Un hecho lamentable que ni siquiera los Benandanti comprenden todavía es que tienen los días contados. Al igual que los hablantes de una lengua moribunda, los practicantes de esta tradición mística ya no son lo bastante numerosos para perpetuar su propia existencia. Gracias al descenso de la natalidad en Europa y a la abundancia de peligros sobrenaturales, la población de Benandanti en el mundo no hace sino menguar.
Antes del auge de los hospitales modernos y el consiguiente descenso del número de personas que nacían en el hogar, la mayoría de los Benandanti recibían una formación de comadronas a fin de supervisar a los recién nacidos para buscar posibles aprendices. En la actualidad, solo un reducido número de místicos pone en práctica esta instrucción, que es crucial para que entre sangre nueva en la secta. La indiferencia ante las costumbres tradicionales es la principal causante de este problema. Sin embargo, un resultado positivo de este distanciamiento es que se pasan por alto las antiguas restricciones contra la admisión de mujeres. En la actualidad, cualquier recién nacido con amnios, con independencia de su género, recibirá el ritual de aprendizaje si hay un Benandante presente.
Aun así, estos místicos son extraordinariamente escasos. Los cambios en el mapa político y los hábitos migratorios implican que se hayan dispersado por toda Europa y Norteamérica, en lugar de concentrarse en las naciones que rodean el mar Adriático como ocurría antes. La presencia de Benandanti en otros lugares obedece en gran medida a los patrones de emigración italiana y eslava durante el transcurso de los últimos siglos. En otras palabras, el número de estos místicos que pueden encontrarse en Asia, África y Australia se puede contar con los dedos de dos manos.
A pesar de los cambios de actitud acerca del aprendizaje de las mujeres, los integrantes de los Benandanti siguen siendo mayoritariamente hombres (el 80% de la secta). En general, el grupo sigue respetando las antiguas costumbres debido a su estructura de transmisión de maestro a aprendiz. Sin embargo, sus miembros ya no se sienten ligados a la tradición. El secreto continúa siendo la segunda naturaleza de los místicos, no obstante, gracias sobre todo a la periódica persecución a la que han sido sometidos durante siglos por agentes fanáticos de la Iglesia.
Encuentros
Deberían darse unas circunstancias especiales o muy graves para que un místico violara los principios de la secta y revelara sus secretos. Varios tipos de encuentros con cazadores pueden ajustarse a una o a ambas de estas definiciones. El caso más extremo sería el de un desastre fantasmal como el que destruyó la ciudad canadiense de Nueva Dijon (consulta La Guía de supervivencia del Cazador). Estos sucesos son infrecuentes pero sin duda no nuevos para los Benandanti, que saben lo peligrosas que pueden llegar a ser estas tormentas infernales. Descubrir algún aliado en el seno de un acontecimiento similar —sobre todo gente aparentemente normal capaz de percibir la amenaza común y defenderse de ella— supondría un regalo caído del cielo para cualquier Benandante. La intervención de los exaltados en un enfrentamiento con los muertos vivientes podría provocar una respuesta similar. Muchos Benandanti siguen esforzándose por encargarse del influjo de los espíritus y los cadáveres animados en el mundo, por lo que una inesperada ayuda contra los zombis sin duda sería recibida positivamente.
Aparte de las situaciones en que los Benandanti estén superados en número o fuera de su elemento, el asunto se vuelve peliagudo. Los encuentros con los cazadores es casi seguro que impliquen a los muertos debido a las preocupaciones y habilidades superpuestas de los Benandanti y los exaltados. La facción y el credo desempeñan un papel importante en cualquier reunión fuera de tiempos de crisis, puesto que serán las personalidades de los individuos las que determinen cómo se van a llevar. Un Defensor agresivo podría ofrecer ayuda a un místico, y viceversa, pero si los dos no están de acuerdo en todo o no encuentran una causa común, las personalidades enfrentadas podrían evitar que volvieran a colaborar.
