El informal cuerpo de viajeros místicos que se hacen llamar los Benandanti posee información privilegiada acerca de la otra vida y sus secretos. Cada Benandante nace y es miembro a la vez: el bebé que presente un amnios —una membrana que cubre el rostro del infante— se convertirá en aprendiz gracias a la intercesión de un maestro adulto que aparta y prepara ritualmente el tejido. Con posterioridad, bajo la tutela de ese maestro (o de un sustituto, aunque estos casos son, como los propios Benandanti, raros), el aprendiz liga su amnios a un talismán que le permite penetrar el muro que separa los reinos de los vivos y los muertos. Cuanto menos, los exaltados podrían aprender muchas cosas y resolver muchos enigmas si se comunicaran con estos exploradores del mundo espiritual. Lamentablemente, la naturaleza dispersa, desorganizada e incluso irritable de los Benandanti implica que no haya dos que proporcionen la misma información a un cazador. Encontrar a un Benandante ya es toda una hazaña, no obstante, y el que un cazador lo convenza para que le confíe "secretos del gremio" ya sería una auténtica proeza.
Los Benandanti se distinguen de la mayoría de los individuos detallados en esta web en algo que resulta crucialmente importante para la percepción que tenga un cazador de ellos. Los exaltados son humanos "despertados", capaces de ver el verdadero rostro de lo sobrenatural y de recordar la verdad. En cambio, los Benandanti son "semidespertados"; sus habilidades paranormales dependen por completo de la posesión y el uso de uno de los talismanes antes mencionados. Sin su amnios reformado, el Benandante será un ser humano... si bien habituado a lo sobrenatural y consciente, por tanto, en el sentido "despertado". Los años de presenciar los horrores de las tierras de los muertos templan a estos místicos, por lo que no sufren el olvido que aflige por costumbre a los demás mortales que se enfrentan a los fantasmas o a los muertos ambulantes. El control mental de los fantasmas, sus espejismos o la magia alteradora de la mente son otra cuestión y se contemplan en otro apartado.
Su especialización en los asuntos fantasmales propicia además que los Benandanti suelan estar sujetos a la "ceguera mental" que infligen otros seres sobrenaturales... incluidos los cazadores, por lo que las facultades de estos últimos serán misteriosas o en algunos casos invisibles para estos místicos. Piensa en ellos como si tuvieran una "segunda visión artificial" y una "Convicción sujeta a la situación". Incluso el Benandante que lleve un talismán consigo aparecerá ante la segunda visión de un cazador como alguien en poder de parafernalia "extraña". El Benandante que use el talismán —o una espada de hinojo derivada de su amnios, arma que portan casi todos los miembros de la secta— ya será harina de otro costal.
Tradicionalmente, estos místicos del Viejo Mundo integran sus amnios en lentes que les permiten viajar limitadamente (es decir, de forma astral o extracorporal) a las tierras de los muertos o escrutar ese reino misterioso y a sus pobladores. El Benandante podría ponerse su talismán —que generalmente tendrá forma de gafas normales o de sol— para ver el desolado y hoy en día tumultuoso mundo de los fantasmas. "Espiar" no hace que lo que haya en las tierras de los muertos se vuelva sólido para el místico. Sí que revela a cualquier fantasma que haya cerca, no obstante. El temperamento del Benandante particular determinará si desenvaina su espada de hinojo para atacar, o si interroga a los espíritus en los idiomas que hable. Al igual que los cazadores con sus credos informales, los Benandanti disponen de varias escuelas de pensamiento acerca de los fantasmas, el mundo espiritual y el inexplicable cataclismo que asola el Inframundo. Las eminentes facciones entre estos místicos son los Redentori, o Redencionistas; los Dannatai, o Condenacionistas; y los cada vez más numerosos Isolatori, o Aislacionistas. El modo en que influye la pertenencia a una facción concreta en la interacción entre cazadores y místicos se detalla más adelante en atención a los Narradores.
Más allá de la necesidad de su talismán para realizar proezas sobrenaturales, el Benandante puede abandonar su armazón mortal para explorar el reino fantasmal entre la puesta de sol y el amanecer. Este proceso, llamado Ekstasis, permite al místico deambular en forma astral entre los muertos y los "fantasmas" de objetos —edificios, mementos, armas— como si fueran sólidos. Para un Benandante en Ekstasis, el fantasma de una pared puede demorar su huida, y sus perseguidores espectrales pueden traspasar su forma astral con, por ejemplo, bayonetas fantasmales. El místico que sufra el equivalente a heridas mortales en su forma astral morirá. Es más, los Benandanti procuran que el amanecer no los atrape fuera de sus cuerpos, puesto que se perderían y no sabrían regresar a ellos.
En condiciones normales en las tierras de los muertos, los fantasmas de carreteras desaparecidas, senderos y demás ayudan a hacer del viaje entre estructuras existentes, árboles y otros objetos un suspiro. Por desgracia, lo que sopla en estos momentos por el mundo espiritual no es ningún suspiro. El Benandante expuesto a lo más recio de la tormenta que ruge allí en la actualidad sufrirá unos efectos casi idénticos a los que padecen los fantasmas en las mismas circunstancias, y similares a los que sufriría una persona desguarnecida en medio de un ciclón. La tormenta infernal inhibe además la visibilidad para los "mirones". Los Benandanti que permanezcan en sus cuerpos mientras utilicen sus talismanes para ver (oír, oler) su entorno fantasmal sufrirán una limitación sensorial que empeorará en proporción directa a la fuerza de la tormenta que azote la zona.
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