En su nivel más básico, los Dhampyros son (al menos a medias) humanos. Necesitan comer, dormir, respirar... todo lo que necesitan los mortales corrientes. Un médico que examine a un Dhampyro no notará ninguna diferencia entre su paciente y cualquier otro humano. Con todo, los Dhampyros tienen casi siempre un físico impresionante, y sus sentidos y facultades mentales son bastante agudos. Aunque no hayan nacido con esas características, el potencial está ahí. La inhumana vitalidad de los semicondenados hace que sea mucho más fácil para ellos desarrollar sus cuerpos y almas.
Los Dhampyros tienen el mismo número de niveles de salud que los mortales corrientes, y sufren el daño habitual por los ataques contundentes. Pueden soportar mucho más castigo físico que un ser humano: además de absorber el daño contundente, los Dhampyros pueden intentar absorber el daño letal. Las armas de fuego infligen daño letal a un Dhampyro, no contundente (como ocurre con los Catayanos). Los Dhampyros muy viejos son físicamente más débiles y tienen menos niveles de salud (ver Trasfondo Edad).
Otro efecto secundario de la extraña fisiología de los Dhampyros es su completa inmunidad a todas las enfermedades normales. Un semicondenado podría exponerse al virus Ébola y no le pasaría nada. Cualquier virus o bacteria que entra en el cuerpo de un Dhampyro es eliminado por el sistema inmunológico o resulta incapaz de infectar el tejido semimuerto. Los Dhampyros no pueden propagar enfermedades.
El veneno afecta a los Dhampyros igual que a los mortales, pero pueden absorber el daño como cualquier otra forma de daño letal.
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