Queridos hermanos.
Tendrán que perdonarme que me dirija a todos en masa y de forma tan familiar, pero me queda poco tiempo. Aunque puede que algunos no me conozcan personalmente, seguro habrán oído mi nombre. Soy Jin Kai Wai, hijo de Jin Yuan. Como ustedes, soy uno de los Caminantes de las Sombras, probablemente el más viejo de nuestra especie.
Me estoy muriendo. Es algo natural, lo sé, pero resulta extraño decirlo después de 434 años. Me estoy muriendo. He corrido mucho por este mundo... y ahora, al inicio del nuevo milenio (al menos según las cuentas del mundo occidental), mi tiempo se acaba. Había esperado pasar mis últimos años dedicado a la tranquila contemplación y el estudio. Algunos se reirán de eso, pero cuando la vitalidad empiece a desvanecerse de sus miembros, también encontrarán comodidad en las empresas más cerebrales. No tenía intención de causar ninguna controversia, y mi lealtad a mi padre era incuestionable. Hasta una noche, hace exactamente un año.
Aquella noche fui visitado por un hombre que me reveló la verdad: la verdad de lo que soy, de lo que somos nosotros. Lo cambió todo para mí, como creo que lo hará para ustedes. Así que, mientras aguardo a que el último aliento deje mi cuerpo, he escrito esto, el mayor secreto de los semicondenados. Para que el conocimiento no muera conmigo, he enviado una copia a todos aquellos de ustedes que he podido localizar sin alertar a mi padre. Es una verdadera suerte que goce de tanta confianza por su parte. Lean mis palabras y hagan caso: la Edad del Pesar se acerca y tenemos un papel que desempeñar.
No Hay Sombras en el Crepúsculo
Como saben, la historia oficial de nuestra especie es bastante exigua. Los registros históricos de nuestros padres hacen pocas referencias a nosotros, aunque todos sabemos que los Dhampyros han acompañado a los Kuei-jin durante milenios. La historia de los Dhampyros está inseparablemente unida a la de nuestros padres, los Wan Kuei. Al fin y al cabo, sin el padre no habría un hijo. Aunque los papeles que desempeñan hoy día los Dhampyros en las cortes son importantes (intermediarios, espías, mensajeros e incluso asesinos) siempre somos desdeñados por las mismas cortes a las que servimos.
Al tratar con los pares de nuestros padres habrán notado que los Dhampyros hacen sentirse vagamente incómodos a los Kuei-jin, especialmente a los mandarines y ancestros, e incluso a los bodhisattvas. Muchos de los Kuei-jin más jóvenes ni siquiera saben por qué nuestra presencia le inspira un pequeño escalofrío, por qué la mirada de alguien tan insignificante como un Caminante de las Sombras puede helar su sangre muerta. Pero yo sí que lo sé.
Los Pecados de los Padres: La Tercera Edad
Hace miles de años, durante la Edad de las Leyendas, todo estaba en su lugar correcto y apropiado en el mundo. Los Wan Xian (los Diez Mil Inmortales) eran los guardianes de los mortales. Los esbirros de los Reyes Yama eran mantenidos a raya, y los Wan Xian garantizaban que todo estuviese correctamente organizado bajo el cielo. Fue una hermosa época. De vez en cuando, alguno de los inmortales tomaba un amante humano, y en ocasiones nacía un niño de tal unión. Se les llamaba Jin Hai, los Niños Dorados. Recuerden ese nombre, pues somos sus sucesores. Aunque esos hijos de los Wan Xian eran mortales, su sangre medio inmortal podía sustentarles durante siglos, y estaban bendecidos con un poderoso joss. Los Niños Dorados eran héroes para la gente, incluso más que los Wan Xian en ciertos aspectos. Al fin y al cabo, eran mortales que caminaban entre los hombres, no por encima de ellos.
Los Niños Dorados quedaron atónitos por el comportamiento de sus divinos padres cuando la influencia corruptora de los Reyes Yama empezó a afectarles al final de la Tercera Edad. Vieron con horror cómo sus padres aprendían a arrancar el Chi de las almas de los seres vivos, en vez de tomarlo con moderación del mundo a su alrededor como había pretendido la Augusta Personalidad de Jade. Vieron que el ego y la ser de sangre de los Wan Xian crecían como tumores cancerosos.
