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Thomasina Payne (Perth, Australia, 1953)

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Thomasina Payne Una Antigua Revolucionaria Toreador Contempla el Futuro.

«Por lo general, los de nuestra clase no se sienten atraídos por las hogueras, pero supongo que no hay regla sin excepción», dijo Thomasina con tristeza mientras observaba al antiguo Príncipe de Perth brillar en medio de una rugiente pira. Thomasina rechazaba la glorificación de la violencia, por no hablar de regodearse en la muerte de un enemigo, por ser algo zafio e indigno de un Cainita libre e ilustrado.

Por supuesto, el Antiguo Tremere que se estaba convirtiendo en cenizas frente a ella había sido un Vástago especialmente odioso, de modo que era de esperar un cierto grado de schadenfreude. Sin embargo, la brutalidad por una causa justa seguía siendo brutalidad y hacía ya mucho tiempo que Thomasina se había hartado de ella. Era una Toreador. Ella apreciaba la belleza del mundo, no su ruina. «Supongo que sí», dijo Sarah evasivamente. Thomasina había Abrazado a su Retoño hacía apenas dos años. Aunque parecía que a los australianos blancos rara vez les gustaban los rasgos de los aborígenes, Thomasina considerabaa Sarah la mujer más bella con la que se había encontrado nunca. Más que por cualquier belleza física, Thomasina la había preservado con su Abrazo por su voz, una voz intensa y apasionada que se hacía oír contra la injusticia de un gobierno que pensaba que robar niños aborígenes de sus hogares y golpear en la cabeza a sus padres cuando ponían objeciones era algo perfectamente normal. El Abrazo había sido un acto impulsivo que a menudo lamentaba. No pensaba que los de su especie pudiesen sentir verdadero amor, pero sí que sus sentimientos por Sarah eran lo más similar que ella sentiría jamás. Por desgracia, Thomasina creía que el Abrazo, de alguna manera, le había arrancado al Retoño el espíritu indomable que la había atraído en un primer momento.

«Eso es todo. Hemos ganado. El Príncipe ha muerto, los Tremere están vencidos y huyendo y la ciudad es nuestra. Una ciudad que está a más de 2000 kilómetros del dominio más cercano de la Camarilla o el Sabbat. Perth es nuestro para que lo reconstruyamos como queramos». Se giró para estudiar a su amada y a la vez distante Chiquilla. «Entonces, ¿por qué siento que no estás satisfecha con este giro de los acontecimientos?».

«No estoy insatisfecha, Thomasina. Sólo… pensativa. Ahora que “nosotros” los Anarquistas dominamos la ciudad, ¿qué planeamos hacer con ella? Cuando digo “nosotros”, por supuesto, me refiero a ti y a los otros Antiguos que eran los cerebros de este golpe de estado». Thomasina sacudió la cabeza. «Se respetarán las opiniones de todos los que han participado en nuestro golpe, no sólo las de los líderes. Todos somos hermanos y hermanas en la Sangre. Aún eres inexperta, pero cuando demuestres que lo mereces, te liberaré y entre nosotras habrá igualdad. Y una vez se haya completado la revolución y nos hayamos ocupado de los partidarios de la Camarilla que quedan, nos reuniremos como iguales y estableceremos reglas para nuestra nueva sociedad que sean aceptables para todo el mundo».

Sarah asintió. «Entonces, ¿qué clase de reglas tienes tú en mente?». Thomasina volvió la vista hacia la rugiente hoguera con expresión pensativa. A decir verdad, había pensado un poco sobre la naturaleza de su nueva sociedad Anarquista, pero no había llegado a hacer verdaderos planes. Le parecía casi… presuntuoso ir tan lejos en la planificación de lo que vendría tras el golpe sin contar con el resto de la comunidad. «Bueno, obviamente, la primera prioridad es la Mascarada. Sé que al menos uno de nuestros camaradas entre los Brujah piensa que podría estar obsoleta y que, si manejamos bien la cuestión, podemos dejarla de lado. Personalmente, creo que es lo más estúpido que he oído nunca. Hemos acabado con una Praxis de la Camarilla, pero eso es un juego de niños comparado con reordenar la sociedad mortal para que sea consciente  de  nuestra  existencia.  Si  queremos  sobrevivir, por no hablar de perseguir libertas, tiene que haber alguna clase de sistema por el que de mutuo acuerdo aseguremos que nuestra existencia permanece oculta.»

