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Actitud Anarquista Hacia la Camarilla

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El Movimiento Anarquista existe, como entidad, simplemente porque la existencia de la Camarilla es tanto un propósito como un refugio (relativo) desde el que perseguir este propósito. La subsecta está en muchos aspectos definida por la secta mayor. Es cierto que los anarquistas desean crear una sociedad Cainita más equitativa, incluso hasta el punto de crear un cuerpo gobernante de no muertos, pero este impulso está perfilado por su deseo de reconstruir el sistema antiguo. Los anarquistas más sabios reconocen que esta labor debe hacerse desde el interior de la Camarilla, ya que la secta provee los bloques para cimentar la sociedad futura y aísla al movimiento de otros enemigos más peligrosos. Es probable que los anarquistas que no son tan sabios como para reconocer este hecho ignoren las amenazas que acechan en el exterior. Aquellos anarquistas que consiguen obtener cierta posición ante la Camarilla (no sólo los camaleones, sino aquellos que han tenido cierto éxito en los juegos políticos con la esperanza de cambiar la secta) están sujetos a sus propias tentaciones.

No es infrecuente que un anarquista experimente su primer trago de poder y piense “Así que es esto a lo que los antiguos se están aferrando. Creo que los comprendo...”. Los miembros más devotos consiguen abstraerse de las tentaciones del poder y continúan trabajando para mejorar la situación de los Vástagos más jóvenes, pero muchos no lo consiguen. Algunos de los miembros más hambrientos de poder de la Camarilla fueron anarquistas que abandonaron el movimiento para regresar al nido.

Los anarquistas odian a estos renegados de forma apasionada, aunque también muestran cierta tendencia a culpar a la Camarilla por su caída, en vez de a su propia falta de voluntad. Constituye otro motivo por el que el sistema debe cambiarse, ya que corrompe incluso a aquellos que se sumergen en él con la mejor de las intenciones. Esta relación de amor-odio con la Torre de Marfil crea una interesante dicotomía en la actitud de los anarquistas. Menciona cualquier faceta de la Camarilla y recibirás un verdadero aluvión de desprecio y burla. Pero cuando las cosas se ponen feas y la Camarilla se ve amenazada desde el exterior (como ocurrió con la reciente ofensiva Sabbat en la Costa Este), los anarquistas son los primeros en cerrar filas y luchar contra los enemigos de la secta.

Príncipes

Todavía no lo has entendido, ¿verdad? No odiaba a Vitel porque fuera un príncipe, lo odiaba porque era un jodido dictador psicótico hambriento de poder. Ya, la verdad es que todos son como él. Pero no tenemos problemas con los príncipes, los tenemos con los antiguos...
—Samuel Bowen, Brujah, líder de manada anarquista.

Pese a todas las quejas, el sistema actual de la sociedad vampírica no es el problema real. Los anarquistas estarían contentos con él si pudieran confiar en que los Vástagos que ocupan los cargos oficiales son justos. Si los Vástagos en el poder estuvieran dispuestos a compartir sus privilegios y su prestigio, si este poder se encauzara hacia los más aptos, en vez de hacia aquellos lo suficientemente bien conectados como para arrebatarlo, si los antiguos no fueran unos sociópatas avariciosos.., el sistema funcionaría. El fracaso de la Camarilla no es el fracaso del orden, sino el de los Vástagos. Algunos anarquistas progresistas están dispuestos a conceder que no es culpa de los antiguos, ya que son producto de la época en la que fueron educados. De todas formas, independientemente de quién sea el responsable, los antiguos son así, y como los anarquistas no pueden cambiar las generaciones más antiguas de vampiros, tienen que conformarse con el mal menor.

