Nidos de Dragón y Senderos de Dragones

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 Recuerdo del Infierno. Hicieron mantas con mi piel. Sentía cada roce del tejido, aunque cubriera a dieciséis demonios diferentes. Para divertirse jugaban a arrastrarme, o le ponían mi piel a perros con dientes humanos.  Uno me usaba para limpiar su mierda en un arbusto ichigo, riéndose luego mientras me arrugaba y me lanzaba al Río de Lágrimas. Recuerdo cada toque como si fuera una vida. Entonces desperté en el fondo del mar. Los peces me habían hecho pedazos. Con los brazos destrozados me levanté del barro y atraje la luz de la luna hacia mí. Estaba tan alta, tan terriblemente lejos... Pero no tengo la necesidad de respirar. A mis pies el Infierno. Sobre mí la luna. Nado hacia la luna. Cuando llego a la superficie mis brazos brillan como recién nacidos. Un cabello espeso me cae sobre los hombros como una medusa. Parpadeando para expulsar las lágrimas del demonio, trato de respirar. Es la costumbre. Mis pulmones están llenos. Debo vaciarlos cuando regrese a la costa. El muelle brilla como un cuchillo ensangrentado, parpadeando como las velas en una capilla. Con los brazos que una vez disfrutaron en el agua me acerco. Tengo deudas que saldar. Y recuerdo el Infierno. Allá donde haya humanos encontrarás moscas y Budas.       -Issa.


Es el mundo perdido. Es un hemisferio de más de dos millones de mortales que sobreviven en culturas y estilos de vida que llevan casi cinco milenos envueltos en misterio. Es la zona menos conocida de la Tierra de los Hijos de Caín, una tentadora perla de color rojo sangre. Para algunos guarda la llave de la liberación, la senda para escapar de la existencia de los Condenados que los Cainitas sufren noche tras noche, año tras año. Para otros es una fuente de poder y prestigio, un tesoro para el primer Cainita con la adecuada mezcla de iniciativa y falta de escrúpulos. Es Asia y durante los últimos cinco siglos ha sido una gran muralla oriental, inalcanzable para casi todos los Vástagos e inexpugnable para aquellos que han tratado de romperla. Para los pocos grupos Cainitas occidentales que han logrado hacerse un hueco en esta entidad monolítica, Asia es una tormenta sensorial. Su gente, su cultura, su religión, su política, sus negocios y sus costumbres no se corresponden con nada que los Vástagos conozcan.

Y tampoco sus vampiros. Cuando los líderes de los clanes occidentales o los señores del Círculo Interior hablan de Asia, suelen referirse a sus oscuros inmortales como "nuestros hermanos de Oriente" o "nuestras contrapartidas orientales" o cualquier otro apelativo que dé la sensación de camaradería entre los Condenados. Los Vástagos que residen en Asia y que se han encontrado con estas criaturas saben que no es así. Las dos especies no están unidas ni por su origen, ni por sus poderes, ni por su mentalidad, ni por su medio de subsistencia. Los vampiros orientales, o Kuei-jin, difieren tanto de los  de Occidente que constituyen una clase completamente diferente de criatura sobrenatural. Su lugar en el mundo de los mortales también difiere enormemente del de los Vástagos.

Mientras éstos labran su existencia en las esquinas más aberrantes de la vida, ocultos en las sombras tras el pesado manto de la Mascarada, los Kuei-jin actúan en Asia de gorma mucho menos secreta. Muchos mortales son conscientes de la presencia de lo sobrenatural y de su existencia con algún propósito. Aunque casi todos los Kuei-jin creen que la antigua traición les ha costado su mandato como gobernantes del Reino Medio, son orgullosos y no se someten a la sensibilidad mortal.

El Reino Medio

De huesos es la ciudad
Forrados de carne y sangre
Donde se depositan la podredumbre y la muerte
Y el orgullo y la ingratitud
                                                             -La Dhammapada


El Reino Medio, un antiguo nombre en la mitología y la fe orientales, es como los Kuei-jin conocen a su mitad del mundo. Como implica el término, el Reino Medio es visto como el lugar central del universo, el territorio por el que luchan tanto los guerreros mortales como los espirituales. La atmósfera general de este lugar es similar en muchos aspectos a la modernidad mundana tan familiar para los Vástagos. Millones de personas viven y trabajan masificados en los gigantescos y grises rascacielos de los distritos financieros. En las calles apenas hay espacio para respirar, aunque incontables rostros anónimos logran abrirse un hueco para vivir, aunque de forma miserable, en el espacio limitado que el siglo XX les ha concedido. A menudo mueren en la batalla. Estos centros neurálgicos del Lejano Oriente son precisamente eso: nexos llenos de nervios humanos estirados, retorcidos y quebrados por la carrera colectiva hacia el nuevo milenio.

