Parte 33: Después

Aún estoy viva. Apenas. Siento el dolor de mis huesos. ¿Sabías que los huesos pueden doler de verdad? Justo en la médula. Siento como uñas que se clavan en mí. Me estoy enfriando y entumeciendo. Eso es bueno, supongo, porque así el dolor se irá.

Vinieron de noche. El hombre oscuro sabía la situación. Debían ser al menos dos docenas de personas. Reconocí a algunos de ellos. El peluquero que me cortaba el pelo cuando era una niña. Otra era secretaria en un instituto. Un hombre era un colega de copas de mi padre. Tenía un negocio de jardinería en North Street (¿o era en Green Street?). ¿Fueron siempre las marionetas del diablo? ¿O han sido atrapados en los últimos años? Al principio, pensé que quizá no fueran en realidad de ella, que a lo mejor habían venido a buscar a Scotty y que pensaron que yo era, de algún modo, responsable.

Pero ni siquiera parpadearon ante el pobre policía muerto. Cuando dejé que la visión se activara como un crujido, como un trueno, pude ver el veneno, los tubos que succionaban sus entrañas. En algún punto a lo largo de la vida, fueron vulnerables. Se hicieron débiles e inseguros de sí mismos, y dejaron que ella entrara. Es probable que ni siquiera supieran cuándo ocurrió, y seguro que no era su culpa. Pero el ciclo continúa, y ellos eran sus peones, más claro el agua.

Intenté hablarles. Intenté detenerles, alejarles y hacerme pequeña e insignificante, pero no estaba en mí. Algunos tenían armas. Uno blandía una hoz herrumbrosa. Otro tenía un rifle de caza. Otros, solo sus puños desnudos.

Todos hablaban con la voz de ella.

—¿Pensabas que podías salvarme? —preguntó el colega de copas—. ¿Crees que el perdón importa?

Otra mujer en bata se rió y dijo:

—No soy débil. No necesito tu ayuda. Soy fuerte.

Se acercaron. El peluquero siseaba como un gato. Sacó un bate de béisbol de detrás, golpeándolo sobre la maleza seca.

—Pronto acabará todo. Todo el asunto.

Tenían razón. Se acabaría. Pero no en el modo que pensaban.

En esto, vinieron a mí, rápidos y decididos, y sentí algo afilado en el muslo. Alguien rompió la culata de su arma en mi hombro y sentí el chasquido de un hueso bajo su peso. Detrás de mí, el diablo golpeó los barrotes de su jaula y noté su ira y su hambre crecientes. Lo sentí tanto por ella... Debe ser horroroso tener ansias tan crueles, pensé. Haber sido retorcida y moldeada como una cosa tan horrible, empujada desde sueños placenteros hechos terribles, un diablo en un mundo que una vez fue bueno. ¡Debe ser atroz! Los golpes y las puñaladas se transformaron en nada para mí, y noté un núcleo cálido ardiendo en el fondo de mi pecho. Imaginé lo malo que debía ser para toda aquella gente estar encadenada a sus propios corazones comidos por los gusanos. Estar tan tristes. Ser imperfectos.

Solo puedo relatar lo que sucedió en torno al momento de vomitar. Sienta fatal, pero una vez que acabas, es como si la enfermedad se marchara. Te encuentras vacío y sanado. La luz salió de mí, de mi boca y mis ojos. Mis brazos se movieron a sacudidas y creo recordar a los lugareños caerse de espaldas. Escuché algo que me hizo pensar en la carne que se cocina en una sartén. Burbujas de grasa que explotan. La luz era la cosa más brillante que jamás había visto. Ardió desde mí hasta el cielo.

Los alcohólicos hablan de algo que tienen cuando se dan cuenta de que están mal, un "momento de claridad". Yo tuve uno de esos. Todo lo que había a mi alrededor ardió. Cada gota de enfermedad. Yo era todo un ángel, y no lo supe hasta entonces.

La luz no se detuvo. Siguió saliendo. No podía ver nada. No había más que luz solar, aunque fuera de noche. Cerrar los ojos no me ayudó. La luz rasgó los párpados, blanca, limpia y cálida. Sentí regocijo. ¿No es extraño? Me sentía como si hubiera tomado un montón de tazas de café y tuviera energía, como si estuviera feliz y dispuesta a conquistar el mundo con mi amor y comprensión.

Entonces el suelo retumbó. Fue como un pequeño terremoto, de los que hacen rebotar las tazas en la alacena. Hubo un estampido amortiguado, casi como un trueno, y el diablo rompió a gritar. Al principio podía oírlo con los oídos. Después me percaté de que eran ellos, los del pueblo, gritando por ella, chillando como parte de ella. Luego se cortaron sus gritos, y se volvieron gorgoteos y ruidos sofocados. Y no mucho más. Sin embargo, los gritos de ella continuaron, no en mis oídos sino en mi mente. Una broca de taladro gimoteando en mi cerebro.

Tan rápido como empezó, se detuvo, y la luz parpadeó como si un fusible se hubiese fundido. Mis ojos tardaron un rato en acostumbrarse.

Atrás había quedado un campo chamuscado de huesos, un cementerio de cuerpos sin piel ni carne. La mayoría estaban solo a unos metros, con sus escopetas y herramientas reposando en el polvo, abrasados por el fuego. Detrás de mí, vi que la roca se había partido en dos y presentaba una fisura profunda, y supe que ella se había ido. Quizá la envié a casa. Quizá hice relumbrar mi luz sobre las partes oscuras de su corazón y no pudo soportar lo que vio allí. Me gusta esa teoría. Me da fe.

En la distancia, vi la ciudad. Estaba ardiendo. Ardía por completo. El fuego era casi blanco y me recordó al resplandor del sol cuando me lo quedo mirando. El ojo del Creador. Todo el cuadro era precioso. Tranquilizador, en realidad. Imaginé a los ángeles jugueteando entre las llamas. Pensé que la ciudad ardiente presentaba el aspecto que debe tener el Reino de Todas las Cosas Buenas, y decidí que quería ir allí.

He roto la concha de mi propio entendimiento y he encontrado el fruto de su interior. Tengo mi halo. Si aceptamos nuestra misión y llegamos a comprender nuestra propia rectitud, podemos purgar cualquier odio que podamos tener. Podemos salir de nosotros mismos, salir de la duda, y curar el mundo. Todos tendremos nuestros halos. Todos seremos ángeles. Todo se acaba. Tan solo hacemos que el camino que lleva allí sea un poco más fácil de recorrer.

0 comments:

Publicar un comentario

LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."