Esto significa que los anarquistas están dispuestos a mostrar su respeto hacia un príncipe de la Camarilla, pero debe ganárselo, no pedirlo. Aquél príncipe que gobierne su dominio de forma justa, que se preocupe del bienestar de los Vástagos que lo habitan, que rechace poner por delante sus intereses sobre los de la ciudad en el juego de la prestación, se hará digno de las aclamaciones de toda la comunidad anarquista. O al menos lo haría, ya que de momento los anarquistas no lo han encontrado. Muchos príncipes caen en la categoría “monstruos egoístas sedientos de poder”, por lo que los anarquistas se han ido desilusionando. Muchos de ellos han caído en la trampa de juzgar a los príncipes desde ese punto de vista, asumiendo que cualquier príncipe (primogénito o antiguo) se ajustará a ese estándar. Esta actitud no es afortunada, ya que para un príncipe justo será mucho más difícil ganarse la confianza de los anarquistas. Aunque de momento nadie lo ha intentado.

Arcontes

Son un símbolo de la Camarilla que estamos intentando cambiar. Agentes de los antiguos y protectores del status quo. Cuando hagamos que las cosas vayan como deben ir, serán los primeros en desaparecer.
—Clarissa Steinburger, Nosferatu, historiadora anarquista.

Que les jodan. Espera.. .tú eres un arconte? ¿Seguro?.. entonces, que les jodan.
 —Samuel Bowens

Los anarquistas suelen colocar a la mayoría de oficiales de la Camarilla en el mismo saco en el que colocan a los príncipes. Es decir, todo correcto si pueden demostrar que son unos vampiros íntegros, aunque en general no valen nada. En el caso de los arcontes, los anarquistas les tienen un odio especial. Imagina un radical de los años sesenta. Ahora combina su odio por la policía, su odio por el ejército y su odio por la cultura corporativa y tendrás una mínima expresión del desprecio que los anarquistas tienen por los arcontes.

Los príncipes hacen cumplir las Tradiciones, los sheriffs pueden romper unas cuantas cabezas en servicio a esas tradiciones y los azotes pueden convertir vecindarios enteros en mataderos, pero son los agentes de los justicar y de la Camarilla los que causan el mayor número de problemas a los anarquistas.

Son los arcontes los que persiguen a los anarquistas hasta el interior de sus propios dominios, esos arcontes que parecen no tener ningún problema en golpear, quemar y destruir a anarquistas por las más nimias infracciones, arcontes que representan el último esfuerzo de la secta por mantener oprimidas a sus generaciones más jóvenes mientras ésta amasa riqueza e influencia para los escalones más elevados. Pero desde los sucesos acaecidos durante la guerra de la Costa Este, en los que los arcontes y los anarquistas debieron luchar lado a lado, unos pocos miembros del movimiento han comenzado a variar su punto de vista. Mencionan a algunos arcontes (no demasiados) que aparentan ser unos tipos decentes. Guardianes más interesados en proteger a la Camarilla y a sus Vástagos que en mantener el poder de los antiguos. Si estos arcontes conocieran las virtudes de la causa anarquista, el Movimiento contaría con aliados y apoyos sin igual.

Hasta el momento, los líderes anarquistas se han mostrado remisos a acercarse a cualquiera de los llamados “polis buenos” por el temor de que esta simpatía no sea nada más que una fachada para atraparlos. Las discusiones se suceden y los anarquistas han preparado varias tentativas con la esperanza de hallar a alguien realmente interesado.

Alta Traición

A pesar del odio que los anarquistas muestran hacia los arcontes, existen otros Vástagos que despiertan su odio hasta límites insospechados: los arcontes que han sido anarquistas. En los últimos cinco años, un número creciente de anarquistas ha renunciado a su lealtad hacia el movimiento, regresando al bando de la Camarilla. Algunos se han cansado de estar en el bando perdedor. Otros han decidido que el sistema debe cambiarse desde el interior, y que los anarquistas, a pesar de ser parte de la secta, no están lo suficientemente en el “interior” para servir a ese propósito. Muchos  anarquistas tienen cierta experiencia con la violencia, más que cualquier Vástago de la Camarilla de una edad similar. Algunos justicar han descubierto los beneficios de esa experiencia y han comenzado a seleccionar a antiguos anarquistas como arcontes (tras determinar que los antiguos agitadores son leales). Para los anarquistas esta es la peor forma de traición. Una cosa es arrastrarse de vuelta ante los antiguos, un acto comprensible, aunque no especialmente admirable. Pero unirse a su fuerza represora, servir contra los que fueron tus hermanos y hermanas, eso no es correcto.

