Emisario

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Este cargo es informal, los emisarios también son llamados embajadores, heraldos y (por los miembros más cínicos de la secta) reemplazables. El Movimiento Anarquista está rodeado de enemigos (o como mínimo, de rivales). En la mayoría de las ciudades, los anarquistas se entremezclan con Vástagos de la Camarilla. En la Costa Oeste, los restos del Estado Libre Anarquista lucha por mantener su independencia del Mandarinato de la Nueva Promesa.

Las cuadrillas nómadas suelen cruzar territorio Sabbat, momento en el que tienen poco margen de maniobra para cometer errores. Algunos anarquistas, por extraño que nos parezca, deben convertirse en portadores de ramas de olivo, negociando, regateando y participando en los juegos de prestación y diplomacia en aras de la supervivencia del movimiento.

El barón suele encargarse de designar a estos emisarios, aunque algunos son escogidos por votación popular (en especial en aquellas ciudades en las que no existe ningún Vástago que ostente el título de barón, o en el caso de manadas nómadas sin líder fijo) y otros simplemente descubren que tienen talento para ello. Su misión consiste en entrevistarse con los líderes de las otras sectas y convencerles de los beneficios que les reportaría ayudar a los anarquistas, o como mínimo, no interferir con el movimiento. ¿Ya sabéis por qué se les llama reemplazables?

Pero lo que contribuye a complicar la labor de estos emisarios es que dependen enteramente de su capacidad de persuasión, ya que carecen de bienes que ofrecer: El enviado de un príncipe de la Camarilla o de un obispo del Sabbat habla investido de la autoridad de su señor, una autoridad que le permite garantizar que la oferta llegará a oídos adecuados. En cambio, los emisarios anarquistas tienen suerte si cuentan con el apoyo dé un barón. Muchos de ellos no tienen esta fortuna, ya que suelen defender la posición de una banda itinerantede Vástagos que la mayoría de antiguos odian simplemente por su afiliación sectaria y por sus actitudes.

Pero incluso aquellos que hablan en nombre de un barón poseen poco poder negociador. Los barones no cuentan con la misma influencia sobre su territorio que los príncipes, ni tampoco pueden imponer cualquier acuerdo al que se comprometan si los Vástagos de su dominio no están de acuerdo. A menudo, lo mejor que un emisario puede esperar de su visita es que el antiguo con el que se está entrevistando esté dispuesto a realizar concesiones a cambio de un favor personal del propio enviado, y que aquellos por los que el emisario ha dado la cara estén dispuestos a ayudarle a devolver el favor más adelante (o incluso asuman la deuda).

El deber más frecuente de un emisario consiste en entablar negociaciones con príncipes de la Camarilla (o con cualquier otro antiguo). A pesar de su aislamiento, los anarquistas todavía forman parte de la Torre de Marfil, por lo que alguien tiene que velar por sus intereses, aunque los antiguos no poseen el menor interés en hacerlo. En una ciudad Camarilla, la misión más frecuente de un emisario consiste en defender los intereses de otro anarquista que ha sido castigado por alguna violación de la interpretación que hace el príncipe de las Tradiciones. Si la infracción es leve, muchos príncipes dejan al infractor libre con un castigo mínimo si el emisario es lo bastante persuasivo y ofrece un incentivo adecuado, como un favor personal (no es raro que un emisario hable con el condenado y obtenga un favor a cambio de su ayuda. De ese modo puede traspasar su deuda con el príncipe al neonato responsable de la falta).

En el caso de una infracción más seria, puede que el emisario deba utilizar sus dotes de charlatanería para tener una oportunidad de asegurar la libertad de su camarada. Algunos emisarios poseen reputaciones similares a la de los abogados más famosos, y se sabe que muchos han viajado de una punta a otra del país a petición de un anarquista especialmente importante que se encuentra en problemas serios a manos de un príncipe irritable. Muchos emisarios anarquistas, y en especial los de la Costa Este, deben tratar con los Catayanos del Mandarinato de la Nueva Promesa. Aquellos anarquistas de la zona que no viven en el interior del territorio del Mandarinato se sienten aterrorizados ante el prospecto de la expansión Catayana, a pesar de que hasta la fecha el conflicto ser ha circunscrito a una serie de ciudades determinadas.

Por desgracia, los embajadores anarquistas no suelen conseguir demasiado en el Mandarinato Catayano. Desconocen lo que desean los Catayanos, por lo que no saben sobre que premisas negociar. Los Vástagos orientales no suelen comerciar con favores, al menos no en una forma comprensible para los anarquistas. Los emisarios carecen incluso de la oportunidad de presentarse como un enemigo potencial que hay que tener en cuenta, ya que su número es bastante exiguo. En resumen, los emisarios del Mandarinato son meramente simbólicos, si los Catayanos creen que son tratados con el respeto adecuado, puede que dejen los territorios circundantes en paz. Los emisarios que deben negociar con el Sabbat son menos frecuentes. Se trata de una misión suicida. A pesar de sus proclamas y sus puños alzados, los anarquistas forman parte de la Camarilla y el Sabbat es consciente de ello. En ocasiones, una comunidad anarquista puede tener algo útil que ofrecer a la Espada de Caín, o una cuadrilla puede proveer un servicio más valioso a un “anfitrión” Sabbat que a los miembros de su propia sangre.

En estos casos es necesaria la presencia de un negociador experto (y con nervios de acero). Debemos destacar que a pesar de todo, ningún anarquista en su sano juicio recibe este nombramiento con felicidad, y se sabe de acérrimos defensores de la causa que tuvieron asuntos urgentes que atender cuando su barón comenzó a solicitar voluntarios.

Una Red Intrincada... 

Existen varios emisarios anarquistas que han llevado hasta el extremo el comercio de favores personales a cambio de la obtención de beneficios para la secta. Los mitos urbanos que hablan acerca del Movimiento Anarquista detallan las acciones de varios Vástagos (el Malkavian Sean Rycek es el más famoso, aunque muchos otros nombres han aparecido en estos relatos) que se han empeñado hasta tal punto con múltiples príncipes y antiguos de la Camarilla a través de la red de prestación que nadie se atreve a solicitar el pago de estos favores.

Según la leyenda, Rycek ha realizado tantos tratos con antiguos rivales que cada uno de ellos está preocupado por lo que el Malkavian cuente a sus enemigos sobre sus actividades. Mientras nadie solicite al anarquista el pago de los favores, todo el mundo está a salvo. Si alguno de estos antiguos solicitara la devolución de uno de los favores, el resto caería presa del pánico (ya que asumirían que el espionaje de sus actividades forma parte del favor), y harían lo mismo. De esta forma, Rycek y el resto de los emisarios, a pesar de deber cientos de favores, no se ven obligados a devolverlos. Por supuesto, cualquier experto intérprete puede crear docenas de huecos en historias como esa, aun- que a pesar de todo, los anarquistas afirman que son reales. No queda claro sin han nacido como parte de los deseos de ciertos neonatos o son reales, aunque existe cierta base de verdad en ellas. Varios arcontes de la Camarilla buscaron a un anarquista llamado Sean Rycek hasta que consiguió despistarlos justo antes de la formación del Mandarinato de la Nueva Promesa.
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