De la misma forma, supongo que necesitaremos algún sistema para regular la creación de Progenie. Algunos de los Anarquistas más jóvenes se quejarán, pero Perth es demasiado pequeña como para sostener una gran población de Vástagos. Quizá, con el tiempo, podamos implantar políticas sociales que incrementen el número de mortales en la ciudad, pero eso es un proyecto para las décadas futuras, no para la reconstrucción inmediata. Mientras tanto, no podemos permitir una superpoblación vampírica o será imposible mantener la Mascarada, así que por ahora debe limitarse estrictamente el número de Abrazos. Me imagino que habrá algún tipo de comité que aprobará las peticiones para crear Progenie. Quizá también tenga autoridad para permitir la inmigración. En su momento, Perth será un faro para todos los Vástagos librepensadores, pero hasta que la situación se estabilice, te nemos que asegurarnos de que los inmigrantes sean capaces de integrarse en nuestra forma de gobierno».

«Naturalmente»,  dijo Sarah. «Sé que es absolutamente necesario que los forasteros se integre en la “forma de gobierno” de la mayoría. Entonces, ¿cómo piensas abordarlo?». Thomasina notó un deje curioso en la voz de Sarah, un destello de indignación que no se había manifestado desde la noche de su Abrazo. Vaciló por un momento y entonces continuó. «He pensado mucho en ello y creo que he encontrado un precedente histórico que podría ser útil. En el siglo X, en Gran Bretaña, existía una ley promulgada por los reyes anglosajones llamada tithing. Según esta ley, todos los varones adultos debían unirse a un grupo de diez hombres que se convertirían en corresponsables a efectos legales de las acciones de los demás. Si un miembro del tithing rompía la ley real, los otros nueve estaban obligados llevarlo ante la justicia o a compensar sus crímenes. Ahora bien, es muy corriente que los de nuestra clase formen coteries.

Creo que podemos establecer una especie de sistema legal automantenido instaurando coteries obligatorias, todas ellas del mismo tamaño, digamos cinco o diez miembros conjuntamente responsables de las transgresiones de los demás. El compromiso recíproco y la presión de los iguales impulsarán tanto la integración como la socialización con nuestra ciudadanía. De la misma forma, no veo ninguna razón por la que los recién llegados pondrían objeciones a ser asignados a una coterie en la que haya una vacante». «Estoy segura de que ninguna en absoluto. ¿Tu comité central también será responsable de asignar aleatoriamente a los recién llegados a una coterie de desconocidos?».

Thomasina enarcó una ceja. «¿Estás insinuando algo, Sarah?». «Perdóname, Thomasina. Sólo soy una pobre aborigen sin educación intentando comprender». Thomasina escrutó a su Chiquilla en silencio durante varios segundos, como intentando discernir si Sarah estaba siendo impertinente y, en ese caso, si la reacción adecuada era enfadarse o deleitarse.

Eligió ignorar el comentario y ver qué ocurría. «A corto plazo, sí. Pero no me gusta el término “comité central”. Suena… soviético. Quizás “círculo”. Sí, un círculo en el que todos los miembros tienen la misma posición. Algo como la Tabla Redonda». Sarah levantó una ceja. «¿Todos iguales? ¿Ninguno por encima de otro? ¿Cómo se mantendrá el orden en las deliberaciones de tu círculo?».

«Buena pregunta, quizá la más importante que haya que responder. Muchos dominios Anarquistas son gobernados por una autoridad central llamada Barón, aunque por lo general nunca es tan poderoso como los tiranos del tipo del Tremere ardiente de aquí.  Un buen Barón actúa más bien como un dinamizador que ayuda a sus hermanos y hermanas a realizar su libertas». «Ya veo. Resumiendo, prevés una nueva sociedad gobernada según los principios Anarquistas. Una en la que el Barón y su círculo, que sustituyen al Príncipe y la Primogenitura, tienen el poder de castigar las rupturas de la Mascarada, de limitar el derecho a la Progenie y de asignar dominios, más el poder completamente nuevo de asignar arbitrariamente Vástagos a coteries como método para influir en su comportamiento. Por fortuna, esta nueva sociedad será superior a la autocracia de la Camarilla debido a tu compromiso con la idea de libertas».

Thomasina apretó la mandíbula con fuerza y la Bestia gruñó en lo profundo de su ser. Excepto por el crujir del fuego que aún consumía al antiguo Príncipe, se impuso el silencio mientras luchaba contra la tentación de golpear a su insolente Chiquilla. Entonces, lo vio. La cara de Sarah era una máscara sin emoción, pero en sus ojos había sin ninguna duda el mismo fuego y la misma furia, la misma rabia contra la injusticia que había atraído a Thomasina en un primer momento. Sarah pensaba que Thomasina era una hipócrita santurrona y, de repente, ésta recordó por qué se había enamorado.

Thomasina se relajó instantáneamente y rió con la risa fácil y brillante que había usado a menudo para neutralizar las furiosas confrontaciones con el Príncipe Lumley en el Elíseo. «¡Oh, Sarah, menuda provocadora estás hecha! Si te complace saber que me has herido con tu acusación de hipocresía, así sea. Sí, al principio habrá paralelismos evidentes entre nuestra nueva forma de gobierno y aquélla a la que reemplazamos. Pero te prometo que no durará. Al final crearemos un nuevo modo de afrontar la noche para los Cainitas, uno que respete los derechos de todos los Vástagos como individuos a la vez que respete los derechos de sus prójimos». Hizo una pausa para reforzar el efecto. «Incluso para los Retoños de procedencias tan… desventajosas como la tuya. Un mundo mejor donde haya igualdad para los Vástagos. Incluso aunque nos lleve un siglo o más lograrlo. ¿Comprendes?».

