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Prestación

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Aunque el poder puede ser la auténtica moneda de cambio de los Vástagos, también hay un comercio saludable de favores y privilegios. El proceso de intercambiar, devolver y solicitar favores (llamado prestación), es el alma de la economía vampírica. Un vampiro inteligente concede favores; uno estúpido contrae obligaciones y es deudor de sus benefactores.

Un vampiro que solicita asistencia con frecuencia pronto ve como su existencia está marcada por las obligaciones que ha contraído; a cambio de la ayuda que pidió, se convierte en un títere de sus benefactores.

Deuda Acumulada

El proceso de obtener una deuda de prestación es sencillo. Cada vez que un vampiro pide ayuda en un asunto a otro, a cambio de un favor a realizar posteriormente, o un vampiro preste ayuda a otro durante una crisis, se entiende que esa ayuda se devolverá más adelante.

Los Vástagos sensatos siempre saben a quién deben favores, y tienen cuidado de no acumular más deudas de las que se pueden permitir devolver en un momento dado. Las deudas de prestación se pueden reclamar en cualquier momento, así que merece la pena asegurarse que se tienen los recursos para pagar, independientemente de las circunstancias. Algunos Vástagos se acostumbran a acumular tantas deudas como les sea posible como medio de protección, pensando que sus múltiples acreedores querrán mantenerles de una pieza para poder cobrarse las deudas. Sin embargo, no todas las deudas se acumulan voluntariamente. Los antiguos son viejos maestros en llevar a los Vástagos más jóvenes a situaciones en las que no les quede más remedio que pedir ayuda, lo que les deja como esclavos del antiguo. Por ejemplo, una corporación controlada por un antiguo podría comprar el edificio en el que vive un neonato prometedor, hostigándole de inmediato con controles de mantenimiento, inspecciones por sorpresa, fumigaciones, etc. Al final, no le quedará más remedio que buscar ayuda, lo que le lleva a la puerta del antiguo. Se concede el favor, y el neonato ha puesto el primer pie en la telaraña del antiguo.

Los jugadores expertos en el juego de la prestación también gustan de poner a los deudores potenciales en situaciones peligrosas para rescatarles espectacularmente, haciendo que las “desventuradas víctimas” queden endeudadas. Una táctica muy empleada es hacer saber a un cazador la ubicación del refugio de un vampiro, para después aparecer cuando el cazador haga su jugada. Desde el rescate sólo hay un pequeño paso a ayudar al neonato a encontrar un nuevo refugio (“este es claramente inseguro”), y, centímetro a centímetro, la víctima va cayendo en la trampa.

Interés

A un vampiro no le interesa cobrarse inmediatamente los favores que haya acumulado. Al fin y al cabo, si desapareces el primer sospechoso va a ser un vampiro del que se sepa que te debe un favor, con consecuencias potencialmente fatales. Como consecuencia de esto, cualquier Vástago está igual de seguro que cualquiera de sus acreedores. La seguridad no es la única razón para tener pendiente el cobro de un favor. Mientras un Vástago tiene pendiente una deuda, siempre debe tener en cuenta la posibilidad del pago. No puede actuar con la misma libertad que podría disfrutar en otras circunstancias, por miedo a que se le pida que devuelva su deuda. Tener un cobro pendiente e insinuar que el reembolso podría producirse en cualquier momento es un método magnífico para paralizar a un Vástago, despojándole de su maniobrabilidad y obligándole a reservar parte de los recursos para esa posibilidad.

Además, un vampiro que tiene una deuda con otro es considerado inferior al vampiro con el que está en deuda. Esta percepción sólo se aplica a aquellos que conocen la deuda, pero cualquier Vástago que tiene un cobro pendiente con un vampiro poderoso lo hace saber rápidamente a todo el mundo. Como consecuencia de esto, el acreedor obtiene prestigio; y el deudor lo pierde. Aún mejor, cuanto más tiempo se mantenga la deuda, más prestigio acumula el acreedor. Al vampiro que debe cobrarse el favor le interesa conservarlo todo lo posible, aunque la mayoría de los acreedores se aseguran de no tirar de las correas de sus deudores demasiado fuerte o con demasiada frecuencia. Una vez que se salda la deuda, es socialmente permisible que un deudor maltratado se vengue de un acreedor especialmente cruel.

Pago

A pocos Vástagos les hace gracia tener deudas pendientes. Es socialmente embarazoso, económicamente doloroso y potencialmente peligroso. Como consecuencia de ello, la mayoría de los vampiros tratan de pagar sus deudas de prestación en cuanto pueden hacerlo sin peligro. Como los acreedores están interesados en mantener pendientes estas deudas, el resultado puede ser un juego del gato y el ratón, con los deudores tratando frenéticamente de devolver los favores a los acreedores y los acreedores esquivando cualquier cosa que pudiera ser considerada como pago por parte de sus deudores. Las deudas entre los Vástagos rara vez adoptan una forma específica. Es infrecuente que un vampiro solicite un servicio concreto. Más bien, las deudas son nebulosas, ”Te pediré ayuda si me surge algo sobre la marcha”. Esta ambigüedad funciona a la vez a favor y en contra del acreedor. La naturaleza poco concreta de la deuda ayuda a mantener a raya a los que deben la prestación, ya que nunca saben lo que se les puede pedir.

