Los Dhampyros mueren. Les cuesta mucho más daño o tiempo, pero al final ocurre. Asumiendo que el Dhampyro no haya alimentado su P'o en vida, la muerte sigue su curso normal. El Dhampyro no tiene más o menos probabilidades de acabar en el Yomi o recibir el Segundo Aliento que un humano: sus propios pecados, resolución y perversidad son los que lo determinan.
Por otra parte, si el P'o de un Dhampyro ha crecido y prosperado, la muerte no es tan sencilla. Las almas de los Dhampyros muertos con una puntuación de tres o más en P'o son propensas a atraer a los Reyes Yama por su maldad y acabar en el Yomi para pasar una agradable temporada de tormentos infernales. Pero estas almas henchidas de P'o pueden ser lo bastante fuertes como para abrirse paso fuera del infierno y recibir el Segundo Aliento.
Si un Dhampyro tiene una puntuación de 3 o 4 en P'o al morir, el jugador debe hacer una tirada de P'o (dificultad 8). No es posible gastar Fuerza de Voluntad en esta tirada (al fin de cuentas, el personaje está muerto). El éxito otorga una nueva vida como Muerto Famélico. Si el P'o del personaje ha llegado a 5, ni te molestes en hacer la tirada: el alma está definitivamente encarrilada de vuelta al Reino Medio.
Pero la experiencia previa del Dhampyro no le prepara realmente para el viaje de vuelta. Los Caminantes de las Sombras tienen que pasar por el estado de chih-mei y todo el resto de las desagradables circunstancias relacionadas con el Segundo Aliento. En términos de juego, la Naturaleza y la Conducta pueden cambiar, pero la Naturaleza P'o sigue siendo la misma. Por otra parte, el Caminante de las Sombras que regresa pierde el joss que tan útil le fue en vida. Conserva algo de las Disciplinas que desarrolló, pero el viaje al Yomi deja cicatrices en el alma. Resta un punto de cada Disciplina para reflejar la perturbación espiritual causada. Si esto reduce alguna puntuación a cero, que así sea. La muerte es un asco.
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