Progenie

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La Tradición de la Progenie ha sido desde hace mucho una fuente de violento resentimiento entre generaciones. Tal vez no tanto como la del Dominio, si nos centramos sólo en los números, pero puedo atestiguar que no hay furia como la de un frustrado aspirante a Sire, contemplando sin poder hacer nada cómo el tiempo marchita la vitalidad de quien ha elegido para lo acompañe toda la eternidad. Esto sucede especialmente cuando la razón para privar de tal premio es mezquina, como la desconfianza generalizada hacia los jóvenes o la creencia de que crítica equivale a traición.

Favores como el derecho a ser Sire son moneda de cambio en muchos dominios, especialmente en la Camarilla, lo que obliga a los súbditos a esperar durante años sólo para que el regalo parezca más valioso. En cambio, en el Sabbat no importa que alguien Abrace por capricho, pero sólo son libres de hacerlo porque esperan que la mayoría de sus Chiquillos muera cuando se consuman los fuegos de la última Cruzada. Somos mejores que todo eso, al menos si nos lo preguntas a nosotros. En teoría, somos una comunidad de Vástagos responsables en los que se puede y debe confiar para juzgar por nosotros mismos cuándo alguien es merecedor de la Sangre. Pero en realidad, con frecuencia sufrimos las consecuencias de Abrazar imprudentemente o de un modo demasiado prolífico. Superpoblación es una palabra prácticamente prohibida en el elevado discurso Anarquista (tantos de nosotros tenemos malos recuerdos de Antiguos hablándonos de “excedente” a la vez que aplicaban favoritismos), pero te la susurraré aquí. Por ahora sólo unos pocos de nuestros dominios realmente carecen de suficientes recipientes como para salir adelante, pero esos pocos son testigos de una carnicería no vista desde la Primera Revuelta. ¿Y cuál es la respuesta de sus ciudadanos? Abrazar más carne de cañón, por supuesto. El peligro para la Mascarada es enorme.

En muchos otros lugares el problema es más político, pero no menos mortífero. Nuestros blandos sistemas de gobierno funcionan mejor a pequeña escala, en la que todo el mundo se conoce y cree saber bien lo que se cuece. Demasiados Vástagos nos ponen nerviosos a un nivel primario, aun así palidecemos ante la idea de ordenar un pogromo. Es una ofensa a nuestra identidad, por lo que la población crece, al igual que el resentimiento de la vieja guardia, y cuando se vuelve evidente entre los Neonatos que la autoridad central es demasiado débil para controlarlos a todos, surgen tiranos miserables para llenar el vacío. Esta guerra de matones sólo puede terminar de dos modos: o los viejos habitantes permiten en silencio que el liderazgo asuma poderes de ejecución sumaria, naciendo un Barón, o el gobierno formal se derrumba bajo la carga de su propia insignificancia, comenzando un interregno caótico (la única buena consecuencia es que, de un modo u otro, la población vampírica local se reducirá hasta un tamaño manejable).

Orden sin Tradición

No es necesario decir que pocos consideran deseables cualquiera de ambos resultados. Aun así, encontrar una alternativa no es sencillo. No ayuda que muchos consideren que está mal que un Sire ejerza una autoridad coercitiva sobre un Chiquillo, ni que demasiados Sires sean poco más que Chiquillos. Los que hemos acumulado experiencia arduamente sabemos que la última persona a quien preguntar sobre la idoneidad de un candidato es al futuro Sire. Es obvio que no podemos regresar al viejo sistema de prestación y adulación, pero debe haber algún tipo de seguro, especialmente en ciudades densas donde los problemas de un Vástago probablemente salpiquen a los demás. En cualquier caso, es claramente mejor prevenir Abrazos no deseados en vez de prohibirlos retroactivamente, con el asesinato aprobado por la Praxis local.

En consecuencia, la mayoría de dominios estables emplean alguna especie de proceso de aprobación grupal, pero deben ser muy cuidadosos en cuanto a qué grupo goza de tal autoridad. Normalmente, no consideramos inteligente otorgar el poder a los mismos Vástagos que dirimen las disputas sobre dominios, que trazan las fronteras o que tratan con las autoridades mortales. Como mínimo, generará lamentos contra la opresión que tan sólo los Barones más fuertes pueden permitirse ignorar. Lo normal es que el tema se decida en una votación general o un comité electo, lo que conlleva su propio tipo de politiqueo y regateo, incluso si en teoría los derechos de Abrazo se reparten por igual entre los ciudadanos o se otorgan como una recompensa por contribuciones cívicas (ni te imaginas con qué frecuencia lo que se dice sobre un candidato en un debate, y las heridas en egos y reputaciones, conducen después a la violencia). Los que desafían el juicio y Abrazan igualmente suelen ser desterrados y sus Chiquillos adoptados por un Vástago prominente del dominio, lo que es a la vez gesto de piedad y toma de rehenes.

Hay también muchos dominios que han instituido algo similar a los sistemas de compromiso franco y tithing de la Inglaterra medieval, aunque raramente son llamados así (“convenio” es el nombre habitual y también he escuchado círculo, cuadrilla, cumann y ekipo). Según este método, los ciudadanos vampíricos (cuanto más dispares mejor) son vinculados al azar entre ellos en una especie de juramento grupal. No me refiero a un Juramento de Sangre, lo que sería posible pero probablemente desaconsejable. Dentro de este grupo, que puede oscilar entre los 6 y 13 miembros, cada cual es responsable de los demás. Si uno de ellos comete un crimen, los demás deben entregarlo o responder por él como si lo hubieran cometido todos ellos. Si uno desea Abrazar, dos terceras partes del grupo deben estar de acuerdo y todo el convenio comparte luego la responsabilidad como Sire. Cuando este sistema funciona, sus Vástagos deben preocuparse inherentemente del bienestar del resto. El convenio va más allá de los lazos pandilleros, prejuicios de Clan y etnias mortales.

Desafortunadamente, conozco una serie de comunidades, particularmente en el Sudoeste de los Estados Unidos, Irlanda del Norte y África donde la práctica ha terminado mal. La aleatoriedad del proceso de selección es muy sospechosa y los convenios exacerban las tensiones locales en vez de limarlas. Estos dominios no tardan en estar listos para una invasión del Sabbat, especialmente si traen a sus cautivadores misioneros, con promesas de verdadera hermandad en la copa de la Vaulderie y el martirio por Caín.
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