Al principio, Sarah no dijo nada, aunque Thomasina pensaba que la pulla en referencia a su origen debía haber dado en el blanco. Se giró hacia la pira funeraria y, cuando habló, su voz era de nuevo fría y desapasionada. «Creo que sí, pero tengo otra pregunta». Thomasina asintió y Sarah continuó. «Entiendo que Thomasina Payne no es tu verdadero nombre. ¿Por qué lo cambiaste?». El cambio en el comportamiento de Sarah sorprendió a Thomasina. ¿Había juzgado mal las emociones de su Chiquilla? «Bueno, si quieres saberlo, decidí cambiar mi nombre en honor a Thomas Paine. Fue un revolucionario y politólogo cuyos escritos eran muy influyentes cuando yo vivía».

«Es lo que pensaba. En ese caso, si no tienes nada que objetar, me gustaría seguir tus pasos y adoptar un nombre derivado del de alguien a quien admiro». «Por supuesto. ¿Cómo deseas llamarte?». «Tru», dijo la Chiquilla. Thomasina se volvió hacia ella con perplejidad. «Es una abreviatura de Trugernanner. Era el nombre del último aborigen de sangre pura de Tasmania. El último ser viviente capaz de hablar la lengua palawa que mis ancestros hablaron durante milenios antes de que los colonizadores la hicieran desaparecer. Casualmente, también recuerda a la palabra “true” [N.d.T.: palabra inglesa], “no falso”. La palabra me parece reconfortante en un mundo plagado de autoengaño».

Thomasina reprimió una sonrisa. Ahí estaba otra vez: ¡fuego en sus ojos! Volvió su atención hacia la pira y resopló tímidamente. «Oh, sí, recuerdo el fallecimiento de Trugernanner. Trágico. Sin embargo, ¿crees que una amargura tal debido a asuntos de los mortales es digna de tu tiempo? Eres una Toreador, “Tru”, y como tal, estás destinada a misiones más elevadas que el infeliz estado de los aborígenes». La fachada de indiferencia de la Retoño se resquebrajó al fin y su furia era inequívoca. Durante un instante fue el turno de Thomasina de preguntarse si estaba a punto de recibir un golpe. Con evidente dificultad, Sarah, ahora Tru, resistió el Frenesí, pero no hizo esfuerzo alguno por ocultar sus emociones. «Quizás, pero me he percatado de que el milagro del Abrazo Toreador no ha aclarado mi piel, ni alisado mi pelo ni reformado mi nariz para que se vuelva tan refinada como la tuya. ¿Se extenderá tu igualdad a la gente que se parece a mí? ¿O sólo a los invasores de rostro pálido como tú?».

«Si me estás preguntando si me voy a preocupar por la igualdad entre razas, la respuesta es no. Si es un asunto importante para ti, Tru, entonces sugiero que trabajes para lograrlo. No voy a tratar de impedírtelo, pero tampoco voy a ayudarte. Te he dicho que te considero mi igual, pero si quieres que cualquier otro te trate de la misma forma, vas a tener que luchar por ello y ganártelo por ti misma».

«Si es necesario, lucharé contra cualquiera. Incluso contra ti, si debo hacerlo. ¿Qué tienes que decir al respecto?». «Digo… que eres libre». Tru dudó confundida. «¿Cómo?». «Eres libre. Ya no eres un Retoño. Te libero, Neonata, para que persigas cualquier futuro que Perth y el mundo te ofrezcan. Eso es lo que siempre he querido para ti, para mí y para todos los Vástagos libres».

Tru miró fijamente a su Sire con silenciosa incredulidad. Entonces se giró y corrió, internándose en la noche. Durante unos segundos, Thomasina sintió un dolor en el corazón inerte, pero pronto fue reemplazado por un arrebato de orgullo.

El Abrazo había quebrado el espíritu de Sarah, pero Tru era una verdadera Anarquista, dispuesta a enfrentarse a su propio Sire por sus creencias. La revolucionaria volvió la vista por última vez hacia el ardiente cadáver de su enemigo. «Hasta nunca, Lumley. Quizá algún día te siga a la pira a manos de un Anarquista más joven y más ambicioso que piense que yo soy una tirana. ¿No sería un final adecuado?». Las cenizas del Príncipe caído se elevaron hacia la oscuridad y se dispersaron junto con la risa de su ejecutora, que repentina y extrañamente estaba encantada de haberse dado cuenta de que las revoluciones nunca se acaban del todo.
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