La Espada de Nul

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En la oscuridad del sepulcro, Drakonskyr sueña inquieto dentro de Tiamat. El demonio llama a su antigua arma, la Espada de Nul, ordenando a la hoja que lleve hasta él a quien pueda liberarlo de su milenaria prisión.

La espada ha cambiado de manos muchas veces con el paso de los siglos, pues su poder lleva la muerte a sus dueños. De hecho, destruye todo lo que toca, como corresponde a un arma forjada por un demonio.

La Historia de Tiamat

Se agachó en la oscuridad, esperando a que terminaran. Había obtenido el control de su cuerpo durante varios meses y durante aquellos vitales meses "eso" había quedado sin poder. ¡Libérame! ¡Detente! ¡Haré lo que quieras, déjame salir!. Rió para sí, una risa cruel y amarga, para oírle gemir de terror. El terror, ella conocía bien el terror; de hecho lo conocía mejor de lo que nunca hubiera creído posible.

Le había llevado aquellos pocos meses de libertad atravesar el arruinado imperio hasta la pequeña isla llamada Britania. Allí estaría a salvo de aquellos que la seguían y podría al fin descansar y dormir. ¡Dormir!. No había podido dormir en dos mil años, ni de día ni de noche. Duerme ahora: te permitiré dormir. Descansa, necesitas descansar. No aún no; unas pocas horas más y podría hacerlo.

Los britanos se habían sentido aterrados ante la presencia de la mujer romana, sobre todo cuando exigió que construyeran una tumba para ella. Sin embargo, hicieron lo que les mandó y sólo tuvo que romper algunos huesos para obligarles a colaborar. Por favor, eso no, el sueño eterno no, el olvido no. Sí el olvido. Eso era lo que buscaba, aunque no se había dado cuenta hasta que lo había oído en su mente. El olvido, donde el mal podría dormir para siempre y sin ser perturbado. La tumba ya estaba casi terminada y las trampas instaladas y todo lo que los britanos necesitaban ahora era un cuerpo que dejar adentro. Empezó a andar hacia la tumba. No, deja que me vaya y podrás vivir. Volveré al lugar desde donde me llamaste.

Sólo quedaba una cosa más que hacer. Pronto se desvanecería de la memoria de los mortales, pero otros vampiros podrían acudir a buscarla, incluso hasta este remoto lugar. Entonces los britanos podrían decir que dormía y como habían sido construidas las trampas. Una última matanza, esta vez no sería más que una pequeña tribu. Seguramente tendría tiempo antes del alba, antes de dormir.

La Historia

La verdadera historia de Tiamat, la historia que nunca será contada, es una auténtica tragedia. Es el relato que la propia Tiamat ha ansiado contar durante miles de años. Era conocida entre los vástagos como una gran cazadora, una vampira de fuerza terrible, malvada y hambrienta de poder. Era la muerte encarnada, alguien capaz de matar con una mirada o con una palabra y que lo hacia con frecuencia. Pero Tiamat se desvaneció en las llamas de la Yihad que tan intensamente había contribuido a alimentar.

La maldad de Tiamat era legendaria y eso es lo que los vástagos recuerdan de ella. Pero como tantas otras leyendas, está repleta de falsedades. Esta es su historia, tal y como ella la habría contado, si alguien le hubiera dado la oportunidad de hacerlo.

El Comienzo

Tiamat nació en la prehistórica Ur, que entonces era una gran ciudad de Sumeria, aunque hoy en día no sería considerada más que un pueblo mediano. Su padre la llamó Lantla y como ya tenía tres hijas, se libró de ella en cuanto tuvo la oportunidad. Cuando una mujer con gran poder apareció buscando a la niña, su padre se la entregó sin vacilar. Así fue como Lantla se marchó a vivir con una mujer que era a la vez una bruja y una curandera. La bruja había buscado a Lantla porque pudo ver el poder latente en la muchacha y neciamente así se lo explicó a ella.

