Caitiff

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Comenzaré con quienes carecen de Clan por naturaleza en vez de por política. Los Caitiff siempre han estado entre los vampiros más miserablemente oprimidos, pero nunca han sido bastantes para considerarlos una clase social distinta hasta muy recientemente (en términos vampíricos). Su rápido aumento nos sorprendió a todos, causando un gran impacto tras cada crisis del siglo XX (las Guerras Mundiales, la Gran Depresión y toda la devastación social que generaron). En concreto, apareció una gran cantidad de ellos en la Costa Oeste tras la bomba de Nagasaki. Su repentino crecimiento tomó a los Príncipes por sorpresa, por lo que respondieron como los Antiguos abrumados hacen: con una brutalidad sin precedentes.

García y MacNeil se percataron enseguida de lo fácil que sería provocar una fiebre guerrera entre ellos: eran no-muertos que no tenían nada que llamar suyo y, más importante, nada que perder. La mera promesa de recibir algo de respeto fue suficiente para arrojarlos a las fauces del león. Oh, derramaron su Sangre como si fuera agua. Se lo habrían tomado mal si el Consejo Revolucionario no hubiera hecho un sabio esfuerzo por glorificar a los muertos.

Inscribieron los nombres de los mártires en los documentos fundacionales del primer Estado Libre en orden alfabético (sin indicación de Clan, edad o linaje). Las reuniones Anarquistas en lugares tan lejanos como Boston las leyeron en voz alta, una tradición que algunos recuperan tras cualquier gran conflicto con las otras Sectas. Elíseos, salones y foros han sido bautizados en honor de Caitiff caídos en señal de honor. Nuestros Caitiff son muy… bueno, clanistas. Se apoyan entre ellos y se ofenden rápidamente en nombre de sus hermanos. Señalan con orgullo su tradición de valentía por la causa y sólo los idiotas se lo discuten. Aun así, la mayoría rechaza la idea de crear un pseudo-Clan o una organización formal como los Panders, insistiendo en que su fuerza reside en la disparidad y la libertad de no estar encadenados a la leyenda de un Antediluviano. Por encima de todo, los Sin Clan tienen un prestigio en el Movimiento que ni se atreverían a esperar en ninguna otra facción de los Vástagos.

La única cosa que no tienen es poder personal y riqueza, un pequeño detalle que pocos de sus hermanos más afortunados se apresuran a hacerles notar y del que la mayoría de ellos parece no percatarse (aunque hay notables excepciones e incluso he conocido uno o dos Barones Caitiff). La mayoría se conforma con salvar el pellejo y que no les rompan los huesos cada noche. Como resultado, sólo se movilizan cuando algo los agita lo bastante como para actuar en conjunto, lo que es raro. Conozco a viejos Anarquistas que los consideran el segmento ignorante y exaltado de nuestra política, fáciles de manipular con un gran discurso sobre la causa y fáciles de apaciguar de nuevo después. Con frecuencia, esto puede ser cierto, pero temo por nosotros si olvidamos la lección que el Príncipe de Los Ángeles aprendió hace tanto.

De la Guía de los Anarquistas: Como era lógico esperarse, los Caitiff suelen buscar la compañía de los anarquistas cuando se han hartado de que les escupan, los empalen, los incendien, se burlen de ellos, les amenacen, les culpen de cualquier problema, les impidan el acceso al Elíseo, los utilicen como carne de Lupino o de Sabbat, los humillen y los insulten. Después de todo, no se puede patear  a un perro para siempre, ya que acabará mordiéndote. Por estas razones, los Caitiff se encuentran entre los defensores más numerosos y fervientes  de la causa anarquista de nuestras noches. No siempre fue así, aunque los Caitiff se han vuelto más frecuentes en las Últimas Noches. De hecho, una gran parte de la culpa de la situación actual del movimiento anarquista la tienen ellos (no de forma directa, aunque su terrible destino parece estar arrastrando al resto de la secta).

Muchos Caitiff acaban aceptando esta situación, por lo que suelen marcarse el objetivo de demostrar su valor en la lucha contra los retorcidos antiguos y sus corruptos lacayos. Debido a que su “clan” es un crisol de Vástagos de linajes indeterminados, carecen de características unificadoras aparte de su falta de decoro. Los Caitiff han alimentado las filas de los anarquistas con algunos de los mejores estrategas, los soldados más valientes, los diplomáticos más elocuentes y los exploradores más inteli gentes. La ausencia de características comunes hace que sean difíciles de derrotar, ya que pueden hacerse pasar por miembros de cualquier clan sin sufrir sus limitaciones. Expertos en cualquier Disciplina, los Caitiff son los anarquistas par excellence. Son jóvenes, adaptables y dispuestos a tratar con la oposición.

Pero a pesar de todo, donde los Caitiff fracasan es en su incapacidad para entender la sociedad Cainita. Resulta una buena idea enseñar una lección a esa arpía Toreador, pero cuando desconoces las reglas del Elíseo, difícilmente se te presentará la oportunidad. Nadie puede elegir su propio Abrazo (el único crimen de los Caitiff es que no han podido aclimatarse). Los defensores de la presencia de los Caitiff en el Movimiento Anarquista la consideran un punto fuerte. Como el único inconveniente que poseen es su ignorancia, todo lo que necesitan hacer es aprender. Muchos de los Caitiff del movimiento se han dedicado a ello. Aunque todavía son unos chuchos carentes de pedigrí para los anarquistas (los viejos hábitos tardan en morir entre los Vástagos), representan el camino futuro para la Revuelta Anarquista, y para todos los Vástagos en general. Al menos eso es lo que afirman.
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