El Pacto de la Compra

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Negándose a admitir la derrota, el Sabbat se volvió hacia dentro para arreglar sus conflictos y poder volver la atención de nuevo contra sus verdaderos objetivos: la Camarilla y los Ancianos.

En 1803, el año en que el presidente Thomas Jefferson obtuvo todo el territorio americano al oeste del río Misisipí de los franceses, el Sabbat firmó un acuerdo interno conocido como el Pacto de la Compra (por la Compra de Luisiana). Esta resolución prohibía expresamente cualquier conflicto entre los miembros de la secta, y se trata de uno de los momentos cumbres en su historia. Hasta este acuerdo, todos los Sabbat tenían completa libertad, si así lo deseaban, para luchar abiertamente con los demás o para reclamar la esfera de influencia de otro Cainita. El Pacto de la Compra terminó con la posibilidad de estos conflictos (al menos abiertamente, de lo que muchos se alegraron). Para evitar la destrucción a manos de la Camarilla por disputas internas, el Sabbat concentró toda su atención en sus enemigos.

Por desgracia para la secta, el Pacto de la Compra llegó demasiado tarde. La insidiosa presencia de la Camarilla ya se había enraizado en lo que serían los Estados Unidos, y también estaba formando parte del ímpetu americano en su conquista del oeste. Sin embargo, los vampiros del Sabbat son supervivientes, y a pesar de los obstáculos presentados por el ascenso de sus enemigos, perseveraron. Estableciendo fortalezas en Canadá (para lo que se demostraron inmensamente útiles los vínculos de algunos Sabbat con los nativos americanos) y Méjico (donde el empobrecimiento y los gobiernos corruptos permitían florecer a la sociedad de los no-muertos), lograron bloquear a su enemigo. Las cruzadas, brutales ataques que enviaban diversas oleadas de vampiros para apoderarse de una ciudad de forma abierta o soterrada, eran cada vez más frecuentes. Los rivales solo podían desplazarse hacia el oeste, rodeados como estaban por la presencia del Sabbat al norte y al sur. Todo lo que necesitaba la secta era conservar sus fronteras...

Pero mantener la unidad demostró ser difícil, ya que los viejos odios no morían y los Tzimisce y los Lasombra se culpaban de permitir que los Estados Unidos se les escaparan de las manos. Las cabezas más frías de la secta notaron que, aunque el Sabbat podía haber perdido esa zona, dominaba más o menos sin oposición Canadá y Méjico que ofrecían territorios mucho más extensos. Sin embargo, las cabeza frías nunca prevalecen en tiempos de guerra, por lo que volvieron a estallar las luchas internas que desembocaron en la segunda Guerra Civil Sabbat.

Esta vez, dividida tanto por la geografía como por el linaje, la secta estuvo a punto de destruirse en el Nuevo Mundo. Los Lasombra y los Tzimisce no permitían a nadie permanecer neutral en el conflicto, barriendo clanes, facciones, cultos, a cualquiera que pudiera prestar su ayuda en la batalla. Méjico quedó arrasado por el conflicto, lo que provocó gran parte de la miseria que sufre el país aún hoy en día. Los conflictos en Canadá fueron más discretos... hasta que los Tzimisce descubrieron que los Lasombra estaban enviando en secreto refuerzos a Méjico para ayudar a su causa.

No obstante, la historia mortal conspiró para mantener a los Cainitas a salvo, ya que el conflicto alcanzó su punto culminante durante la Gran Guerra. Los americanos habían concentrado hasta tal punto su atención en los acontecimientos del Teatro Europeo que no tenían tiempo para advertir los conflictos vampíricos secretos que sucedían al norte y al sur. Los canadienses tampoco sufrieron mucho el impacto, ya que la mayor parte de la lucha se desarrollaba a miles de kilómetros, en Méjico. La Camarilla logró influencia en muchas ciudades canadienses, ya que la presencia del Sabbat se había debilitado demasiado como para repelerla.

Por último, dolorosamente conscientes de que la lucha les había costado muchos territorios, los contrincantes aparcaron sus diferencias... por un breve tiempo. Reunidos en Nueva York, ciudad que la secta había logrado mantener a pesar de los esfuerzos de la Camarilla, los Sabbat de más alto rango reconsideraron su compromiso con la causa. No contentos con limitarse a firmar un acuerdo de buena voluntad como habían hecho antes, pensaron con detenimiento en aquello que era importante para la Espada de Caín. Una inusitada congregación redactó un documento con el Código de Milán, un conjunto de principios que contenía la ideología que la secta había conservado supuestamente desde su creación. Además, los reunidos elaboraron algunos apéndices para actualizar el código en vista de los acontecimientos más recientes.

La norma revisada demostró de nuevo llegar demasiado tarde. Tras unos escasos años de relativa paz (que muchos Sabbat atribuyeron al miedo de los Serafines, presentes en la firma del código), los problemas volvieron a estallar.

La Tercera Guerra Civil Sabbat, la más breve de todas, duró solo cien noches y se produjo en el segundo semestre de 1957. La violencia volvió a extenderse, incitada por un golpe fallido sobre Nueva York por parte de los Brujah antitribu. Irónicamente, el fin de los problemas llegó como resultado de la más extraña diplomacia Cainita: el compromiso. Tras la derrota del golpe Brujah, el clan se alzó contra la unidad de los Lasombra y los Tzimisce, anunciando el desastre. Sin embargo, de las cenizas de la guerra surgió un grupo unificado de Caitiffs denominados Panders, por el nombre de su líder, Joseph Pander. Al ser parias y proscritos tenían el apoyo de los Brujah antitribu, que recordaban su propia llegada al Nuevo Mundo.

Viendo la oportunidad de evitar otra guerra prolongada (y terriblemente embarazosa), los Lasombra y los Tzimisce reconocieron a los Panders como entidad definida, confiriendo al grupo la categoría de línea de sangre. Con las masas satisfechas con un pequeño sacrificio, la secta evitó por poco el traspié que podría haber sido letal.

Términos del Pacto de la Compra

Que se sepa que en este acto el Sabbat existe como entidad libre, aunque el precio de esta libertad adopta la forma del sacrificio de ciertos derechos.

A 19 de septiembre de 1803, todos los Sabbat de buena voluntad y conciencia suspenden inmediatamente todos sus conflictos con otros Sabbat. Aquel descubierto en abierta violación de este acuerdo (es decir, guerreando abiertamente con otro con el propósito de lograr beneficio propio a expensas de la secta), será declarado proscrito y podrá ser cazado hasta perder la sangre de sus venas. Esta caza debe ser promulgada por un obispo, un arzobispo u otro antiguo reconocidos de la secta.

Así estamos unidos. Así somos el Sabbat.

Firmado,

Regente Gorchist
Testigos,
Cardenal Radu Bistri
Priscus Livia Boleslav Czernzy
Arzobispo Enrique Alberto Márquez
Obispo Federic Montaigne
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