Lógicamente Lantla empezó a desear el poder que su ama le había prometido. Pero aquella patética bruja era totalmente incapaz de despertar semejantes poderes, ni conocía realmente los hechizos necesarios para realizar ningún tipo de magia importante. Así que Lantla se sentía muy frustrada. La bruja le obligaba a realizar tareas domésticas como correspondía a su posición, pero Lantla estaba cada vez más irritada con ella y acabó rebelándose. Cuando iba al mercado, buscaba a los hombres de aspecto más rico para intentar atraer su atención, intentando encontrar un hombre adinerado con quien casarse para salir de su servidumbre y obtener riquezas y comodidad. Pero los hombres ricos no acudían al mercado; enviaban a sus esclavos en su lugar, Lantla, que no sabía nada de las costumbres de los poderosos, perdió mucho tiempo con ellos, tomándoles por sus amos debido a sus elegantes trajes. Pero al perder el tiempo en el mercado, la bruja comenzó a enfadarse con ella y acabó golpeándola como castigo; cuanto más tiempo perdía, más furiosa se ponía su ama. Al final las palizas eran tan brutales que Lantla ya no podía esperar atraer la atención de ningún hombre debido a los cardenales de su cara. Así que se deslizaba por los callejones menos concurridos con la cabeza oculta con un paño.

La bruja, al envejecer y volverse senil, fue haciéndose cada vez más cruel. Un día golpeó a Lantla tan salvajemente que la dejó inconsciente y medio muerta. Cuando despertó, apenas consciente del lugar donde estaba, la vieja bruja se acercó a ella con un hacha en la mano. Lantla grito aterrada y su poder fue liberado por el miedo y el odio. Una antigua palabra mágica surgió de sus labios y la bruja estallo en llamas y se consumió gritando, devorada por el fuego que surgía de su interior.

Lantla fue acusada de ser una asesina y cosas peores. Y hubiera sido desterrada o ejecutada de no haber intervenido en el asunto un sacerdote llamado Arakur. Ese hombre era casi un dios y era muy temido y respetado por los habitantes de Ur. Tenía muchas esposas y era uno de los pocos hombres de la ciudad al que se le permitían lujos y privilegios semejantes. Los rumores decían que Arakur vivía en la gran zigurat que dominaba la ciudad. Se suponía que sus esposas vivían también allí, aunque nadie las había visto nunca después de que se las hubiera llevado con él. En realidad Arakur era un vampiro de la cuarta generación. Sus esposas eran sus recipientes, que unas veces eran consumidas inmediatamente y otras a lo largo de varias noches.

Tomó a Lantla como esposa y su palabra era la ley. El asesinato fue olvidado y ella fue conducida hasta el templo, desapareciendo para siempre de la memoria de los habitantes de la ciudad. Arakur tenía planes especiales para Lantla y matarla no estaba entre ellos. Arakur se preguntaba cómo había sido posible que Lantla usara una palabra de poder que sólo unos pocos grandes hechiceros conocían y lo que era más importante, deseaba un chiquillo que le ayudara en caso de necesidad. En la noche de bodas, Lantla fue Abrazada y se convirtió en inmortal.

Al principio Lantla se sintió horrorizada por la transformación sufrida y lo que debía hacer para alimentarse. Se negaba a beber la sangre de los demás e intentó suicidarse varias veces exponiéndose al sol. Pero Arakur no se lo permitió y la mantuvo viva, obligándola frecuentemente a beber su sangre. Al cabo de unas pocas noches, aprendió a aceptar su condición y sirvió bien a Arakur, aprendiendo rápidamente muchas cosas sobre la magia y sus usos. Así que Lantla consiguió lo que quería; se casó con el hombre rico y escapó de la pobreza.

La Llegada del Mal

Uno de los primeros señores guerreros de la civilización occidental fue Urlon de Uruk. Como muchos de los grandes señores de la antigüedad, Urlon era un vampiro. Llegó a Ur como conquistador. Por supuesto, Arakur y Lantla intentaron oponerse, pero Urlon había aprendido a utilizar la carne mortal como arma y disponía de muchos más soldados que Ur. Cuando fue evidente que Ur caería ante el ejército invasor, Arakur fue presa de la desesperación y se retiró a su refugio para esperar el final.

Pero Lantla no desesperó. Odiaba a Urlon, pues sabía que era un matón (tenía experiencia al respecto) y la ira que había sentido contra su antigua ama bruja se reavivó y recondujo contra el invasor. Si la ciudad conseguía aguantar una semana o dos más, pensó Lantla, aún podría evitarse la derrota. Estudió sus tabletas de arcilla y finalmente, invocó a un gran demonio para que le ayudara en la batalla. El demonio se llamaba Drakonskyr y poseyó el cuerpo de Lantla, dotándola de gran fuerza y poder.

Drakonskyr se ofreció para ayudarla más aún explicando cómo podía forjarse un arma mágica de gran poder. Esta arma, prometió el demonio, permitiría a Lantla matar fácilmente a los seguidores mortales de Urlon, e incluso al propio Urlon. Lantla estuvo de acuerdo, sin darse cuenta de las consecuencias de sus actos. Y cuando los hombres de Urlon asaltaron las murallas de Ur, ella estaba preparada.

