Satori y Dên (Destello de Comprensión)

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La búsqueda de un Dharma comienza con un destello de comprensión; entre los vivos este conocimiento se llama satori, un momento de lucidez en el que la visión del discípulo cambia para siempre. "Como un destello fue iluminado", se dice en el comienzo de muchas historias Zen. Este momento, conocido por los magos como "el Despertar", se produce a gran escala solo una vez en la vida; satori menores (a menudo conocidos como "Epifanías") anuncian ligeros cambios en la conciencia, momentos de progreso a lo largo de una senda mística.

Un vampiro experimenta su primer y mayor satori en el momento del Segundo Aliento. Mientras las demás almas regresan a la rueda kármica, quedan atrapadas en los mundos espirituales o (como algunos dicen se elevan o caen a un más allá), el vampiro "renace". Este satori induce en el Kuei-jin un ataque de locura; si logra calmarse se encontrará ante él la senda de su nueva no vida. Satori menores, llamados dên señalan avances en el Dharma que a su vez conducen al vampiro hacia nuevos dên.

Los Monos Corredores
Comprensiones y Distracciones

Estos destellos de comprensión quedan marcados por acontecimientos extremos. Aunque en ese momento no puedan parecer tan importantes (algunos pueden ser tan inocuos como la comprensión repentina de un poema Zen), desafían las preconcepciones del vampiro y revelan la ilusión que ocultan estas trampas terrenales. Las ilusiones son inevitables, hasta para los vampiros; una cosa es decir "la existencia es la nada" y otra es recorrer el mundo como si éste no existiera. Siempre que algún acontecimiento sacuda esta ilusión puede haber un dên esperando cerca. Sin embargo, las ilusiones suelen desvanecerse con el tiempo. Después de todo, los Kuei-jin son inmortales. Durante las primeras fases de su no vida el vampiro se ve atrapado por las redes de su antigua vida; a medida que ese recuerdo se difumina y florece una conciencia mayor, las distracciones mortales van perdiendo su importancia. Al final, si el Catayano lo desea, estas cosas terminan por desaparecer completamente.

La filosofía Kuei-jin asume que todos los vampiros emplean el tiempo de una vida mortal en deshacerse de este bagaje y disfrutar. Durante esta fase llamada kôa (o "el Mono Corredor", por su enorme actividad), no se esperará de él que actúe sabiamente. Aunque las visiones e instrucciones que guiarán al Kuei-jin hacia su Dharma comienzan en esta fase, los vampiros más ancianos asumen que el joven jugará con las ilusiones como un mono luchando con sombras. Antes o después las sombras desaparecerán y el Kuei-jin, se espera, comenzará a comportarse como un adulto. Cuando un Mono Corredor juega con las sombras descubre lo ilusorio de su naturaleza. Estos momentos, en términos de juego, elevan la puntuación del Dharma del personaje. Durante una ocasión propicia tendrá la oportunidad de ver un destello en su camino. Si comprende su importancia, la puntuación de Dharma aumentará.

Sin embargo, en ocasiones las sombras vencen al Mono. Estos momentos de ceguera, llamados diao, pueden engañar totalmente al vampiro, que literalmente perderá su Camino. En términos de juego, un diao significa una pérdida de Dharma: el personaje olvida su lugar en la Senda y debe vagar "ciego" hasta que lo redescubre. A pesar de los mejores pronósticos por parte de los Ancestros, la fase del Mono Corredor arroja al Kuei-jin a un camino errático entre dên y diao. El vampiro no podrá progresar mucho en su Dharma hasta que el kôa haya concluido. Por tanto, los jóvenes Kuei-jin están limitados a los niveles inferiores del Dharma; tardarán un tiempo en comprender las sutilezas de la iluminación avanzada. Por fortuna, nadie espera que estos jóvenes se comporten como sabios, solo como gente sensible y respetuosa.

Sin embargo, con la llegada de la Sexta Edad los Monos Corredores podrían no tener ocasión de desarrollar todo su potencial. En secreto, muchos Ancestros se preguntan si se trata de la voluntad del Cielo... por lo que tratan a sus jóvenes como carne de cañón. Puede que éste sea el Dharma definitivo de los nuevos Kuei-jin: alimentar los fuegos de sus señores vampíricos. O puede que no. Los dioses no hablan al respecto.

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