Handi Truang, en el número 7 de APA-exaltados, la asociación de prensa aficionada para todos los cazadores; transcrito en huner-net.
[Sí, "APA-exaltados" es un fanzine en el que sicóticos y paranoicos intercambian sus fantasías; Truang es un sujeto extraño. Pero finalmente su locura ha dado algún fruto. Esto es importante. Pero no se tomen cualquier otra cosa que diga al pie de la letra.]
Mi actitud hacia los niños se formó durante la guerra civil de Camboya. Como estudiante universitario, estaba en el punto de mira de los soldados de Pol Pot y no tardé en descubrir que los niños no eran una ventaja sino todo lo contrario. Incluso hoy en día me cuesta mirar a un niño que hace ruido (sea llorando o riéndose) sin desear hacerlo callar por cualquier medio. Quizá cuando sea viejo pueda pasear por lugares públicos sin temor a que aparezca un asesino a mi espalda. Naturalmente, la maldita presencia de mi cabeza quiere que les preste atención a los niños. Sigo odiándolos, pero no puedo ignorarlos.
El mes pasado asistí a una conferencia profesional en Praga. La última vez que había estado allí fue en tiempos de la Guerra Fría, pero no he escrito esto para discutir los cambios generales ocurridos en la República Checa postcomunista. Lo importante es lo que me ocurrió mientras me dirigía al Museo Mucha (si quieren ver mis diapositivas, podemos arreglarlo). Cuando me encontraba en la escalera de entrada, reparé en la presencia de un grupo de aproximadamente una docena de niños, de entre ocho y doce años, que caminaba en formación cerrada. La noche era muy agradable y ellos se mostraban extrañamente solemnes, pero aparte de esto no había nada que pudiera considerarse insólito. Sus rasgos sugerían la habitual mezcla de influencias étnicas de los europeos orientales, nada raro en una gran ciudad.
Pero entonces la voz en mi cabeza gritó. "LOS NIÑOS NO CAMINAN LIBREMENTE". Maravilloso, pensé, pues haz que se cambien los zapatos. Pero a pesar de todo me concentré tal como he aprendido.
He sobrevivido a los trabajos forzados de los campos de concentración. He atendido a las víctimas de muchas clases de tortura. En mi trabajo de mantenimiento de grupos electrógenos, he visto auténticos infiernos arruinados en tres continentes. El sufrimiento ha dejado de sorprenderme. Pero lo que me mostró en aquel momento la visión especial me heló hasta la médula. En aquella cálida noche de primavera, en medio de la concurrida pero apacible calle de una ciudad a la que amo, sentí una desesperación y una cólera como no había experimentado desde el día en que unos soldados adolescentes asesinaron a mis padres.
Los niños estaban muertos. Eso no era ninguna sorpresa: la voz de mi cabeza no deja de mostrarme a muertos vivientes. Pero también estaban fundidos entre sí, formando una especie de cadena humana. Sus cuellos les habían sido rotos y vueltos a colocar, uno inclinado hacia la izquierda, el siguiente hacia la derecha, de manera que todos pudieran ver. Sus brazos se agitaban sin orden. Sus piernas se movían con una armonía robótica. Y, sin embargo, sus ojos... sus ojos todavía mostraban algún destello de humanidad. Quienquiera que les hubiese hecho aquello no sólo había utilizado sus cuerpos, sino también sus mentes.
Comencé a correr hacia ellos y entonces me di cuenta de que no tenía la menor idea de a qué me enfrentaba. Así que invoqué uno de mis trucos de aura. Aquel ciempiés humano despedía el resplandor propio de un vampiro. Eso no tenía sentido: asumí que había hecho algo mal. Apreté los puños y me dispuse a separar a los niños. Pero entonces la voz me recordó. "LOS OTORS VEN PERO NO VEN". Por una vez decía algo sensato. ¿Qué pensaría la buena gente de Praga si veían a un camboyano correr hacia un grupo de niños de apariencia normal con un cuchillo en la mano?
La última niña de la fila volvió el rostro hacia mí. Sólo ella mostraba alguna expresión. Se rió de mi y dijo en alemán. "Arregla esto, entrometido". Acto seguido, ella y los cuerpos injertados delante de si se alejaron corriendo con asombrosa velocidad y desparecieron por una calle lateral. Los busqué durante el resto de mi estancia en Praga, pero no encontré nada.