Naturalmente, lo que quería Urlon era matar a Arakur. Por eso había marchado contra Ur a la cabeza de un ejército de mortales. Urlon era uno de los primeros guerreros de la Yihad, y ésta una de las primeras batallas del eterno conflicto. Pero cuando Urlon llegó hasta la zigurat de Arakur, éste ya estaba muerto. Lantla se encontraba de pie junto a su sire, con los labios aún manchados de sangre. Drakonskyr había tomado el control de su cuerpo, decidiendo que necesitaban más poder para vencer a Urlon. Y Urlon no fue rival para los dos que eran uno, sobre todo después de que Lantla hubiera consumido el alma de Arakur. Con el arma de Drakonskyr, a la que éste había bautizado como la Espada de Nul, mataron a Urlon de un solo golpe.

Entonces, usando el cuerpo de Lantla, Drakonskyr marchó contra la ciudad, asesinando indiscriminadamente a todo ser humano que encontró, fuera soldado de Urlon o habitante de Ur. Al terminar la noche, Lantla se encontró a orillas del Tigris, con las ropas empapadas de sangre. Drakonskyr reía en su interior. Entonces el demonio intentó abandonar su cuerpo. Así sería libre para recorrer la tierra, haciendo su voluntad a placer sin que su espíritu estuviese limitado por una forma físicas. Pero la proximidad a Drakonskyr había permitido a Lantla aprender muchas cosas nuevas. Se dio cuenta de que, si permitía que el demonio abandonara su cuerpo, liberaría una terrible maldad sobre la tierra.

Así que cuando Drakonskyr intentó escapar, Lantla le atrapó con su propio espíritu y sus poderes mágicos, atándolo a su propio cuerpo. El demonio se quedó asombrado y asustado cuando se dio cuenta que no podía escapar. Aprovechando aquellos instantes de confusión, Lantla recuperó el control de su cuerpo y arrojó la Espada de Nul al Tigris. Aparecería muchas veces a lo largo de los siglos, y se le llamaría de muchas formas, pero Drakonskyr nunca volvería a verla.

Sin el arma Drakonskyr sintió que su poder disminuía considerablemente. No podía escapar de Lantla, aunque aún era capaz de controlar su cuerpo. El demonio obligó a Lantla a permanecer en la orilla, a la luz del sol naciente, mientras éste rugía por el horizonte sobre el río. Lantla nunca había sentido un dolor tan intenso. Pero, aun así mantuvo atado a Drakonskyr. Finalmente, temeroso de lo que pudiera ocurrirle si Lantla moría, Drakonskyr cedió. Juntos se arrastraron de vuelta a la ciudad. Lantla mantenía a sus espíritus atados tan unidos que no parecía haber manera de escapar. Fuera donde fuese Lantla, parecía que Drakonskyr tendría que ir también, y éste aún esperaba poder permanecer en este plano.

La Batalla Interminable 

La noche siguiente Drakonskyr realizó otra masacre en la ciudad, disfrutando el dolor ajeno pero horrorizando a Lantla, pues era la mano de ella la que cometía toda atrocidad imaginable. Drakonskyr intentaba así obligar a Lantla a liberarle. Con cada asesinato o acto de tortura, el demonio insistía en que todo lo que tenía que hacer ella era soltarle, y así evitaría tener que matar nunca más.

Pero Lantla sabía que, aunque no fuera a verlo, las maldades de Drakonskyr iban a ser mucho peores sin un cuerpo físico que lo lastrara. Así que aguantó sin soltarle con la misma pasión con la que alguien a punto de ahogarse intenta mantener el aire en sus pulmones.

Cada segundo era una tortura cargada de tensión producida por la constante posibilidad de fracasar. Pero pese a todo, aprendió a combatir al demonio y casi todas las noches se dedicaban por entero a luchar por el control de su cuerpo. Cuando Drakonskyr ganaba, otra noche de terror azotaba la ciudad. Pero en general luchaban a cada paso y casi nunca colaboraban para hacer nada.

Poco a poco, Drakonskyr se cansó de torturar a individuos particulares, y prefería cada vez más las matanzas colectivas. El demonio arreglo la caída de la ciudad en manos de los elamitas para herir a Lantla y obligarle a liberarlo. Pero incuso viendo su ciudad en llamas y su pueblo masacrado, Lantla mantuvo atrapado a Drakonskyr, aunque el hacerlo suponía que no podía  hacer nada para detener la destrucción.