La probable excepción implica a todos los Benandanti y a cualquier miembro del credo Ermitaño. Los Ermitaños pueden aventurarse fuera del cuerpo de forma parecida a los Benandanti, y los místicos que descubran este hecho bien pudieran ver en estos exaltados a almas gemelas. Recuerda, no obstante, que los Ermitaños deambulan por el mundo físico en forma espiritual, mientras que los Benandanti abandonan sus cuerpos e inmediatamente entran en otro plano —las tierras de los muertos— donde ni los poderes ni los sentidos de ningún cazador pueden penetrar. En otras palabras, los caminos de estos dos tipos de viajeros astrales no suelen cruzarse. Muchos Benandanti adquieren una sensibilidad a la presencia incorpórea, sin embargo, por lo que algún Ermitaño podría llevarse una sorpresa al ver que un místico repara en su presencia mientras lo espía por medio de Alcanza o Trasciende. Tira Percepción + Consciencia, dificultad 5, cuando haya un Benandante en presencia de la consciencia proyectada de un Ermitaño. Cada éxito de más facilita al místico información añadida acerca del Ermitaño (generalidades acerca del observador, incluido su estado emocional o su sexo; la distancia o la dirección del cuerpo del observador; un destello del rostro o el nombre del observador). Un fracaso significa que el Benandante toma al Ermitaño por un fantasma. Recuerda, además, que aunque los exaltados no pueden ver a los Benandanti ambulantes en forma astral, el místico que permanezca en el mundo físico y utilice su talismán podrá ver —e incluso atacar— al Ermitaño en forma astral. Del mismo modo, un cazador que utilice su segunda visión verá al Benandante que pone su talismán como «raro».
Otra variable que podría moldear los encuentros entre cazadores y místicos es la interacción con otros monstruos aparte de los muertos vivientes. Muchos Benandanti reconocen la existencia de los vampiros debido a raíces comunes en Italia —la mayoría de los místicos se cuidan de pisar Venecia, en particular— y porque algunos vampiros italianos parecen profundamente interesados en los muertos y las tierras de los muertos. Por lo demás, los hombres lobo, la «gente menuda» y los brujos encajan dentro de la categoría de cultura popular para los Benandanti. Los miembros de la secta explican la persistente creencia en los hechiceros, por ejemplo, como mentiras y tergiversaciones acerca de los propios Benandanti, propagadas por sus persistentes perseguidores de la Inquisición. Por consiguiente, los místicos tienen tantas probabilidades como cualquier otro mortal de sucumbir a manos de una criatura que escape a su experiencia. El desconocido al que un grupo de exaltados salve de un trasgo podría guardar sus propios secretos sobrenaturales...
Evidentemente, como se relata en el episodio que abre esta sección, los exaltados y los Benandanti también podrían conocerse igual que cualquier otra persona normal, como Celia Goldman y Ennio Giardini, y no reconocer en el otro nada que se salga de lo normal... a primera vista. Giardini es un ejemplo de Benandante que ha integrado su vida secreta en su rutina laboral. Sabedor, como muchos místicos, de que los perros y otros animales ven y responden negativamente ante la presencia de fantasmas, escogió una profesión que le provee de aliados leales. Otras profesiones probables para los Benandanti serían la enfermería, la obstetricia, la metalurgia (un Redencionista estadounidense se ha labrado cierta reputación como escultor; sus modelos no son otros que muertos vivientes) y la herrería.
Los exaltados surgen por todo el mundo, pero también las incursiones fantasmales que intentan repeler Benandanti y cazadores por igual. Un místico solitario —o posiblemente un dúo formado por un maestro y su aprendiz— tendrá pocas probabilidades de saber a qué se enfrentan sus compañeros en el extranjero y probablemente no podrá compartir gran cosa acerca de los fantasmas o de la secta en general. A menos, claro está, que el Benandante sea de los que se creen lo que dicen los fantasmas acerca de los sucesos en el Inframundo y sus encuentros con otros místicos. Del mismo modo, pocos exaltados saben de la existencia de Hunter-Net, y conviene tomarse con escepticismo la «información» que puede encontrarse ahí. Los místicos y los cazadores, por tanto, se parecen mucho en cuanto a lo que saben sobre sí mismos, o sobre las verdades del mundo y el otro bando, por lo que podrían ser buenos compañeros de cama... o al menos compañeros de desventuras.
Benandanti y los Exaltados
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