De: Coctelera74
Para: hunter.list@hunter-net.org
Asunto: adónde voy
Aún no os he explicado bien por qué vine a Haití y, dado que quizá no vuelva, creo que va siendo hora de que lo haga.
Tal vez recordéis haberme oído decir que vine aquí en defensa de los intereses del pueblo negro en esta guerra. Entonces evité decir que la razón por la que lo estimaba necesario era el racismo que profesáis algunos. No todos, solo algunos, pero eso no es suficiente para hacerme sentir bien.
Ha habido numerosas muestras de intolerancia por parte de gente como Jager, el adalid del "apartheid", cuyo solo nombre evoca todo lo feo y erróneo de los exaltados, y su desaparición del foro, por cierto, no ha significado el fin de estas actitudes.
Cuando leí en el Times lo de que había ardido una casa del noveno distrito, no le presté mucha atención. Ni siquiera me interesé especialmente cuando se mencionó la posibilidad de que el incendio hubiera sido provocado. Cuando, a la semana siguiente, dos más fueron pasto de las llamas y la policía hizo declaraciones en relación con "símbolos de bandas" y con la historia de un testigo presencial que aseguraba haber visto personas que recibían disparos al intentar salir de la casa (aún no se habían realizado las autopsias), me di cuenta de lo que sucedía.
Maldita sea mi estampa por no haber encontrado símbolos protegidos pintados con spray en las paredes del noveno distrito.
Quizá algunos os acordéis de que hace poco pedí ayuda para quitar de en medio un objetivo en Nueva Orleans. Era una trampa para cazar al asesino, pero no funcionó.
Sí me encontré, sin embargo, con unos tipos de otra ciudad que le seguían la pista a un francotirador pirómano llamado Peleo; un desgraciado que, según ellos, estaba muerto. Al parecer se trataba de uno de los "cadáveres sustraídos" de los que habían tenido noticia, pero los del tanatorio habían intentado echar tierra sobre el asunto para proteger la imagen del departamento de medicina forense. Toda una chapuza de montaje, organizada para mantener tranquila a la opinión pública. Lo peor de todo fue pensar que no me enfrentaba a un asesino normal, sino a un asesino muerto. ¡Uno que conocía nuestro código de símbolos!
Los cuatro, es decir, los tres forasteros y yo, le tendimos trampas a Peleo. Para colmo, nos eludía una y otra vez (era astuto, eso tengo que reconocerlo) hasta que por fin lo vi. Estaba en plena faena, matando civiles, así que no tenía inconveniente en dispararle. Dije "lo tengo" para alertar a los otros a través del micrófono del casco, pero dudé. Tenía que saberlo. Usé la visión y no percibí nada raro. Estaba vivo. Dicho de otro modo: no parecía un pútrido. Oí por el auricular que alguien decía: "¡Dispara, joder! ¿A qué esperas?". No sabía qué hacer. Cuando volví a mirar, Peleo se había ido.
Mis compañeros se enfurecieron tanto que decidieron irse y buscar a aquel tipo por su cuenta. Yo tampoco estaba muy contento con mi actuación. Había tenido la oportunidad de salvar vidas inocentes de un tipo al que no le daba reparo incendiar edificios en los que hubiera al menos un negro venido de entre los muertos. O alguien que trabajara para los muertos, supongo. Disparaba a la gente que intentaba escapar de las llamas, probablemente para no arriesgarse. La cagué, no salvé ninguna vida y Peleo sigue por ahí, buscando un nuevo objetivo.
Sin embargo, eso no es todo. Nunca he estado seguro de nada en la vida, excepto de cómo cambian las cosas continuamente. Lo que hoy es cierto puede no serlo mañana. Recuerdo haber leído no hace mucho que alguien había demostrado que la constante de gravedad fluctuaba. Años atrás, me contentaba con aceptar el tópico cómodo de que los muertos no existen. No tuve que convertirme en uno de los exaltados para darme cuenta de que eso era una patraña. Basta con ser negro en Estados Unidos, pero no se trataba solo de la raza. Solo hay que echar un vistazo para darse cuenta de lo crueles que somos unos con otros. A veces, viendo los horrores que combatimos, es fácil olvidar que las personas también pueden convertirse en monstruos. Monstruos perversos, como Peleo.
¡Quería que fuera un pútrido! Quería una explicación fácil que justificara la maldad de la gente, no abrir fuego sobre uno de los nuestros, sobre una persona viva. Fallé en lo que tenía que hacer. No me lo perdono. Es la misma razón por la que dejé el ejército: cuando llegó el momento de decidir si quería ser soldado, me apeé.
Curiosamente, algún alienígena espacial, ángel vengador o manifestación divina (escoged la opción que queráis, hay miles de posibilidades) acabó conduciéndome a esta milicia, así que parece que no me queda otra que ser soldado.
Por supuesto me rebelé. Decidí usar el cerebro para estudiar al enemigo, para conocerlo. En la medida de lo posible, intentaba someter, no matar; separar a los enemigos y mantener la paz. Es lo que, en teoría, hace la policía. Esa actitud me convirtió pronto en un observador, un espectador. Un sabueso en busca de zombis y fantasmas.
Sé, no obstante, que esta guerra no va a ganarse observando. Lo sé ahora.
¡Basta de esperas! Tenemos, concretamente, un enemigo implacable y despiadado. Mora (no sé si puedo decir "vive" porque no lo he visto a él, solo a sus esbirros) en el valle Artibonite, al norte de Puerto Príncipe. Es un asentamiento lleno de rediles de muertos vivientes. Hay miles. Alguien rico y poderoso los ha reunido allí y le ha dado al lugar la apariencia de una plantación de marihuana. Si el muerto decía la verdad sobre la NSA, resultaría que es culpa del gobierno, pero no lo creo. Tampoco me convence la hipótesis de un sacerdote (o sacerdotisa) vudú. Lo único que sé es que no dejan de verse limusinas entre ese lugar y la mansión del presidente.
Sea quien sea, o lo que sea, ha capturado a ciudadanos estadounidenses y los ha encerrado en jaulas suspendidas sobre los rediles. También hay pasarelas sobre estos "corrales" y hombres blancos vestidos de negro que las recorren para clavarles lanzas y hierros candentes a los prisioneros. No estoy diciendo que sepa qué pretenden, solo que alguien tiene que hacer algo.
La pasividad es otro enemigo que combatir. No voy a quedarme de brazos cruzados. Sacaré a esos soldados aunque tenga que prenderles fuego a todos los cabrones de la plantación, y creo que sé cómo hacerlo.
Por si no vuelvo, permitidme que insista en lo evidente. Nuestro peor enemigo es nuestra propia maldad. Cualquiera que se llame a sí mismo "cazador" es tan inhumano como lo que intenta cazar. No seáis como esa gente. No seáis como Peleo, ni tampoco como era yo. Luchad por la paz. Tenemos que ganar esta guerra de forma justa y por razones justas. Tenemos que ganarla.
Heredad la Tierra.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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