Lantla/Drakonskyr se unió a los babilonios cuando llegaron a la región años después y éstos adoraron a Drakonskyr como una diosa. Como ya conocían a una deidad del caos, la oscuridad y el mal, Drakonskyr aprovechó sus creencias identificando a Lantla con Tiamat, la diosa del infierno y el caos elemental sobre el cual se construyó el mundo.

Tiamat se convirtió en su nuevo nombre. Ahora era conocida incluso entre los no muertos como una criatura terrible capaz de cometer cualquier crimen. Bajo la guía del demonio se construyeron jardines de sangre, donde era llevadas las víctimas a diario para que se desangrasen lentamente. Algunas de ellas sobrevivían durante muchas noches y sus gemidos de dolor y desesperación llevaron a Lantla al borde de la locura.

En realidad era milagroso que hubiera conservado su cordura tanto tiempo, pues nunca perdió del todo la razón. Algunos vestigios de su personalidad sobrevivieron, escondidos en un apartado rincón, fuera del alcance de Drakonskyr. Ahora se llamaba a sí misma Tiamat en sus pensamientos; Lantla, el nombre que conoció en su juventud, quedó olvidado para siempre. Al pensar en Drakonskyr lo llamaba solamente "eso". A veces creía incluso que era ella misma la que cometía todas aquellas atrocidades, no Drakonskyr.

Por su parte, Drakonskyr se desesperaba al ver la forma que había tomado la locura de Lantla. Se dio cuenta de que ahora ya no podía obligarla a liberarlo. A Tiamat no le importaban los crímenes del demonio; Drakonskyr podría utilizar sus manos para matar a cientos de niños sin conseguir siquiera que ella pestañeara. Comprendió que nunca se liberaría de aquel cuerpo: Tiamat nunca le permitiría salir.

Pero al ser una criatura adaptable, Drakonskyr decidió aprovechar la situación para hacer el máximo daño posible a la humanidad, no conformándose ya con herir tan sólo a unos cuantos individuos cada vez. Así que comenzó a buscar la manera de provocar desastres a escala mundial.

Alrededor del año 900 A.C. Mesopotamia había caído bajo el yugo de los asirios, un draconiano estado militar. Drakonskyr hizo cuanto pudo para alentar el espíritu militarista de los asirios. Bajo la influencia del demonio, atacaron y saquearon numerosos reinos vecinos, llevando hasta sus ciudades como esclavos a los habitantes de los países saqueados. La Yihad estaba también en pleno apogeo y Drakonskyr participaba activamente, usando a Tiamat para fomentar la anarquía y el odio entre los vampiros, haciendo sus guerras aún más violentas y destructivas.

Nínive, la capital de Asiria, fue destruida en el 612 A.C. y toda la región cayó en el caos más absoluto. Drakonskyr disfrutó de esta época de masacres y destrucción, pues era libre para hacer lo que quisiera, matar, mutilar y torturar sin freno. De hecho, la desesperación de los humanos por sus reinos perdidos intensificaba el dolor que sentían. Y el demonio se alimentó bien con su angustia.

Cuando llegaron los persas, Tiamat se unió a los demás vampiros que manipulaban los acontecimientos entre bastidores y las conspiraciones se sucedieron con una expansión militar sin precedentes como trasfondo. Lo que quedaba de Lantla murió, sólo quedaba Tiamat.

Como otros imperios anteriores, el persa se alzó y cayó. Cuando los persas fueron derrotados por los griegos, Drakonskyr se dio cuenta que había otros imperios que controlar, otros lugares donde la gente vivía su vida tranquilamente, segura y feliz. Como Drakonskyr no podía soportar algo semejante, Tiamat emigró al oeste, a las ciudades de Grecia.

Pero las facciones de los no muertos eran demasiado numerosas en la región como para que Tiamat pudiera tener una influencia apreciable. Las ciudades estado de Grecia rebosaban de vástagos enfrentados entre sí. No importaba cuántos intentara controlar, ninguno conseguía conservar el poder, no ya sobre Grecia entera, sino siquiera una de las ciudades estado. Drakonskyr no conseguía causar sufrimientos a una escala apreciable.

Cuando llegó Alejandro Magno, sin embargo, Drakonskyr estaba allí, intentando convertir la unificación en una ventaja para sus proyectos.

