Ojala pudiera escapar de este tormento, ignorar cómo ha cambiado el mundo y llevarme a mi familia a un lugar seguro. Peor me encuentro de nuevo frente a ustedes, con un nuevo peligro al que no puedo escapar. Quizá podría, si no fuera porque su causante es un viejo amigo. Es probable que alguno de ustedes recuerden a mi colega antropólogo, al fallecido Chang Jesús Anfei. Fue asesinado hace tres meses, creo que tontamente, en un tiroteo entre atracadores de bancos pertenecientes al Sendero Luminoso y la Policía Militar. Era un rehén.
Vaya, mientras paseaba con mi familia por el Parque Salazar, volví a verlo. De alguno modo, no resultó una completa sorpresa. Todos nosotros, creo, hemos tenido los suficientes encuentros con espectros y otras cosas para saber que las pasiones no culminadas pueden impulsar a muchos espíritus a tratar de emular la vida. Chang estaba apasionadamente dedicado al desarrollo del Perú actual, así como a tratar de comprender su pasado. Su muerte fue terriblemente injusta. Si fuera una persona con inclinaciones espirituales, habría creído que sería una de esas de las que volvería a oírse a hablar.
Sin embargo, una cosa es suponer cómo ocurren las cosas de verdad y otra muy diferente es verlas demostradas en la persona de alguien a quién conociste y apreciaste. Mis padres comentaron lo mucho que se parecía un hombre ataviado con un traje arrugado al pobre Chang. Tras un momento de sorpresa y perplejidad, realicé el truco de concentración que nos permite disipar ilusiones. Lo vi como lo que era: un cadáver. Me excusé con mis padres, diciendo que había recibido una llamada en mi busca. Gracias a Dios que esta clase de cosas siguen pareciéndoles medio mágicas, porque me permiten elaborar toda clase de excusas.
Me alejé entre la multitud hasta estar fuera de su campo de visión y entonces me aproximé a Chang. Su carne muerta lucía algunos tatuajes: los caracteres chinos que corresponden a "buscador", "sabiduría", "heredero" y otros que no pude reconocer. Cautelosamente, me situé delante de él y dije su nombre. Levantó la mirada y no pude ver en sus ojos nada que indicara que me había reconocido. Me examinó de la cabeza a los pies y dijo, en un chino perfecto: "No perteneces al linaje puro".
"No comprendo", dije, aún más confundido que antes.
"Has permitido que tu herencia se diluyera. No puedes poseer el mandato. No me interesas. Desaparece para que pueda continuar con mi búsqueda".
Hice ademán de alargar el brazo para tocarlo. Me agarró con una mano y me arrojó a más de tres metros de distancia. Incluso con mi extraordinaria capacidad de curación, tardé unos momentos en recuperar el aliento. Cuando me levanté, había desaparecido. Pero flotaba en el aire un olor que no se parecía a ningún otro que hubiera en el parque. Lo seguí, más allá del barrio elegante, hasta el viejo e inmundo Barrio Chino. Después de dos horas, volví a encontrar a Chang. Miraba a través de las ventanas del primer piso de un edificio de apartamentos. De tanto en cuanto, sus ojos despedían vívidos destellos de color verde jade.
Volví a intentar hablar con él. Le concedí que yo no era lo que estaba buscando, pero argumenté que tal vez pudiera serle de ayuda. Sé que, algunas veces, los muertos vivientes abandonan el mundo voluntariamente después de haber satisfecho sus obsesiones y deseaba con toda intensidad no tener que matar a mi amigo. Entrecortadamente, me aseguró que se trataba del "Primer Trueno" y que había regresado a la Tierra para completar la misión que se relata en La Leyenda de los Tres Reinos. No estoy demasiado versado en la literatura china, pero cuando era niño aquél era uno de mis cuentos favoritos y no recuerdo que hubiera ningún personaje llamado "Primer Trueno". Comencé a explicárselo, cuando me interrumpió encolerizado.
"¡Es una conspiración! El perverso e ilegítimo heredero suprimió la verdad para impedir el triunfo de la virtud. ¡Los mentirosos pagarán junto con los usurpadores!" Siguió diciendo cosas semejantes a éstas durante algún rato. Por lo que pude entender, parecía estar buscando al virtuoso heredero de la Dinastía Han... ¿para reconstruir la gloria de China?
