Tortura

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Confesé; pero confesé una mentira. Confesé para obtener la absolución; pero ahora esa falsedad pesa más en mi corazón que cualquiera de mis anteriores pecados. ¡Que Dios me perdone! Desde entonces he estado condenado, mi confesor me asedia; me amenazó y acosó hasta que casi empecé a pensar que yo era de verdad el monstruo que decía. Me amenazó con la excomunión y el fuego del infierno en mi último momento, si seguía empecinándome. 

Querida señora, no tenía nada más que me apoyase; todo me miraba como una ruina condenada a la ignominia y la perdición. ¿Qué podía hacer? En un mal momento recurrí a una mentira; y ahora sólo yo soy verdaderamente miserable. 

—Mary Shelley, “Frankestein”. 

Ningún estudio de la Inquisición sería completo sin, al menos, una mención a la tortura. La Iglesia de los primeros tiempos desaprobaba la tortura como una forma de tratar con la herejía (o cualquier otra cosa), pero aquello hizo poco que mitigar la aplicación de la tortura como una parte del procedimiento inquisitorial. Por supuesto, la Inquisición de nuestros tiempos rechaza la tortura, aunque hay Inquisidores que siguen considerándola como un medio práctico y válido. Diversos instrumentos de tortura se han hecho familiares desde entonces, y algunos pueden ser encontrados todavía en uso. Pero no creas que la Sociedad tiene la exclusiva de su empleo: los instrumentos del miedo y el dolor son de aplicación universal.

La Cuna 

Se trata de una cuna con púas en el interior. Los prisioneros eran encerrados y medidos en ella, encadenados o inmovilizados de alguna manera. No hace falta decir que no era un sueño muy cómodo.

El kranz 

El kranz era una banda de metal que se iba apretando poco a poco en torno a la cabeza de la víctima.

Strappado 

Es un aparato que mantenía a los prisioneros en el aire por medio de una cuerda, con los brazos atados tras el cuerpo. Los torturadores creativos podían ir añadiendo pesos lentamente a los pies de la víctima. Otra alternativa era golpear repetidamente la cuerda de la que colgaba el prisionero: las vibraciones acababan por dislocarle los hombros. Otras variantes del término “strappado” son la “polea” o el “Aufziehen”.

El Potro 

El potro es uno de los más famosos instrumentos de tortura, que estiraba los miembros del prisionero, normalmente hasta sacarlos de sus articulaciones.

La Hija del Trapero 

Este aparato causaba el efecto contrario al del potro, comprimiendo lentamente el cuerpo del prisionero, causando fracturas, desgarros y hemorragias.

Las Empulgueras 

Unas pesas remachadas en metal que comprimían los pulgares del prisionero. Las empulgueras son portátiles y verdaderamente útiles para confinar a prisioneros en campo abierto.

Peine Forte Et Dure 

Componente habitual del código legar anglosajón, este medio de tortura forzaba a la víctima a yacer sobre la espalda en el suelo con una tabla puesta encima. Se iba acumulando peso lentamente sobre la tabla, hasta que el prisionero confesaba o moría. Giles Cory murió así en el pueblo de Salem en 1692, negándose a confesarse culpable de una acusación de brujería.

La Bola 

La bola, en su forma más básica, no era más que una serie de tablas puestas en torno al pie de un prisionero; al añadir cuñas entre las tablas, iban aplastando los huesos del prisionero. Otras variantes cubrían también la rodilla.

La Mordaza 

Era un instrumento de metal de forma parecida a una pera mientras estaba cerrado. Podía introducirse en la boca del prisionero y abrirse, de forma que las mandíbulas del prisionero quedasen dolorosamente abiertas.

Tortura del Agua 

Este término se aplica a dos formas de tortura. En la primera, el torturador ataba al prisionero a una escalera, los pies por encima de la cabeza, y con las muñecas y los tobillos fuertemente apretados, de forma que la cuerda cortase la carne si el prisionero se movía. Tras sujetar fuertemente la cabeza del prisionero, le abría la boca con una pinza de hierro. Sus agujeros de la nariz eran obturados (normalmente con madera), y se le ponía una gran pieza de lino sobre la boca. Después, el torturador sólo tenía que ir derramando lentamente jarras de agua por la garganta del prisionero, lo que a su vez llevaba la tela hacia abajo. El prisionero se tragaba el agua y la tela de forma automática, y sus forcejeos hacían que las cuerdas cortasen su cuerpo. Cuando la víctima estaba medio muerta a causa de la asfixia, la tela era recuperada y el tratamiento “suspendido”. Un método vistoso y eficaz, es fácil emplearlo con un equipo mínimo. Una variante posterior, más sencilla, consistía simplemente en ir va ciando jarras de agua por la garganta del prisionero.

La Silla Española 

Era una silla de hierro en la que se sentaba el prisionero, con brazos y cabeza inmovilizados por una banda de metal, y sus pies desnudos colocados muy cerca de un brasero. Los pies eran untados de grasa y asados lentamente hasta quedar en su punto. La grasa debía ser aplicada continuamente para que la carne no se quemara demasiado rápido.

La Madonna 

Este instrumento (que tiene diversos nombres) era una estatua con forma de mujer. La parte frontal estaba cubierta de púas y clavos; accionando los oportunos resortes, los brazos de la estatua abrazaban al prisionero, aplastándole y clavándole los pinchos al mismo tiempo.