Cuando nació Macedonia, el demonio comenzó a buscar la manera de transformar la maquinaria burocrática del estado en algo maligno y odioso. Cuando murió Alejandro, la anarquía volvió a apoderarse de la región.

Aunque Drakonskyr no había conseguido corromper todo el gobierno macedonio, aprendió una valiosa lección; se dio cuenta de que cuando había un gran líder, y este moría, la anarquía era consecuencia inmediata.

Durante una temporada, Drakonskyr regresó a sus pequeños juegos de matanzas y torturas, cazando familias de campesinos por la noche. Le divertía mucho cazar y exterminar a una familia completa, incluyendo primos y sobrinos, tomándose un mes completo para asesinarlos a todos y borrar todo rastro de la familia de la faz de la tierra.

El Horror de Roma

Alrededor del año 220 A.C. la flota romana comenzó a patrullar las costas de Macedonia buscando piratas. Drakonskyr se dio cuenta entonces de que había lugares frescos y puros que podía profanar. Así que Tiamat viajó a Italia. En aquellos momentos, la persona que había sido Lantla no era más que una pasajera en su propio cuerpo. Cada noche luchaba para mantener a Drakonskyr atrapado en su cuerpo, pero ya no recordaba muy bien por qué lo hacía.

Drakonskyr seguía presionando su mente, evitando que recuperara la razón, pues a veces parecía a punto de recuperarse. Drakonskyr esperaba que si se volvía lo suficientemente loca acabara dejándole marchar, al carecer de sentido para ella el seguir reteniéndole. La posición de Tiamat en la sociedad de los vástagos y en la de los mortales ya no le permitía al demonio realizar masacres nocturnas indiscriminadas; cosas así serían peligrosas y suicidas. Y Drakonskyr no tenía la intención de averiguar lo que le ocurriría a él si Tiamat moría, dado lo unido que estaban sus espíritus.

Durante todo aquel tiempo, Tiamat no durmió nunca. No pudo dormir en todos lo años en los que el demonio estuvo con ella. Incluso con el sol en lo alto del cielo y con todos sus instintos intentando obligarla a dormir, Tiamat permanecía despierta; Drakonskyr no le permitía otra cosa. En los sueños hubiera encontrado la paz y Drakonskyr no quería eso, era mejor que conociera el terror constante y así deseara liberarse de él.

Drakonskyr pretendía destruir la joven República de Roma mediante la guerra. El demonio manipuló cuidadosamente a los romanos, que ya eran un pueblo belicoso. Otros vampiros le ayudaron, algunos conscientemente, otros sin saber qué hacían o con qué propósito. Pero los romanos resultaron ser más fuertes que ningún otro pueblo que Drakonskyr hubiera conocido hasta entonces. Vencieron en todas las guerras. Después de la destrucción de Cartago, Drakonskyr se dio cuenta de que con su intervención había hecho aún más fuerte al pueblo al que quería destruir.

Ahora la República era muy poderosa en sus fronteras, pero se desmoronaba lentamente en su interior. El Senado Romano demostró ser incapaz de administrar el creciente imperio. Se sucedieron las guerras civiles, y Drakonskyr rió alegremente. Tiamat se alejaba cada vez más de la realidad, y apenas notaba ya lo que ocurría fuera de su cuerpo. Cuando Julio César llegó al poder, dirigido por vampiros que esperaban manipularle con sus propios fines, Drakonskyr arregló su asesinato, esperando empujar a Roma hacia otra guerra civil.

Pero Augusto desbarató los planes del demonio. Augusto no era tonto; no alardeaba de su poder ante el Senado, sino que siempre pedía permiso a sus miembros antes de tomar las decisiones, aunque su aprobación fuera un mero trámite. El impero se fortaleció y Drakonskyr hervía de ira y frustración. Para manipular mejor a Roma, el demonio hizo que Tiamat adoptara la identidad de Livia (una dama romana a la que Tiamat había asesinado y reemplazado utilizando la Disciplinas Ofuscación) y se casara con Augusto.

El poder de Drakonskyr permitía a Tiamat permanecer a la luz del sol durante breves periodos de tiempo, aunque éste aún quemaba su cuerpo y con frecuencia ella quedaba muy pálida allí donde perdía su piel. Usando a Livia, Drakonskyr comenzó a corromper a la familia real. Lentamente, los Julio Claudios fueron degenerando, hasta que al final durante el reinado de Calígula, parecía que la caída del Imperio Romano era inminente.