El Reino Medio no existe solo en las capitales y principales ciudades de Asia. Sus sombras se ciernen aún más oscuras más allá del brillo de las torres de cristal. En muchas partes de este microcosmos la vida se desarrolla de forma muy similar al antiguo pasado imperial. La mentalidad de granjeros y campesinos no ha cambiado mucho con el paso de los siglos... conservando entre otras cosas el miedo por lo sobrenatural. El lado sanguinario de la creación reclama estas colinas, llanuras y montañas, lugares que, a pesar de la actividad febril de las ciudades, son aún más vitales y peligrosos.

El Reino Medio es un lugar donde las últimas tendencias de América y Europa luchan por el poder contra un gran número de ceremonias y ofrendas a los espíritus y dioses antiguos. Es un lugar donde la tecnología y el diseño más avanzado coexisten con la producción barata en masa de complejos fabriles dominados por dinero extranjero. Es un mundo donde jóvenes ejecutivos se levantan antes del amanecer e intercambian miles de millones en las bolsas de Tokio y Hong Kong, solo para morir de vuelta a casa en un fuego cruzado entre bandas y tongs. También es un lugar donde los dictadores y sus perros militares oprimen y aniquilan al pueblo en nombre del orden y el control, aunque se niegan a aventurarse en las zonas rurales de sus propias naciones por miedo a enojar al Pueblo Nocturno que mora en las sombras.

Los Kuei-jin prosperan en este ambiente al tiempo que manipulan el curso de la humanidad para servir a sus guardianes espirituales, a sus Dharmas y a sí mismos. Sin embargo, por todas partes es posible sentir la misma vacuidad, la podredumbre y la pérdida. A medida que la Quinta Edad del Gran Ciclo gira hacia adelante, el Chi del mundo se agita violentamente y la voraz energía de la ciudad consume el alma de sus moradores de forma cada vez más dolorosa. Es un reino trágico donde los escasos momentos de paz sirven meramente para acentuar la profundidad y la extensión de la corrupción.

Nidos de Dragón

Como consumidores de Chi, los Kuei-jin prefieren habitar lugares donde la Muralla entre el espíritu y la materia es débil. Estas zonas, ricas en Chi ambiental y normalmente embrujadas por espíritus son conocidas como Nidos de Dragón. Los ancestros Kuei-jin pueden tomar sustento directamente de un nido y las cortes más poderosas suelen establecerse cerca de estos lugares. Por desgracia, la Quinta Edad y su "progreso" han producido el debilitamiento o la destrucción de muchos de estos nidos ya que las zonas de mayor resonancia espiritual terminan siendo aradas o urbanizadas.

Irónicamente casi todos los Kuei-jin, incapaces de alimentarse directamente de los Nidos de Dragón, deben abandonar estos lugares sagrados a favor de las ciudades sin espíritus en las que habitan sus presas. Bandas jóvenes de Kuei-jin y akuma suelen atacar y secar estos centros místicos, enfureciendo a los espíritus y acelerando la llegada de la Sexta Edad. Además, los Kuei-jin no son los únicos shen que valoran estos lugares: los cambiaformas hengeyokai, en especial, reclaman muchos Nidos como propios y están más que dispuestos a luchar por ellos. A medida que estos lugares desaparecen los Kuei-jin suelen verse obligados a combatir por las reservas de Chi, cada vez más escasas.

Sendero de Dragones

El Reino Medio recuerda a una vasta telaraña de Chi. Líneas de Yin y Yang conectan los nidos de dragón, uniendo todos estos centros espirituales. Estos conductos, conocidos como Senderos de los Dragones (o como líneas de dragón, arroyos u otros nombres) permiten a los espíritus y a los shen más sabios atravesar los reinos espirituales con una relativa seguridad, siempre que no se abandone el camino correcto. Los Senderos de Dragones también permiten el viaje casi instantáneo entre dos Nidos de Dragón interconectados, de modo que las cortes de los Kuei-jin pueden extender su influencia sobre grandes zonas del Reino Medio, moviendo a sus peones de un lado al otro como los lanceros de un tablero de shogi.

No hace falta decir que los Nidos de Dragón más poderosos y con mayor número de conexiones son una de las posesiones más preciadas del Reino Medio. Shen de todo tipo (Kuei-jin, hengeyokai, espíritus y fantasmas) guerrean de forma incesante por estos lugares.

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