[R.M. Klimu, en el número 8 de APA-exaltados]
Después de recibir la comunicación del Sr. Truang, varios de nosotros hemos estado registrando el área de Praga y las ciudades aledañas en busca de la cosa que describe. La hemos encontrado cuatro veces, dos en la propia Praga y otras dos en Bratislava. En cada uno de los casos se mostró en público y se burló de nosotros cuando la detectamos. Yo mismo protagonicé el último de tales contactos y tuve la oportunidad de hablar con ella.
Pude reunir el poder suficiente para inmovilizarla durante unos instantes, pero todos mis esfuerzos por separar a la inteligencia rectora o por proporcionar fuerzas a los esclavizados niños muertos fracasaron por completo. A lo largo de todo el proceso, la criatura no dejó de hablarme. Cuando la inmovilización comenzó a debilitarse, convocó a agentes de policía no iluminados y, aparentemente, les transmitió por telepatía la impresión de que yo había tratado de molestarla. Sólo la cuidadosa influencia burocrática de una de nuestras colaboradoras impidió que fuera detenido por algo peor.
La cosa se describe a si misma como un niño interminable en busca de compañeros de juego. Según ella, los cuerpos que se fusionan con el conjunto disfrutan de la experiencia. La conminé a hablar sinceramente y obtuve la misma respuesta. Aparentemente, cree de veras en esta ilusión. No fui capaz de descubrir la verdad sobre las vidas de sus prisioneros. Por debajo de tanta palabrería sobre almas y esencias, debe de haber una verdad pragmática que concuerda con el materialismo dialéctico, tal y como lo expuso en su día el perspicaz Dr. Reich (¿Quizá un miembro precoz de nuestra fraternidad? Esto es algo que debe ser investigado). Pero esa verdad parece imposible de alcanzar. Ninguno de los prisioneros parecía conservar el grado suficiente de auto consciencia para expresarse, ya fuera verbal o mentalmente. Sin embargo, pude detectar un patrón de consciencia diferenciado para cada uno de ellos y, aparte de haber sido reanimados, todos parecían estar sufriendo un tormento continuo.
Espero que otro de los nuestros tenga más suerte con esa cosa. Jamás me he encontrado con una entidad que se mereciera tanto el calificativo de "monstruo".
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- Exclusivo del Narrador -
La niña maestra del Ciempiés es de hecho un vampiro. Lleva muerta 400 años. Cada uno de los niños que forman su cadena de segmentos atrajo su atención cuando todavía se encontraba con vida; logró que murieran por enfermedad o simplemente por falta de ganas de seguir viviendo, encadenó sus almas a su propio cuerpo, robó sus cuerpos y los añadió a si. Cada segmento dura unos 10 años, Después está tan descompuestos que ha de ser descartado. Cuando se libra de ellos, los abandona en el lugar en el que se encuentre en aquel momento; se convierten en casos sin resolver de los archivos de la Policía (una investigación exhaustiva encontrará un patrón de casos semejantes que se suceden entre una y tres veces al año).
La maestra y sus "compañeros de juego" (que irradian una tenue aura de sufrimiento si se utiliza sobre ellos Discierne o Desentraña y quizá también Insinúa, Calma o Contempla) viajan por toda Europa obligando a los camioneros y los conductores de autobús a que los lleven. El vampiro no comprende de verdad el mundo moderno y simplemente disfruta con las brillantes luces y los interesantes sonidos. En una ocasión tuvo un encuentro con un cazador y lo torturó hasta la muerte. Desde entonces intenta atraer a otros para averiguar cuáles son los propósitos de esta gente desconocida. El encantaría tener a un niño exaltado como "amigo".
• Atributos: Fuerza 3, Destreza 6, Resistencia 4, Carisma 3, Manipulación 5, Apariencia 3 (salvo por la Visión de los cazadores), Percepción 4, Inteligencia 3, Astucia 4.
• Habilidades: Alerta 4, Atletismo 1, Callejeo 4, Consciencia 1, Esquivar 4, Lingüística (idiomas de Europa oriental) 3, Pelea 1, Sigilo 2, Subterfugio 2, Supervivencia 2.