Por otro lado, como la naturaleza de la deuda es borrosa, es habitual que los Vástagos realicen algún tipo de favor a sus acreedores con la esperanza de cancelar la deuda de prestación. Los vampiros especialmente enérgicos o taimados llevan a sus acreedores a situaciones en las que pueden aparecer y prestarles ayuda, eliminando de esta manera el desequilibrio. Dichos intentos deben hacerse con mucho cuidado, si el tiro sale por la culata o son descubiertos, el instigador puede incurrir en una deuda aún mayor, además de convertirse en el blanco de las burlas.

La forma del pago de la deuda depende de la importancia y el tipo de deuda. Se considera una falta de respeto solicitar un pago excesivo de deudas menores; en estos casos, el deudor puede reírse de la solicitud sin temer represalias, quedando cancelada la deuda. Por otro lado, ningún vampiro quiere renunciar frívolamente a una deuda pidiendo demasiado poco. Hacerlo es una manera segura de convertirse en diana de las arpías, además de cancelar cualquier ascenso de posición obtenido al prestar la deuda. Lo cierto es que el pago en sí de la deuda es casi accesorio al proceso de prestación. Es la deuda lo que importa, el arte de su creación o la dispersión de la obligación, y las redes de lealtades basadas en los favores debidos. Realizar un pago solicitado es de alguna manera decepcionante en todas las circunstancias, salvo en las más adversas.

Sin embargo, cuando finalmente se devuelve una deuda, las más veces se hace en público. Entre los pagos hay favores (especialmente el de creación, si el príncipe es el deudor), ghouls favoritos o títeres mortales, ayuda en asuntos financieros o marciales, enseñanza de Disciplinas o simplemente llevar a cabo algún acto de humillación pública. Las ayudas solicitadas a menudo tienen que ver con que un Vástago presione a otro de parte de un tercer vampiro, habitualmente en cuestión de creación o interferencia en el mundo mortal. Solicitar un servicio demasiado peligroso, o exigir que el deudor rompa las Tradiciones está prohibido por las costumbres de antaño; aunque sólo sea porque si muere un deudor, el acreedor se queda sin la posibilidad de volver a utilizarlo. Por otro lado, un vampiro suficientemente sutil puede rodear estas restricciones, y se ha usado para prestación para eliminar a un buen número de Vástagos incautos.

Las arpías suelen acabar siendo los árbitros principales que consideran si un pago es adecuado, aunque no forma parte de sus labores oficiales.

Canjes

Como con todo lo demás, los Vástagos intercambian deudas de prestación igual que los niños cambian cromos. Se intercambian, recuperan, dejan pendientes o mueven de un lado a otro constantemente, y es complicado mantenerse al tanto de quién debe qué a quién. Aunque no hay ningún sistema formal de intercambio de favores, estas cuestiones funcionan más o menos así, “Hmm, Desmond me debe alguna compensación; le diré que hable contigo si haces saber a Reese que me vendría bien su ayuda en mi problemilla con los Gangrel”, en el proceso hay una condición sine qua non. El vampiro cuya deuda está siendo intercambiada debe saber quién es su nuevo acreedor, ya que si no lo sabe corre el riesgo de rechazar una petición perfectamente válida por lo que él piensa que es una razón perfectamente válida, haciendo que todo el sistema se venga abajo.

Además, hacer saber a un inferior que ni siquiera piensas que merezca la pena tener pendiente su deuda es una manera maravillosa de reforzar su posición subordinada con respecto a ti. La transmisión de la deuda forma parte del juego de la prestación como todo lo demás.

Formalidad

A primera vista, parece que la importancia que conceden los Vástagos a los favores debidos es absurda. ¿No te gusta deber un favor a un Nosferatu? ¡Pasa de él! ¡Sólo es un Nosferatu! ¡No puede hacer nada si no pagas, ¿a que sí?, No.

La santidad del sistema de prestación es muy importante para la Camarilla, especialmente para los antiguos que han pasado siglos acumulando favores de otros. Si de repente se vuelve aceptable dejar de pagar las deudas de prestación, las reservas de esos antiguos pierden todo su valor. Huelga decir que los antiguos en cuestión no tienen intención de que eso suceda. Esas inversiones en favores son recursos importantes y valiosos en las mini-Yihad a las que juegan los antiguos. Por tanto, tienen un marcado interés en mantener intacta la formalidad del sistema de prestación. Cualquier intento por parte de un Vástago para esquivar una deuda de prestación se encuentra con una respuesta inmediata y aplastante.