Hasta la fecha, el temor a las consecuencias ha evitado que los anarquistas centren sus esfuerzos en dar una lección a alguno de esos “arcontes anarquistas”, aunque los Vástagos atentos han comenzado a notar cierto movimiento por parte de los líderes anarquistas en esa dirección. Puede ser sólo cuestión de tiempo antes de que un grupo de neonatos se harte de esperar y decida solventar el tema por si mismo. Ni siquiera los anarquistas más experimentados pueden saber lo que ocurrirá cuando esta compuerta se abra, pero seguro que no será beneficioso para nadie.

Tradiciones y Dogmas

Es un error frecuente el asumir que un anarquista defiende la anarquía. No tengo ninguna objeción en formar parte de una sociedad de derecho. Pero no de ésta.
—Clarissa Steinburgen

La propia idea de ser controlados por los antiguos es una aberración para los anarquistas. El gobierno “de la gente, por la gente, para la gente” puede ser una invención mortal, pero es por lo que luchan en la sociedad de los Vástagos. Los anarquistas no desean destruir la Camarilla, sólo la “gerontocracia” que la lidera. Podría argumentarse que el gobierno de los antiguos es el que define la Camarilla y que no puede existir uno sin lo otro, pero los anarquistas no se lo creen.

Las Tradiciones

El Movimiento Anarquista, al formar parte de la Camarilla, debe respetar, al menos en teoría, las seis Tradiciones. Una vez dicho esto, los anarquistas suelen tener puntos de vista de esas leyes que difieren de las de los antiguos que les rodean, por lo que la forma en la que son respetadas en una baronía anarquista difiere de la de un dominio de la Camarilla.

La Primera Tradición: Mascarada: Sobre este punto no existe discusión alguna. La vasta mayoría de los anarquistas reconoce la importancia de mantener su ilusión de inexistencia. A pesar de que pocos de ellos son lo suficientemente viejos como para recordar las noches de la Inquisición, son criaturas del mundo moderno totalmente conscientes de la capacidad destructiva de las armas.

Una vez dicho esto, los jóvenes anarquistas suelen ensanchar la definición de lo que constituye una brecha de la Mascarada. Muchos de ellos mantienen contactos con los seres que amaron antes de ser Abrazados y otros han ido tan lejos como para revelar su verdadera naturaleza a aquellos en quienes pueden confiar... o creen que pueden confiar. Esta práctica es desaconsejada por los Vástagos más sabios. De todas formas, es sólo cuestión de tiempo hasta que un joven anarquista se dirija a la persona equivocada, alguien que no sólo cuente la historia a otros, sino que sea capaz de persuadir al resto para que le crean. Una violación seria de la Mascarada es una de las pocas cosas que puede hacer que hasta el anarquista más radical trabaje codo con codo con el antiguo de la Camarilla más anquilosado. Sólo un verdadero idiota (o lunático) es incapaz de reconocer los peligros de esta situación.

La Segunda Tradición: Dominio: Los anarquistas no suelen preocuparse por esta Tradición. Prefieren otorgar a un Vástago el respeto que se merece en función de sus actos y su política, no sólo porque sea el Vástago más antiguo y el cerdo más resistente de toda la región. Muchos de estos anarquistas están de acuerdo en que este sentimiento es recíproco, por lo que no esperan que otros les muestren un respeto que no se han ganado.

 Es esta actitud, más que ninguna otra, es la que causa el mayor número de problemas entre los anarquistas y el príncipe local en la mayor parte de las ciudades Camarilla. También es el motivo por el que los barones dudan en ejercer toda su autoridad. Los anarquistas inteligentes ocultan su desacuerdo tras una máscara de civismo cuando se encuentran lejos de su territorio, aunque otros anarquistas menos listos irrumpen en el Elíseo, pintan grafitis en el refugio del príncipe, incendian edificios importantes para algunos antiguos y acaban cayendo presa de las garras del azote.