Al principio, los Niños Dorados intentaron comunicar su preocupación a sus padres, pero los Wan Xian no escucharon las suplicas de su "vil progenie". ¿Acaso no eran casi dioses? Estaban embriagados por su nuevo alimento, y las protestas de sus hijos cayeron en oídos muertos. Los Niños Dorados podían ver acercarse la caída de sus padres, sin poder hacer nada al respecto salvo intentar reparar el daño causado por los inmortales. Una confrontación directa parecía imposible: ¿qué eran los poderes de los Jin Hai frente a aquellas virtuales deidades?
La Revuelta de los Niños
El corrupto y deleznable comportamiento de los Wan Xian continuó a lo largo de la Tercera Edad. A medida que las depredaciones de los inmortales hambrientos de Chi se hacían peores, los Jin Hai ya no podían limitarse a limpiar luego. Los Niños Dorados hicieron circular un mensaje, y celebraron una reunión secreta en una cueva sagrada al pie del Monte Meru. Allí, los Niños reunidos decidieron que había llegado el momento de hacer que los Wan Xian hiciesen frente a su deshonor ante el Cielo. Los Hijos de los Diez Mil Inmortales se enfrentarían a los mandarines de la Corte de Meru y, si no podían hacer que sus padres escucharan una última súplica por la razón y el honor, los Jin Hai se opondrían a los Wan Xian.
Debió ser una visión increíble: la grandeza del antiguo Meru, los mandarines de la corte, frente a cientos de sus furiosos hijos preparados para la guerra. Pero las cosas no salieron según lo planeado. Cegados por la rabia ante el claro desafío de sus propios hijos, los Wan Xian hicieron algo indescriptible. Allí mismo, a la vista de la Augusta Personalidad de Jade, los Inmortales mataron a sus propios hijos y se dieron un banquete con su Chi. A pesar de que estaban bendecidos por el Cielo, la justa furia de los Jin Hai no fue rival para la sed de sangre de sus terribles padres. La sangre de los Niños Dorados tiñó para siempre de rojo las tejas del palacio de Meru.
Cielo y Tierra lloraron por los Niños, pero sus padres no lo hicieron.
Poco después, la Augusta Personalidad de Jade desató por fin su furia sobre los descarriados Wan Xian. Pero ya era demasiado tarde para los Jin Hai. Sólo se salvaron unos pocos que no pudieron llegar a la cueva sagrada ni a la confrontación, y muchos de ellos quedaron tan afectados por lo ocurrido que hubiesen deseado morir aquel día, junto a sus primos. Los últimos supervivientes se ocultaron, temiendo por sus vidas incluso después de que la Augusta Personalidad hubiese castigado a los Wan Xian. Los precursores de los Dhampyros pasaron a las brumas de la leyenda.
Viviendo en las Sombras: La Cuarta y Quinta Edad
La maldición de la Augusta Personalidad de Jade convirtió a los Wan Xian en los Wan Kuei: los Diez Mil Demonios. Y así nacieron los Kuei-jin. Ya no caminaban bajo la luz del sol ni respiraban el Chi del mundo, sino que estaban encerrados en cadáveres putrefactos y debían robar el Chi ajeno para alimentarse.
El primer Dhampyro nació a principios de la Cuarta Edad. Nadie sabe su nombre ni su género. Su madre Kuei-jin se sintió tan asqueada por el niño que lo mató. Pero no fue el hecho de que el bebé fuese mitad Kuei-jin lo que le hizo sentir repulsión... sino el alma que vio en él. Le resultaba familiar, pues era el alma del niño que había dado a luz mientras aún gozaba de la bendición del Cielo, el Niño Dorado que había asesinado brutalmente en su sed de sangre. La perturbadora experiencia se repitió una y otra vez a lo largo de los siglos siguientes, a medida que un niño tras otro nacía con el alma de uno de los Jin Hai asesinados. Tras varios nacimientos, los mandarines prohibieron la creación de niños hasta que se hubiese resuelto la situación.
Pasó mucho tiempo desde la maldición hasta que se permitió que uno de esos niños llegase a la edad adulta. Gradualmente, a medida que se iban alejando de su antigua existencia, los Wan Kuei perdieron la facultad de reconocer las almas de sus hijos muertos. Sólo unos pocos sabían del secreto, e incluso ellos empezaron a pensar que las reencarnaciones se habían detenido. Pero no fue así. Los mandarines sólo dejaron de verlo.