En cuanto las arpías se enteran del asunto, ponen por los suelos la reputación del infractor. Pierde posición y es el objeto de todas los chismorreos burlones. Se marchitan sus alianzas, especialmente aquellas basadas en favores concedidos en el pasado. Sus enemigos empiezan a propagar calumnias acerca de qué otros acuerdos va a incumplir el infractor, haciendo gala de la antigua tradición de la Camarilla de patear a alguien cuando está en el suelo. Otros Vástagos a los que el vampiro debe favores intentan cobrárselos, desafiándole a que vuelva a romper su palabra y hundiéndole aún más. El infractor tiene la opción de pagar todos los favores que debe de una vez o cimentar su reputación de poco fiable.

La primera alternativa puede poner al vampiro en una posición expuesta o peligrosa, y ciertamente tiene el potencial de agotar sus recursos hasta un punto crítico. La segunda ofrece la posibilidad de hacer nuevos enemigos, ya que los Vástagos a los que se niega lo suyo no suelen ser indulgentes. Además, la fama que uno obtiene por no pagar un favor no se olvida fácilmente, y su hedor seguirá al infractor durante décadas. Mientras tanto, para él es casi imposible obtener ayuda de nadie, a menos que esté dispuesto a pagar tarifas de usura a cambio de ayuda. Los vampiros son una raza cauta por naturaleza, y un Vástago que rompe la confianza es el tipo de riesgo que no quiere asumir ningún inversor de la Camarilla.

Definir Valores

La mayoría de los Vástagos jóvenes aprenden (si tienen suerte) que el arte de la prestación es el arte de conceder y solicitar favores; los vampiros del siglo XX lo definen como “tú me rascas la espalda, yo te rasco la tuya.” Por desgracia, muy a menudo los neonatos caen en la prestación porque algún antiguo hábil se aprovecha de ellos, lo que no les da la oportunidad de aprender en mejores condiciones. Más de un Vástago inexperto (joven o antiguo) ha incurrido en una deuda horrenda por no conocer los niveles de prestación. Esto no es totalmente por su culpa; unas cuantas arpías que actúan como agentes en acuerdos han preferido no indicar a un Vástago un error potencial, o les han informado mal deliberadamente cuando les ha parecido (esto les da la oportunidad de “ayudar” al infortunado a la vez que incurre en otra deuda para renegociar la primera).

Los niveles definidos a continuación son los que valen en la mayor parte de la Camarilla; pueden influir en las negociaciones las regiones, las edades de los Vástagos en cuestión, las relaciones previas de trabajo y las circunstancias atenuantes (como la guerra).

• Favor secundario: Se otorga a cambio de alguna pequeña ayuda, como el préstamo de algo y su posterior devolución, o a por apoyo político que no puso en peligro ni alteró la posición del acreedor. Se espera que el receptor devuelva el favor de manera similar. Aunque no parece que haya que preocuparse excesivamente de los favores secundarios, la colocación cuidadosa de varios y su reclamación puede ser el preludio de una estrategia devastadora. La mayoría de los vampiros de cualquier secta o clan consideran que los actos de conceder y devolver favores secundarios son cortesías habituales, y un vampiro que no piense as queda más allá del desprecio de las arpías.

• Favor importante: Se genera un favor importante a cambio de artículos prestados que no se devolvieron o que se restituyeron dañados (como ghouls, armas, obras de arte), de apoyo político que supone un riesgo considerable o un perjuicio para el acreedor o su posición, y de ayuda física durante un ataque en el que no se corría peligro de muerte. Los favores importantes pueden ser muy prácticos en el ruedo político durante los cónclaves, o en tiempos de guerra para obligar al Vástago que no se ha mostrado muy activo a ofrecer apoyo o recursos.

• Favor de vida: Un favor de vida representa las deudas espectaculares por las que es famosa la prestación. En la mayoría de los casos, el deudor debe literalmente su no vida a su acreedor, y éste puede exigir bastantes cosas antes de considerar pagada la deuda. ¿Cuánto vale para él la vida del deudor? El cobro de un favor de vida en un momento crucial puede obligar a un deudor a votar contra su propia causa o traicionar a un amigo.

Expedientes Muertos

Aunque los Vástagos que traten de evitar una deuda lo tienen mal, el que mate a su acreedor para evitar el pago recibe un tratamiento infinitamente peor. Como los antiguos son los que hacen acopio de la mayoría de las deudas, son los objetivos más probables para un asesinato si se permite que esta práctica medre. Como consecuencia de esto, se lanzan a por los que matan para evitar el pago. Lo mejor que puede esperar un Vástago que tome este camino es una caza de sangre; lo peor es indecible, pero tened por seguro que las historias terminan circulando, para desanimar a otros aspirantes a asesinos.
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Sobre las Fuentes
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