orígenes de lo fantástico. Sin embargo, esto último resulta comprensible dada la inspiración de la Inquisición.
Las distintas sectas extraen sus teorías y conocimientos de antiguas obras religiosas o de los diarios y acciones de sus tocayos. Los Padres de la Buena Muerte, por ejemplo, creen que los vampiros son espíritus inmortales anteriores al Gran Diluvio que sobreviven poseyendo cadáveres, mientras que la Orden de San Miguel cree que la corrupción original de lo infernal reside en el corazón de la hidra sobrenatural que plaga este mundo.
Esta diversidad de observaciones e información naturalmente conduce a la pregunta: ¿Sabe algo la sociedad acerca de la gigantesca tormenta que desgarra la placenta que protege este mundo del próximo, y que impulsa a tantos espíritus a cruzarla? Solo algunas sectas, entre ellas los Hijos de Tertuliano y la Fraternidad de Albertus, están al corriente de este suceso. Dados sus contactos con el inframundo y sus facultades teúrgicas, estos grupos hace meses que sospechan además de la existencia de algún tipo de cazador. Los Hijos han reclutado fantasmas a la fuerza y los utilizan como espías, mientras que la Fraternidad confía en métodos mundanos como la colocación de micrófonos y la intromisión en líneas telefónicas. Dada la naturaleza innatamente paranoica e insular de los cazadores, ambos métodos han proporcionado una información tan escasa como valiosa. Afortunadamente, con la fricción interna de la Inquisición y las potenciales represalias contra todo aquel que practique la teúrgia, cualquier secta o practicante que sepa algo ocultará la información a sus colegas por si les hiciera falta ejercer su influencia.
Tal vez la clave del éxito de cualquier investigación sobre los exaltados pase por descifrar el extraño código que parece estar relacionado con los cazadores. Los Hijos y la Fraternidad han oído hablar a los fantasmas de algo parecido, pero estos inquisidores no comprenden cuál es el propósito de dicho código. Para ellos es babélico y podría suponer una prueba de la naturaleza sobrenatural de los cazadores. De momento, los Hijos se plantean capturar a un cazador y torturarlo para que revele sus secretos.
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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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