Ritual Nivel 04 - Habla la Cabeza de Bronce

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Mendacamina diseñó este ritual para contrarrestar una irritante limitación de la disciplina Auspex. Si bien el poder Robo de Secretos permite experimentar los pensamientos de superficiales de una víctima, el resultado a menudo no es más que una serie de imágenes sin sentido. Cuando se pretende averiguar cuáles son los planes y secretos del enemigo, hace falta precisión. Cuando los tremere le preguntan a un prisionero dónde está el refugio más próximo de los tzimisce, quieren una descripción exacta, no una visión borrosa de un arroyo cantarín y un puente a la luz de la luna. Este ritual proporciona la exactitud deseada, al menos cuando el sujeto es un infeliz maniatado destinado a morir diseccionado sobre la mesa del laboratorio de Virstania. Mientras los ayudantes entonan una elegía a las almas perdidas, advirtiéndoles de que otro condenado está a punto de unirse a ellas, el mago unge la cabeza de la víctima con  un  afeite alquímico que socava la voluntad, abrasa el molesto cabello y reblandece el cráneo. Luego cogerá un tubo flexible de bronce (una cánula) rematada en punta (trocar) y atravesará con él la sien derecha del prisionero, hasta llegar al cerebro. El tubo está conectado a una bomba de operación  manual.  Los ayudantes accionarán  la manivela de la bomba durante el  resto del proceso, sorbiendo así la pulposa materia cerebral de la víctima y conduciéndola hasta una enorme cabeza de bronce. Cuesta mucho producir este tipo de cabezas deberá ser modelada por un maestro artesano. Mide más de medio metro de altura y posee una mandíbula articulada que le permite hablar. Sus ojos son bolas de marfil suspendidas en pequeños cristales rellenos de líquido; se ponen en blanco cada vez que la víctima sufre un latigazo de dolor o una punzada de remordimiento por los secretos que escucha revelados. Cuando la cabeza cobra algo semejante a la vida, el mago puede formularle preguntas. Los conocimientos de la cabeza se limitan a los recuerdos de la víctima, pero la falta de voluntad o la frágil memoria del prisionero no le suponen impedimento alguno.

La cabeza puede ahondar en su mente para rescatar recuerdos de largo tiempo enterrados en su existencia antes del Abrazo o incluso suprimidos por medios mágicos. Cuanto más lejos esté el recuerdo de la memoria consciente de la víctima, más tiempo tardará la cabeza en dar con él. La cabeza no habla con la voz de la víctima, sino que posee una rudimentaria personalidad propia. La cabeza de Ceoris, bautizada Paracelsus, se muestra obsequiosa, se interesa por la salud de Mendacamina y aprovecha cualquier oportunidad que se le presenta para ensalzar la perspicacia de su creadora. También gusta de hacer chistes de mal gusto a expensas de la víctima y de proclamar información humillante para ella (“Lamento tener que mencionarlo, pero éste y su hermana cometieron algún que otro pecadillo cuando a él todavía le interesaba la carne”) Cuando le cuesta encontrar la respuesta adecuada a alguna pregunta exhorta a los ayudantes a que bombeen con más fuerza o le advierte a Mendacamina que el cerebro de la víctima, ya esponjoso, es probable que no aguante mucho más. A Mendacamina no siempre le hace gracia su cháchara incesante y suele ordenarle que cierre la boca, cosa que hace de inmediato. No hay dos cabezas que posean la misma personalidad, aunque todas comparten una escalofriante indiferencia por el padecimiento de la víctima.
Sistema: el jugador del taumaturgo tira Inteligencia + Ocultismo (como siempre), contra la Resistencia + Fortaleza de la víctima (dificultad 9). Cada éxito le proporciona al taumaturgo un detalle informativo. El contenido exacto de las revelaciones dependerá del Narrador. Un mortal, o un ghoul sin Fortaleza, no podrá sobrevivir al proceso de licuado de su cerebro. Los vampiros, en especial los que posean Fortaleza (y los ghouls con esta disciplina) disponen de una oportunidad de sobrevivir gracias a sus habilidades regeneradoras inhumanas. El jugador hará una tirada de Resistencia + Fortaleza (dificultad 9); se necesitan tres éxitos para que el personaje sobreviva y se suma en el letargo al final de la sesión de tortura. Con cinco éxitos, el personaje quedará incapacitado. Los ghouls no pueden sumirse en el letargo, por lo que necesitan cinco éxitos para sobrevivir. El vampiro que muera durante el ritual puede ser diseccionado y convertirse en materia prima para una gárgola, siempre y cuando se puedan utilizar sus miembros de inmediato o sean conservados por medios mágicos.
Apunte histórico: aunque Paracelsus pereció con Ceoris en 1476, el ritual sobrevivió, y varias capillas tremere de renombre construyeron nuevas cabezas de bronce al entrar en guerra con sus enemigos. El ritual sigue en vigor hoy en noche; los detectores de mentiras y los sueros de la verdad no han conseguido eclipsar su capacidad de intrusión.
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