Los excesos de Calígula eran tristemente célebres, y su cordura muy cuestionable. Tan pronto como fue seguro que iba a suceder a Tiberio en el trono, Drakonskyr hizo que Tiamat simulara la muerte de Livia y se retiró para contemplar la destrucción desde una distancia segura (evitando la venganza de los muchos cainitas que no veían con buenos ojos la intervención de Tiamat en la política de los vástagos y del ganado). Pero el Imperio Romano sobrevivió. Aunque Drakonskyr esperaba el impaciente desastroso final, éste no llego a materializarse, Nerón fue el último de los Julio Claudios y pese al terrible incendio provocado por las peleas entre facciones de vástagos que devastó Roma durante su reinado (del que muchos culparon erróneamente al propio Nerón), el imperio no se desmoronó. Drakonskyr tiraba de los hilos allí donde podía para acelerar el final, pero muchos otros vampiros vigilaban a Tiamat y sus actividades eran limitadas y arriesgadas.

La frustración del demonio creció, hasta que, siglos después, los bárbaros llegaron hasta Roma y la saquearon varias veces. Finalmente en el años 476 D.C. Roma cayó por primera vez y Drakonskyr aulló de alegría, seguro de que aquella ocasión era la caída definitiva de la humanidad. Drakonskyr estaba seguro de que las carnicerías que vendrían a continuación destruirían a la humanidad como especie (él se aseguraría personalmente de ello). Pero mientras se regocijaba en su aparente victoria. Tiamat despertó. Drakonskyr ya no presionaba constantemente sobre su mente, y recobró su cordura poco a poco. Y al darse cuenta de lo sucedido, decidió que debía destruir a Drakonskyr y en venganza por lo que él había hecho a la humanidad.

Pero no sabía cómo, y estaba muy cansada. Después de contener al espíritu durante dos mil años, después de que vivieran y murieran incontables generaciones de humanos y de sobrevivir a varios imperios diferentes, Tiamat había agotado sus fuerzas. Pronto Drakonskyr ganaría aún más poder, gracias al sufrimiento que había causado y ahora tan débil y cansada, no podría mantenerlo atado por más tiempo.

El miedo a la inminente crisis inundó a Tiamat de pavor, el cual le dio la fuerza que necesitaba para resistir. Por primera vez desde que arrojase al Tigris la Espada de Nul, Tiamat recuperó el control de su cuerpo y convirtió al demonio en prisionero. Sorprendido por el repentino poder de Tiamat, Drakonskyr perdió totalmente el control sobre el cuerpo que poseía. Aunque rugía en su mente, no podía detener a Tiamat.

Tiamat abandonó las ruinas de Roma y se dirigió al norte, cruzando los Alpes y entrando en Germanía. Allí Drakonskyr casi consiguió arrebatarle el control de nuevo, al quedar agotada debido al viaje. Fue acosada por los Lupinos, y las tribus germanas no recibían con amabilidad a los forasteros de Roma. Herida y magullada, se abrió camino hasta las Galias y de allí al Canal de la Mancha. Allí se refugió con una familia de pescadores. Después de alimentarse bien de ellos y de sus hijos, robó un bote e intentó cruzar el canal.

Sólo había recorrido la mitad de la distancia cuando la sorprendió el amanecer. Se vio obligada a volcar la barca y esconderse debajo para evitar los abrasadores rayos del sol. Drakonskyr ya no la protegía; estaba dispuesto a arriesgarse a las consecuencias de su muerte, tras la puesta de sol, Tiamat prosiguió su viaje y llegó hasta la costa de Britania.

Hacía tiempo que las legiones habían evacuado Britania para defender Italia. La isla estaba sumida en el caos, sin el orden y la ley romana de la que los habitantes habían dependido los últimos 400 años. Tiamat descubrió que era fácil conseguir sangre allí, matando a muchos mientras se preparaba para empezar el último tramo de su viaje. Cruzó Lodinium avanzando hacia el Norte, atravesó el muro de Adriano y dejó el mundo civilizado a su espalda.

Viajó hacia el Norte todo lo que pudo y allí encontró una pequeña tribu. Tras matar a su líder y humillar a los varones de la comunidad, exigió que construyeran un gran túmulo, una tumba donde los muertos pudieran descansar en paz. Y les explicó cómo construir trampas y engaños para proteger la tumba de los intrusos. Había traído con ella oro de Roma y se los ofreció como incentivo y para que adquirieran cuanto antes los materiales necesarios.