Le pregunté por qué se encontraba aquí en vez de en China. Me explicó que este era el lugar al que el "Dao" lo había enviado para iniciar su búsqueda. Estaba, me dijo, dispuesto a recorrer el mundo entero. Si el heredero legítimo se encontraba en China, ya estaría sentado en el trono. Por consiguiente, el Dao debía de haberlo escondido lejos, para apartarlo de miradas amenazadoras. Fingí que lo comprendía. Todo aquello parecía una pesadilla. Estuve tentado de apartarme, ignorar mis emociones, pero sospechaba que si hacía un movimiento en falso, tendría que luchar contra mi viejo amigo.
No lo hice. Mientras yo seguía haciéndole preguntas, él continuaba con su incomprensible búsqueda. Doblamos una esquina junto al restaurante Dinastía Ch'ing. Su rostro se torció con un gruñido de cólera, mientras decía algo así como "¡El invasor no prevalecerá! ¡La pureza de los Han debe triunfar!". Echó a correr, al mismo tiempo que su cuerpo parecía convertirse por completo en jade. También parecía más pesado (si consiguen atravesar el cordón policial, podrán ver sus huellas sobre el asfalto). Brotaron llamas de sus manos y, cuando rompió la ventana del restaurante, el cristal ardió junto con la madera.
Le propiné varios golpes fútiles con mis propios poderes. Me apartó de una bofetada y debí de perder la consciencia. Cuando me recuperé, había desaparecido. El restaurante estaba ardiendo. Los bomberos habían sacado a siete personas, incluyéndome a mi. Varios más murieron en el interior. Sus cuerpos mostraban señales de poderosos golpes. Incluso, uno de ellos había sido partido por la mitad.
La Policía ya estaba trabajando en una historia sobre terroristas drogados. Los dejé solos.
Esta es mi historia. Tengo fotos de Chang, tomadas poco antes de su muerte, incluso con nuestra visión, se sigue pareciendo bastante. Por favor, ayúdenme a encontrarlo y detenerlo.
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De acuerdo con mis informaciones, las comunidades cinas son bastante comunes en Sudamérica. Las persecuciones políticas y las oportunidades económicas parecen haber atraído a los inmigrantes a diferentes destinos, repartidos por todo el continente. Los vecindarios establecidos en diferentes ciudades, desde Lima a Buenos Aires, rivalizan en cuanto a tamaño y prosperidad con los de Sang Francisco o Nueva York.
-Dictadora11
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- Exclusivo del Narrador -
• Atributos: Fuerza 5, Destreza 3, Resistencia 5, Carima 1, Manipulación 1, Apariencia 2 (para la visión normal), Percepción 4, Inteligencia 2, Astucia 4.
• Habilidades: Alerta 5, Armas de Fuego 4, Atletismo 4, Callejeo 2, Esquivar 3, Intimidación (en forma de jade) 4, Investigación 2, Ocultismo 3, Pelea 4, Sigilo 2, Supervivencia 3.
• Fuerza de Voluntad: 8
• Pathos: 7
• Niveles de Salud: 10. Chang no sufre penalizaciones por heridas. Se regenera, pero con más lentitud que la mayoría de los cadáveres andantes: le cuesta un día entero recuperar un nivel de salud perdido, independientemente del tipo de daño.
• Forma de Jade: Chang es capaz de transformar su cuerpo en jade puro. Para ello gasta dos puntos de Pathos. La transformación tarda un turno en completarse y dura hasta que él decida revertirla. Una vez transformado, recibe dos éxitos automáticos en todas las tiradas relacionadas con la Fuerza, incluyendo las de daño, y además recibe dos dados de resistencia adicionales. Pierde un punto de Destreza pero gana Intimidación 4. En forma de jade pesa casi 200 kilos.
• Fuego Puro: La habilidad de Chang de hacer que broten llamas de sus manos combina los trucos de espíritus Furia Poltergeist e Insecto de Fuego. Cuando golpee a un oponente, tira Fuerza + Pelea, dificultad igual a la Resistencia +3 del objetivo. Cada éxito inflige un nivel de daño contundente, que puede ser absorbido.
Cuando agarra algo, gasta un Pathos y tira Resistencia + Ocultismo, dificultad 7. Un éxito enciende una vela o hace arder una hoja de papel, mientras que cinco éxitos destruyen el motor de un coche o un mueble grande. Si lo desea, puede elegir hacer de ella una acción extendida, gastando Pathos cada turno para acumular más éxitos y poder destruir objetos más grandes de acuerdo a la anterior estimación. Si el objetivo es un ser vivo, éste sufre un nivel de daño letal por cada éxito obtenido en el turno.





















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