Cada Dhampyro nacido a lo largo de los años ha llevado consigo el alma de un Niño Dorado. El alma de cada Dhampyro es en realidad la de uno de sus predecesores, nacido en un cuerpo muerto a medias. Las almas han pasado por ese ciclo una y otra vez. con el mandato divino de volver y acompañar a sus padres. Ésta es la raíz del desdén de los Kuei-jin hacia los Dhampyros. Los más viejos bodhisattvas recuerdan a los Jin Hai, y aunque no pueden ver las almas de los niños que asesinaron, no han confiado nunca en su progenie. Quizá vean a los Niños Dorados en sus sueños, cayendo al suelo en el palacio de Meru... visiones de su propia depravación que los acosan por toda la eternidad.
Creo que nuestros padres tienen también atisbos ocasionales de lo que hay en nuestro interior. No saben qué es lo que tanto les perturba de nosotros, ni entienden por qué nuestras miradas parecen tan acusadoras. No se imaginan qué a veces nos tienen miedo.
¿Por qué ha dictado el Cielo que volvamos milenio tras milenio? Quizá nosotros, los Caminantes de las Sombras, representemos un mensaje de la Augusta Personalidad de Jade: "Destruiste a tus hijos, y te enfrentarán una y otra vez a las consecuencias de ese error". Quizá nuestras almas sean necesarias de alguna forma que ignoramos para la Edad del Pesar. Es una verdad innegable que hay más Dhampyros vivos en la actualidad que en cualquier otro momento de nuestra historia. ¿Acaso será una estadística irrelevante?
Resbalando por la Historia
En China, los Dhampyros ayudamos con la Escritura durante la dinastía Shang. Huimos de su caída con nuestros padres. Combatimos a los servidores del cazador de demonios Yi, pero comprendimos la justicia de su causa y finalmente nos pusimos de su lado. Por eso podemos seguir soportando la mirada del Ojo del Cielo mientras nuestros padres son incapaces de ello. Pero el recuerdo de nuestra tradición hace que la luz del sol sea incómoda para nosotros.
Los Caminantes de las Sombras intentaron suavizar las relaciones entre las cortes durante la dinastía Han. Cabalgamos con Ghengis Khan y los mongoles. Vimos los primeros movimientos en Asia de las potencias occidentales, actuando a veces como exploradores y espías para nuestros amos. Hicimos la Larga Marcha con Mao.
Allí donde han estado los Kuei-jin, los semicondenados hemos estado con ellos. Permanecemos a la sombra de nuestros padres, siendo nuestro único pecado el de haber nacido. Somos un constante recordatorio de la debilidad de los Kuei-jin. Somos demasiado valiosos para matarnos y les recordamos demasiado para respetarnos.
Nuestro Legado
¿Y dónde nos deja esto?
Como he dicho, hace justo un año fui visitado por alguien que lo sabe todo sobre nosotros, porque nos ha acompañado a lo largo de los tiempos. No diré su nombre, pero sin duda visitará a otros en los años venideros. Ha observado, y esperado, y decidido que es el momento de que sepamos lo que el tiempo nos ha ocultado: quiénes somos. Nuestros padres no pueden decirnos, y tampoco lo harían si pudieran.
Así pronuncio este testamento, para que ustedes, mis hermanos, puedan saber lo que verdaderamente somos. No sólo semicondenados, sino también semibenditos. Somos los hijos de los Wan Xian así como de los Wan Kuei. Nuestros padres no sólo son monstruos, sino almas caídas que necesitan ser guiadas de vuelta a casa. Tenemos el deber o de servir a nuestros padres, sino de guiarles, de ayudarles en su redención.
Al dejar atrás esta vida y volver al Gran Ciclo "espero que evitando el mundo Yomi" les dejo esto, mi último regalo para los Hijos del Crepúsculo que sigan mis pasos.
No puedo darles poder, no puedo darles paz. Pero puedo darles la verdad.
-Jin Kai Wai, Beijing, 18 de junio de 1999





















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