Una vez la tumba estuvo terminada, atacó a la tribu y los mató a todos, bebiendo toda la sangre que pudo de las mujeres, para prepararse lo mejor posible para el largo sueño. Ahora no existía un crimen lo suficientemente grande que no pudiera justificarse si así se podía erradicar a Drakonskyr de la faz de la tierra. Después de contemplar unos instantes el mundo por última vez, entró en la tumba y selló la puerta por dentro. Ella y el demonio que habitaba en su interior quedaron encerrados para siempre, o al menos eso esperaba.

Aspecto: Tiamat ya no es humana. Ha experimentado cosas que la mayor parte de los vampiros no podrían soportar y ya no se parece en nada a la muchacha que fue abrazada por su señor. La tumba a favorecido sus exóticos rasgos sumerios: los vampiros no cuidan su aspecto el Letargo. El polvo cubre su cuerpo, las telarañas velan su rostro y llenan su boca y sus vestimentas se han podrido casi totalmente.

Sugerencias de interpretación: ¡Aúlla y lucha!. Estás muy lejos de poder controlarte. Aunque tu Autocontrol es elevado, eso representa sólo tu disciplina, no tu capacidad de contenerte. Sólo deseas dormir, nada más. Los sueños son la única forma de escapar de Drakonskyr, y odias a quienes perturban tus sueños. Sólo un esfuerzo excepcional de otros vampiros, podría lograr que te dignaras a comunicarte con ellos, y no sabes una palabra de ingles...

Notas: La disciplina Encantamiento de Tiamat se parece muy poco a la Taumaturgia de los Tremere. Lo que le permite hacer es elaborar hechizos para encantar objetos y crear trampas mágicas como las que protegen su cripta. Esos hechizos no se pueden llevar a cabo durante un combate y se deja a discreción del Narrador y a las necesidades dramáticas de la aventura el alcance y la naturaleza exacta de la Disciplina.

Los atributos de Tiamat deberían ser muy superiores, pero se ha resentido debido al tiempo que lleva en Letargo. Si tuviera algunos años para recuperarse, sería mucho mas fuerte.

Cuando Drakonskyr la controlaba, Tiamat podía alimentarse de la sangre de cualquier criatura (por eso pudo beber la vitae de su sire). Pero en circunstancias "normales", Tiamat sólo se puede alimentar de sangre de mujeres.

Sire: Arakur.
Clan: Ventrue.
Naturaleza: Superviviente.
Conducta: Bravucona.
Generación 4ª.
Abrazo: Antes del 3.000 A.C.
Edad Aparente: 17 años.
Atributos Físicos: Fuerza 6, Destreza 7, Resistencia 7.
Atributos Sociales: Carisma 1, Manipulación 1, Apariencia 4.
Atributos Mentales: Percepción 6, Inteligencia 6, Astucia 7.
Talentos: Alerta 5, Atletismo 4, Esquivar 5, Liderazgo 4, Pelea 7.
Técnicas: Armas Cuerpo a Cuerpo 5, Sigilo 4.
Conocimientos: Historia Antigua 7, Lingüística 9, Política 6.
Disciplinas: Auspex 4, Celeridad 6, Dominación 5, Encantamiento 5, Fortaleza 6, Ofuscación 3, Potencia 4, Presencia 5, Protean 4, Serpentis 2, Taumaturgia 4 (El Encanto de las Llamas 4, Movimiento Metal 3).
Trasfondo: Ninguno por ahora.
Virtudes: Consciencia 1, Autocontrol 4, Coraje 6.
Humanidad: 1.
Fuerza de Voluntad: 10.

La Historia de la Espada

Después de que Tiamat arrojara la espada al Tigris, ésta reposó en el lecho del río hasta el 809 D.C., cuando un joven guerrero musulmán del Califato Abasí la recuperó. El guerrero la utilizó en combate aquel mismo año, cuando estalló la guerra civil entre los hijos de Harun-al-Rashid. Pese a su poderosa espada, el joven guerrero murió en combate, y el arma fue encontrada por un mendigo que saqueaba los cadáveres de los caídos. El mendigo vendió la espada a los Bayt al-Himah, "La Casa de la Sabiduría". Durante algunas semanas, la espada se convirtió en el centro de atención de la universidad. ¿De donde había salido aquel filo? ¿Y quién la había forjado? Los eruditos no tenían muchas nociones de la arqueología y asumieron que, como la espada aún conservaba su filo, debía haber sido forjada recientemente en algún país remoto.