• Fuerza de Voluntad: 6
• Puntos de Sangre: 13
• Niveles de Salud: Magullado/Lastimado, Lastimado/Lesionado/Herido/Malherido/Tullido/Incapacitado.
Además de los poderes que corresponden a un vampiro de poder medio, el Ciempiés cuenta con algunos poderes propios:
• Velo de Vida: La maestra que controla el Ciempiés utiliza este poder para proyectar imágenes de los niños tal como eran en vida y vestidos de manera apropiada para el lugar en el que se encuentren. Los niños siempre parecen agrupados, a menudo formando una línea y siempre al alcance de la mano de otro de sus compañeros. Para perforar esta ilusión se requiere la Segunda Visión o una facultad de percepción como Discierne; en este caso, los niños se perciben tal cual son: muertos y putrefactos, unidos entre si por tejidos carnosos de manera repugnante. Este poder no conlleva gasto de puntos de sangre, siempre está activado.
• Ciempiés: El Ciempiés gana tres metros adicionales de movimiento por turno por cada punto de sangre gastado, durante un número de turnos igual a su puntuación actual de Fuerza de Voluntad. Asimismo, cada punto gastado le proporciona una acción extra. Cada una de estas acciones sólo puede ser dedicadas a una tarea; con una acción adicional no pueden realizarse tareas múltiples como atacar a dos oponentes al mismo tiempo.
• Marchitar: La maestra del Ciempiés puede inducir a sus víctimas una enfermedad mortal o un estado de insoportable hastío. La imposición del mal le inflige a ella un nivel de daño contundente, que no puede ser absorbido. Tira la puntuación de Fuerza de Voluntad del vampiro contra la de la víctima, en una acción enfrentada. Si gana la criatura, la víctima morirá al cabo de 10 días, menos uno por cada éxito de diferencia obtenido. Este poder sólo funciona en niños con los cuales el Ciempiés ha mantenido contacto durante al menos dos semanas. Los cazadores, los adultos y los niños que no han sido "preparados" son inmunes a sus efectos.
Los intentos de salvar a una víctima de la enfermedad requieren tiradas enfrentadas y extendidas entre la puntuación de Fuerza de Voluntad del vampiro y la Inteligencia + Medicina del médico (dificultad 6). Se realiza una tirada cada día. Vence el primero que acumule ocho éxitos en los días que le restan de vida al paciente. Normalmente, Respira y Rejuvenece no pueden contrarrestar los efectos de la enfermedad.
• Segmentos: Cada niño segmento del Ciempiés posee tres niveles de salud (Lesionado, Herido e Incapacitado), mientras que la maestra tiene ocho. Un segmento incapacitado simplemente se desploma y no frena al resto del ser. Los segmentos no sufren penalizaciones por heridas. Dos niveles de daño letal causados a las conexiones carnosas bastan para separar los segmentos. Todos los segmentos separados de la maestra se derrumban, sin vida y sus almas atrapadas son liberadas (los cuerpos se descomponen en cuestión de días). El vampiro puede mantener hasta 20 segmentos conectados, pero normalmente "juega" con menos.
Los ataques dirigidos contra las conexiones se realizan con un modificador de +2 a la dificultad. El vampiro es bastante diestro controlando mentalmente a sus segmentos para que se muevan al unísono, pero no es perfecto. Sufre una penalización de -1 a las reservas de dados para esquivar u otras acciones precisas y rápidas por cada cinco niños que controla (las fracciones se redondean hacia arriba). Los segmentos pueden agarrar y arañar a los enemigos que se encuentran a su alcance, con una reserva de tres dados de Pelea. Utiliza la Fuerza del vampiro (3) para infligir daño contundente por cada ataque de los niños. El ataque de uno de los segmentos se considera una de las acciones permitidas al vampiro en un turno.
La maestra puede soltar todos los segmentos si pasa dos turnos sin hacer nada más y sufre tres niveles de daño letal (que pueden ser absorbidos) en el proceso. Sólo lo hará cuando su existencia sea amenazada.





















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