La Revuelta Anarquista

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Los informes de los eventos que se estaban desarrollando se extendieron por España con una rapidez preocupante, cual contagio. A raíz de la caída de Hardestadt, cada vez más Neonatos alzaron sus puños hacia el cielo, enfurecidos por el asesinato de Galaric y determinados a mostrar su apoyo al creciente movimiento de quienes pretendían derribar las viejas tiranías. Dirigieron su ira contra los Antiguos y comenzó el baño de sangre para poner fin a su opresión y tomar el poder ellos mismos. Si un Neonato podía Diabolizar a un Antiguo, ¿por qué no podían otros? No volverían a ser los peldaños del camino de un Antiguo hacia el poder o los instrumentos del éxito de un señor. Eran Cainitas como los Antiguos, igual de capaces en sus ambiciones pese a su edad. Tenían el mismo derecho al poder y a hacer lo que desearan: el derecho de la Sangre.

Esta revuelta de la juventud ácrata pronto se convirtió en una guerra de desgaste. Los desorganizados Retoños peleaban con más pasión que estrategia contra los Antiguos, mucho más experimentados, y sus incontables siervos. Este amargo conflicto consumió el siglo XV y la noticia se extendió más allá de España al resto de Europa. Los vampiros de todo el continente contemplaron la situación de los Neonatos españoles y establecieron paralelismos con su propia existencia bajo sus Antiguos. Los Príncipes, siguiendo métodos de probada eficacia, hicieron algo que era natural para ellos: apretar el yugo sobre sus súbditos para impedir que se rebelaran. Individualmente, muchos dominios resistieron como Torres de Marfil, pero dentro de esos dominios muchos Neonatos se solidarizaron con los Vástagos de España.

Los Antiguos del Clan Lasombra no fueron una excepción en su respuesta. Sin embargo, uno de ellos, Gratiano de Veronese, tomó una dirección distinta. Supuestamente era el último Chiquillo del Antediluviano Lasombra y vio una oportunidad de utilizar este movimiento popular para sus propios fines. En secreto, proporcionó a los Anarquistas el liderazgo y el apoyo del que carecían. Sus contribuciones fueron muchas: los organizó en grupos cohesionados por toda España, estableció líneas de comunicación para coordinar sus esfuerzos y extender el mensaje de rebelión y, lo más importante, viajó a los Balcanes para asegurar la alianza del Clan Assamita para que ayudara a la causa Anarquista. Los Assamitas se habían adentrado en Europa hacía ya mucho tiempo, Diablerie a Diablerie, en su búsqueda espiritual para encontrar la sabiduría de su progenitor. Mediante el trato con los Anarquistas de Gratiano, los Assamitas se ganaron ser el músculo de la rebelión y pudieron recurrir a sus maestros asesinos. Ambos bandos se beneficiaron y juntos combatieron contra los Antiguos en España.

Medio siglo después, la revuelta estalló en Italia cuando los Lasombra, liderados por Gratiano, se alzaron contra sus Antiguos. Aliados con fuerzas de los Brujah y los Assamitas, Gratiano y los Lasombra combatieron hasta llegar a Sicilia. Allí quebraron la moral de los Antiguos Lasombra al cortar la cabeza de la mismísima serpiente: siguiendo el ejemplo de Patricia de Bollingbroke, Diabolizaron al Antediluviano Lasombra.

Al mismo tiempo, en Europa Oriental los Tzimisce combatieron enemigos en múltiples frentes. Sus tierras ancestrales se vieron amenazadas desde occidente por los alemanes y desde oriente por los mongoles, mientras el propio Clan perdía la batalla para rechazar la creciente influencia de los Tremere. Muchos Antiguos Demonios, para su desgracia, respondieron como otros Antiguos europeos cuando se enfrentaron a la Inquisición: se ocultaron y dejaron que sus Chiquillos murieran en su lugar. A medida que creció la matanza, dos Neonatos Tzimisce, Velya y Lugoj, hicieron un descubrimiento impresionante: un ritual que podría romper los Vínculos de Sangre y unir a quienes participaran en él. Lo llamaron “Vaulderie” y los lazos de camaradería que creaba fueron conocidos como Vinculi. A medida que el conocimiento y la práctica de este Ritual se extendieron, jóvenes Demonios de toda Europa Oriental liberados de sus Vínculos de Sangre se vengaron de sus antiguos amos. Aunque pocos mostraban simpatía hacia la Revuelta Anarquista, el momento en el que se produjo fue favorable.

