A veces les enseño a los monstruos a perdonarse a sí mismos. La mayoría del tiempo enseño a los demás a perdonar a los monstruos, a mostrarles que esas criaturas no siempre saben lo que están haciendo. ¿Crees que a los monstruos se les pregunta de qué manera quieren ser? Fueron violados. La oportunidad de ser lo que son no fue en absoluto una elección. Convertirse en monstruo es un acto de penetración. La violación de tu propia naturaleza humana. A veces he tenido que mostrárselo incluso a los monstruos.
Una vez hubo uno, un pobre bebedor de sangre, llamado Stewart. Era un chico encantador. Qué divertido, era mayor que yo tanto en edad humana como en edad vampírica, y le llamo "chico". Me dijo que su madre Annalise se fue a Río de Janeiro a morir. En realidad, mencionó, un gran monstruo se despertó en la jungla y convocó a muchos de sus hijos para que volvieran a su hogar, y Annalise era una de ellos. O quizá una de sus nietas. Mucha gente fue y nunca volvió. Dijo que su madre hacía pactos con demonios. Él lo vio todo, pero nunca dijo nada. Le creí. ¿Por qué iba a mentirme? Su madre era de verdad un monstruo, he oído. Supongo que era odiada por algunos, pero creo que estaba controlada por el gran monstruo. El hambre de Annalise no era suya. Ni de Stewart. En apariencia, era pasada de monstruo a hijo, de hijo a hija, como un cruel favor.
Le enseñé a Stewart a rechazar el favor. Le dije que fue violado por un violador, y que su propio violador (su madre) era ella misma víctima de violación. Así es como funciona. Tú me violas a mí, después yo violo a alguien. Por venganza. Pero esa es una mala idea, y me di cuenta de ello. Tuve que ser la portavoz de este concepto que la gente tiene tantos problemas para entender. Si se le hubiera dejado a su aire, es probable que Stewart hubiera molestado a alguien del mismo modo que él lo había sido, y así se lo dije. Llevó un tiempo. Semanas de charla, echando raíces en la idea, taladrándole con las mismas preguntas, una y otra vez. Le pedí que buscara su propia humanidad. Sabía que estaba allí, durmiendo como el diablo en la roca. ¡Ya era hora de despertarla! Sacudirla de su sopor y mostrarla al mundo.
Funcionó. Se sentía mejor. Nos sentamos y observamos el amanecer. Estaba exhausto, vacío, cansado. Lloró sangre que cayó por su mejilla. Me recordó al agua mohosa que oxida las viejas tuberías. Sonrió y ardió en mis brazos con la primera luz del sol. Yo también me quemé por su carne. Aún tengo cicatrices en la parte interior de los brazos. Las quemaduras son recordatorios de lo bien que funcionan mis enseñanzas. Vi el sol, el sol que le dio el verdadero perdón, y se me permitió tener mi segunda visión real. Ahora no la recuerdo, todo está un poco borroso, pero vi como un parpadeo del Día Final. Figuras oscuras alzándose de la tierra y los océanos. Cuerdas de marioneta. Dientes y garras. Un león negro. Ojos que se abren en el Cinturón de Orión. Pirámides estallando en granos de arena que aguijonean mis ojos. Un ojo rojo que parpadea. Un mundo de sangre.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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