01 - Revelaciones

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Los ángeles se aparecieron ante Muhammad de improviso, en la noche más calurosa del año. Aún tenía un interés pertinaz en cuestiones religiosas y solía viajar fuera de la ciudad a meditar en las cavernas que salpicaban las cercanas colinas como si de un panal se tratase. Un anoche, después de horas de meditación, escuchó una voz atronadora que simplemente dijo:

"¡Lee!"

Impresionado, Muhammad respondió que no sabía como.
"¡Lee!", le imprecó la voz, y de nuevo protestó.
"¡Lee!", le ordenó la voz, y cuando Muhammad preguntó qué era lo que debía leer, vio un pergamino que parecía confeccionado con seda, con palabras inscritas en fuego. Aunque no sabia leer, comprendió las palabras y las pudo recordar como si las hubiesen escrito en su corazón. Aterrorizado salió a trompicones de la caverna, con el temor de que estuviese poseído o loco, pero entonces escuchó una voz del cielo que le decía "¡Oh Muhammad! Eres el mensajero de Alá, y yo soy Gabriel". Alzó la vista y contempló a un ángel, radiante en su gloria. La visión expulsó el miedo de su mente. En un instante la visión desapareció y Muhammad estuvo solo de nuevo.

Muhammad corrió a decirle a Khadija lo que había ocurrido. Ella y más tarde Waraqa, su primo, insistieron que la visión era una auténtica señal del cielo y que estaba a punto de recibir una gran revelación. Fueron los primeros discípulos de Muhammad, junto con el mercader Abu Bakr, el hijo de Abu, Alí, y el devoto sirviente de Muhammad, Zayd. Le instaron a regresar a las cuevas cada noche, en donde los ángeles le revelaron visiones del fin del mundo y del terrible destino que esperaba a todos los que no se arrepintiesen de sus errores y adorasen al Dios único.

Dijeron a Muhammad que él era el último mensajero que enviaban a la humanidad, siguiendo los pasos de Ibrahim (Abraham), Musa (Moisés) e Isa (Jesús) y que aportaba la última enunciación de la palabra de Dios a la humanidad. A pesar de todo lo que le habían mostrado, Muhammad siguió sintiendo recelo e inseguridad acerca de su misión como profeta de Alá. Durante los primeros cuatro años después de su revelación sólo habló a sus seguidores más próximos sobre lo que había visto. Sus discípulos eran menos de cuarenta, y sobre todo miembros de su propio hogar, amigos íntimos y parientes. Hasta el 614 EA, a la edad de cuarenta y tres años, Muhammad no logró reunir el coraje para difundir su mensaje al pueblo de La Meca.

Las Gentes del Libro

El linaje de Muhammad como profeta divino, que comienza en Abraham, paso por Moisés y finalmente Jesús, implica un parentesco muy cercano entre el Islam y tanto la cristiandad como el Judaísmo. Muhammad lo reconoció al referirse a los cristianos y judíos como "Gentes del Libro" e instó a los musulmanes fieles a tratarles con tolerancia y compasión, puesto que sólo estaban un poco apartados de la verdadera religión de Alá. Aunque más tarde hay casos notables de persecución y crueldad contra los miembros de ambas religiones en la historia del Islam (incluso por parte del propio Muhammad), en la mayoría de los casos se trataba a los cristianos y judíos con considerable piedad y compasión, sobre todo en la ciudad de Jerusalén. Incluso cuando Salah al-Din recuperó Jerusalén en 1187, trató a los ocupantes cristianos y judíos con respeto y cortesía, y les permitió permanecer en la ciudad y seguir sus ritos en paz, siempre que obedeciesen la ley y pagasen el impuesto islámico que se exigía a todos lo dhimmi (los no creyentes protegidos) del imperio.
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