En efecto, pese a que la Vaulderie era capaz de unirlos, muchos de los jóvenes Demonios actuaban por cuenta propia. Tan aislacionistas como sus Antiguos, preferían saborear esa perversa traición en sus propios términos. Esta predisposición los puso luego en desacuerdo con muchos de sus fortuitos colegas Anarquistas, quienes actuaban unidos en vez de en solitario. La desconfianza hacia los Demonios se agravaría cuando un considerable número de Antiguos Tzimisce supervivientes decidieron unirse a los Anarquistas, no por apoyar su causa, sino para salvarse ellos mismos.

En las últimas décadas del siglo XV, los jóvenes Demonios acabaron finalmente con su Antediluviano. Incluso tras este gran golpe contra sus opresores, sus enemigos Cainitas y mortales continuaban asediándolos desde todos los flancos. Con pocas opciones disponibles, los Tzimisce Anarquistas se dirigieron hacia Europa Central y Occidental para unirse a sus nuevos correligionarios. Tras compartir la Vaulderie, los pequeños puntos de resistencia Anarquista fuera de España e Italia estallaron en un conflicto generalizado.

Los Anarquistas liberados consideraron a todos los Cainitas como leales bien a su naciente movimiento, bien a los Antiguos. Tal perspectiva en blanco y negro no dejaba lugar para los matices de la Jyhad y los combates se intensificaron a un ritmo alarmante. A medida que se recrudecía el desorganizado y descontrolado conflicto, los mortales no tardaron en verse atrapados en el fuego cruzado, lo que atrajo la atención de la Sociedad de Leopoldo.

La historia se repetía. Los Antiguos se retiraron a sus remotos refugios o entraron en Letargo, dejando a los Anarquistas expuestos, y la Inquisición acabó sin piedad con todos los que encontró. Mientras los Anarquistas trataban de evitar su inminente fin, reapareció un Ventrue al que todos creían convertido en polvo desde hace mucho: Hardestadt (o al menos alguien que llevaba su nombre). Pero ahora, en medio de la carnicería de la Revuelta Anarquista y los fuegos de la renovada Inquisición, sus llamadas para la creación de una organización que unificara a los Vástagos fueron recibidas por oídos más receptivos. En Viena su campaña tuvo éxito y los líderes de los principales Clanes europeos se unieron para formar el Círculo Interior. Juntos juraron aplastar el Movimiento Anarquista para siempre. Había nacido la Camarilla.

Tras siete años de exterminio a manos de la Inquisición y de represalias organizadas por la Camarilla unificada, Hardestadt decidió  entablar formalmente conversaciones de paz con los líderes nominales del Movimiento Anarquista. En 1493 sus líderes viajaron a Hampshire, Inglaterra, a la Abadía de la Santa Corona en la pequeña villa de Thorns, cerca de Silchester. Acudieron siendo plenamente conscientes del clamor de sus hermanos por toda Europa, muchos de los cuales lucharían hasta la muerte antes de volver a someterse, pero racionalmente sabían que era mejor negociar mientras aún conservaban algo de poder y no esperar a perderlo por completo. Las conversaciones de paz en la Convención de Thorns fueron poco más que una propuesta de rendición. Según sustérminos, los Anarquistas se someterían a la autoridad de los Antiguos bajo una amnistía garantizada por la Camarilla, mientras que los Assamitas, por su implicación en la revuelta, serían maldecidos por los Tremere para evitar un repunte en su oleada de Diableries. Pese a la invitación a unirse bajo la bandera de la Camarilla, los Assamitas mantuvieron su independencia. Pero fue la reacción de los Lasombra la que moldeó el curso de lo que estaba por llegar.

Los Lasombra querían una negociación, no una rendición. Traicionados por la sumisión de sus compañeros Anarquistas, declararon una guerra eterna contra la Camarilla y todo lo que ésta defendía, quemando Silchester hasta los cimientos mientras partían disgustados. Muchos Tzimisce los siguieron. Cincuenta años después, con el apoyo de cada vez más miembros dentro de los Clanes por toda Europa, emergieron de las sombras siendo lo que los Hijos de Caín ahora conocen como el Sabbat.

Una vez firmada, la Convención de Thorns trajo una paz tensa a Europa. Lentamente, los fuegos de la Inquisición menguaron y se apagaron, para regresar por donde habían venido. Aunque la Camarilla estableció una política social similar a la existente antes de la Revuelta, se había logrado una victoria permanente que jamás podría deshacerse. La destrucción de dos Antediluvianos e incontables Antiguos enseñó a los supervivientes que los viejos modos de la Jyhad no eran infalibles y ya no bastaban. Los Antiguos ya no podrían pisotear a los jóvenes sin represalias... a no ser que lo hicieran muy cuidadosamente.
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