Otros Métodos 

Los azotes, las palizas, y cortar los dedos de pies y manos (gradualmente, por supuesto) son algunos de los otros métodos de tortura empleados. Las variantes son infinitas.

La Tortura y lo Sobrenatural 

A pesar de todos sus poderes, las criaturas sobrenaturales son tan susceptibles como los mortales a los métodos e instrumentos del torturador. Cierto, algunos seres son más resistentes al dolor, o incluso capaces de curar sus heridas de forma instantánea, pero siempre hay alguna forma de solventar esto. La Sociedad descubrió muy pronto que los vampiros eran capaces de curarse algunas heridas casi en el mismo momento en que eran infligidas, pero que eso les debilitaba en última instancia. Cuanto más débil estaba el vampiro, más probable era que se volviese loco a la vista de la sangre, recuperando sus fuerzas si ingería bastante.

Los Inquisidores experimentados en “interrogar” a los vampiros aprendieron a alternar sus torturas con el premio de un gato o una rata muertos... apenas lo suficiente para mantener la no vida del vampiro, pero en absoluto lo necesario para devolverle su peligroso estado anterior. Los hombres lobo podían ser igualmente problemáticos. Pero los Inquisidores aprendieron a equipar sus mazmorras con grilletes especiales hechos con una aleación de plata: un hombre lobo en forma humana que intentase adoptar su mucho mayor forma demoníaca sufriría cortes en muñecas y tobillos. La amputación era un resultado frecuente. Los Inquisidores descubrieron también que una mordaza de aleación de plata podía ser muy útil frente a un posible cambiaformas. Con el tiempo, los Inquisidores han experimentado con variantes en plata de muchos instrumentos de tortura (como también han hecho otros oponentes de los Garou).

Sistema 

Los Narradores pueden exigir una puntuación mínima de Tortura 1 para emplear los instrumentos más sofisticados... cualquier cosa más allá de los azotes y la amputación. Otra opción es que permita una tirada de Inteligencia para determinar si el torturador en potencia puede deducir el modo de empleo del instrumento. Se supone que los prisioneros atados a un instrumento de tortura sufren daño de forma automática. No hay elementos de posibilidad o de “si” un personaje sufrirá daño.

Lo único que es incierto es la cantidad de daño que va a sufrir. Cada instrumento listado tiene una puntuación de daño distinta; para determinar el daño que sufre la víctima, tira un número de dados igual a la puntuación (dificultad 6). Los personajes con la habilidad de Tortura pueden moderar los resultados de forma que no se inflija más de un nivel de daño cada vez que se aplica el instrumento: después de todo, no tendría sentido matar al prisionero la primera vez que se le pusiese en el potro. Los instrumentos de tortura pueden ser empleados repetidamente, hasta el punto de matar a un prisionero. No obstante, muchos instrumentos de tortura tienen un daño máximo, que representa el número de Niveles de Salud que le pueden ser arrebatados a la víctima, sin contar la absorción de daño. Más insidioso que el daño físico (que ya es bastante horrible de por sí) es el psíquico y emocional infligido a la víctima: muchos inocentes han reconocido crímenes imaginarios para acabar con su tortura.

A fin de cuentas, están siendo interrogados. Con frecuencia, el prisionero no tendrá respuesta a la pregunta (por ejemplo: “¿Dónde está el refugio del príncipe?” o “¿Cuánto tiempo llevas alimentándote de inocentes niños cristianos?”). Si un prisionero sabe algo que intenta ocultar activamente, debe pasar una tirada de Fuerza de Voluntad (a dificultad 6 + Manipulación del interrogador) cada vez que se sufre daño, para no revelarla. También tiene la alternativa de gastar un punto de Fuerza de Voluntad. Por cada turno de tortura, el interrogador tira Manipulación + Tortura (la dificultad equivale a la Fuerza de Voluntad del oponente). “Turno” tiene aquí un sentido amplio, no unos estrictos tres segundos. Un turno pasado con un instrumento de tortura puede oscilar entre 30 segundos y varios minutos.

Cada éxito anula un punto de Fuerza de Voluntad del prisionero. Cuando al prisionero no le queden puntos de Fuerza de Voluntad, abandonará por lo común toda resistencia, contestando a cualquier pregunta. Puede incluso inventarse las respuestas, simplemente para complacer al interrogador: confesando falsas culpas, señalando a cómplices en crímenes imaginarios o describiendo detalladamente pecados inexistentes. El truco está en hacer que el prisionero pierda su Fuerza de Voluntad antes de que la tortura acabe con su vida. Los torturadores hábiles son capaces de ello. Después de todo, la práctica lleva a la perfección.
Instrumento Daño Máximo
Cuna 2 -
Kranz 1 4
Strappado 1 6
Potro 3 7+
La Hija del Trapero 3 7+
Empulgueras 1 4
Peine Forte Et Dure 1 7+
Bola 1 5
Mordaza 1 3
Tortura del Agua 2 5
Silla Española 2 6
Madonna 3 7+

Daño: El número de dados tirados para determinar el daño causado por el instrumento (dificultad 6).

Máximo: El número máximo de Niveles de Salud que puede perderse a causa de un instrumento de tortura. Algunos sólo duelen y dejan cicatrices. Los que tienen una + detrás del número pueden ser empleados para matar lentamente a un prisionero; teóricamente, por supuesto, la víctima puede perder el deseo de vivir, y el Narrador puede optar por ignorar todas estas reglas en tal caso.
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