Cuando los sabios fracasaron en sus investigaciones, la espada fue olvidada, aunque permaneció expuesta en un lugar destacado. Dos años después, fue trasladada a una estantería en un apartado rincón de la biblioteca, donde permaneció mucho tiempo, hasta que finalmente fue almacenada en un trastero y olvidada durante siglos. La espada fue robada en 1098 por un supuesto hechicero hereje que era, en realidad, un vampiro del clan Brujah. Encontrándose en una situación de extremo peligro y con el príncipe de Bagdad pisándole los talones, el Brujah se llevó la espada en su desesperado intento de escapar.

Pero en ningún lugar del mundo musulmán se podía estar a salvo de la venganza del príncipe de Bagdad, así que el Brujah intentó huir a Europa. Su plan era usar la espada para negociar con los guerreros cristianos en Palestina y así liberarse de sus problemas políticos. Tardo casi un año en llegar a Jerusalén; sus enemigos seguían su pista y en aquella época un vampiro perseguido no podía viajar muy rápido. No llegó a Jerusalén hasta el primero de julio de 1099. Dos semanas después, los cruzados tomaron la ciudad, matando a todo el que se pusiera a su alcance. El Brujah murió en el ataque y la espada fue tomada como botín de guerra.

La espada no fue muy apreciada por sus nuevos dueños; no estaba decorada con oro o gemas, ni tenía ningún significado religioso para los cristianos, musulmanes o judíos. Finalmente fue a parar a las manos de un caballero pobre, un tal sir Burder, nativo del Sacro Imperio Romano Germánico, como parte de su botín. La espada pasó de padre a hijo durante muchas generaciones. Pero, aunque casi todo el botín obtenido durante las Cruzadas fue vendido para mantener la modesta hacienda, la espada permaneció y se convirtió en parte de la herencia familiar.

Con el paso de los años, la hacienda fue decayendo, y un hijo tras otro corrompido por el arma. La mayoría murió en combate, aunque lo cierto fue que los enemigos de la familia sufrieron destinos mucho peores en las manos de los guerreros alemanes y su extraña espada.

A mediados del siglo XV, las plagas y hambrunas que devastaron Europa diezmaron la hacienda de los Burder. La familia casi por completo aniquilada por una peste que afectó a su castillo. Casi todas las posesiones familiares pasaron a depender de la corona, aunque algunas fueron a parar a parientes remotos y amigos de la familia. Uno de esos "amigos" era en realidad un servidor de uno de los siete Tremere que forman parte del concilio gobernante del Clan. Los Tremere conservaron la espada para su estudio durante siglos, pero nunca la emplearon.

Los Tremere gobiernan Austria con un puño de acero del que no permiten que escape ningún susurro de libertad. Pese a todo un anarquista ha conseguido burlarles, Antoine, un Malkavian, consiguió penetrar las cámaras secretas del clan y robó la espada, aunque no a propósito. Lo que intentaba encontrar era información que pudiera utilizar contra los Tremere y cuando finalmente fue descubierto, tomó la espada y la utilizó contra los guardias. Con la espada en sus manos, la huida estaba asegurada. Muchos guardias cayeron antes de que consiguiera escapar. Pero quienes hubieran podido derrotarle no estaban presentes, o no estaba dispuestos a enfrentarse con la espada.

Antoine escapó de Austria, inseguro de lo que había hecho. Llamó a la espadada "Cuchilla de Almas" por el terror que había producido entre los Tremere. De Austria huyó a Inglaterra y de allí al lugar más seguro en el mundo para un anarquista perseguido. América, a una ciudad oscura y melancólica... 

La Espada de Nul

No parece gran cosa. Es corta, recta y está hecha de bronce. No presenta ninguna ornamentación, salvo un cráneo muy tosco grabado en mitad de la empuñadura. Originalmente el mango estuvo envuelto en cuero o tela, pero con el tiempo la protección se ha podrido, dejando el metal desnudo. Toda el arma está tomando un ligero tono verdoso, afectada por la edad, pese a su enorme poder. Pero la hoja está aún muy afilada... extremadamente afilada, de hecho, más de lo posible para cualquier espada de bronce, más afilada que el acero de alta calidad.

El manejo del arma tiene una dificultad de 5 y, si impacta, inflinge un daño agravado de Fuerza +5. Además, añade un éxito automático a todas las tiradas de ataque. Es posible que posea muchos otros poderes, pero se precisaría tiempo y magia para descubrirlos y no es probable que intervengan en la historia. El narrador es libre de inventar más poderes si quiere, pero por ahora los mencionados deberían ser suficientes.
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