Esta clase de  comportamiento puede reportarles cierto respeto por parte de sus hermanos, pero resulta obvio remarcar que los más inteligentes permanecen en silencio, prolongando su existencia el tiempo suficiente como para aconsejar a los que “juegan con fuego”.

La Tercera Tradición: Progenie: Si existe algún nexo de unión entre los diversos estamentos del Movimiento Anarquista, es este. La opinión popular afirma que los antiguos de la Camarilla hacen respetar la Tradición de Progenie para desequilibrar el equilibrio de poder hacia su bando. Si los viejos murciélagos pueden destruir a todo aquél que cree chiquillos sin permiso, cuentan con la garantía de poder controlar el número de vampiros de generaciones más jóvenes. Para muchos neonatos, la procreación es un derecho básico. Algunos se unieron al Movimiento Anarquista para tener libertad para escoger su progenie donde y cuando quisieran. Por supuesto, el problema radica en que los barones y otros líderes del movimiento ocupan una posición que les permite ver toda la foto. Reconocen la necesidad de controlar la población, por no decir nada de la necesidad de ser alguien con más capacidad de juicio que la que posee un neonato para determinar la idoneidad de un candidato para el Abrazo. Sin estas medidas de control, los territorios anarquistas verían como su población se incrementa con neonatos incontrolables sin el menor conocimiento de la sociedad vampírica o del sentido común para evitar que los cazadores de brujas transformen en cenizas a toda la raza de Caín.

Por desgracia, todavía no han encontrado ninguna forma viable para hacer que las generaciones más jóvenes comprendan este punto de vista. Francamente, la mayoría de la gente, tanto viva como no muerta, no suelen tomarse a bien que se les diga: “No confiamos en vuestra capacidad de juicio”. Cualquier intento de los barones por reforzar la Tercera Tradición se encontrará con una violenta oposición por parte de la mayoría de la secta, aunque el fracaso de esta medida puede tener consecuencias devastadoras en un futuro próximo, llegando a amenazar la propia Mascarada. Si la Camarilla comprendiera la precariedad de la situación anarquista, se movilizaría para extinguirlos por completo en vez de verlos como la amenaza ideológica de hoy en día.

La Cuarta Tradición: Responsabilidad: Para una minoría de la secta, esta tradición podría irse al infierno. En una sociedad basada en la libertad del individuo y en los méritos propios, ¿cómo puede responsabilizarse a un Vástago por los actos de otro? ¿Acaso el sistema judicial mortal arrestaría a una mujer porque su hijo matara a un policía? Entonces, ¿por qué debería sufrir el sire los pecados de su chiquillo?

A pesar de ello, muchos anarquistas reconocen la necesidad de cierto orden, en especial en lo que atañe a los miembros más jóvenes de la secta. Eso no quiere decir que estén de acuerdo en que un sire deba ser castigado por los crímenes de su chiquillo, sino que reconocen que los Vástagos que escogen a sus chiquillos de forma irresponsable deben preocuparse por educarlos. Mientras un Chupón esté dispuesto a asumir esa responsabilidad, responda ante los crímenes de su chiquillo, y si es necesario, lo atrape y se encargue de castigarlo, muchos barones están dispuestos a hacer que los sires no sufran ninguna consecuencia adicional.

La Quinta Tradición: Hospitalidad: Nos encontramos ante la cruz de la moneda. Los anarquistas están dispuestos a presentarse ante un barón o un príncipe que respeten, aunque no sienten ningún remordimiento en ignorar a uno que no sea digno del cargo que ocupa. (Siempre que puedan escapar indemnes de su desafío. Un azote avispado suele ser suficiente para arrastrar a los anarquistas hasta el Elíseo sin importar sus sentimientos hacia el príncipe en cuestión).

Podríamos esperar que los anarquistas se presentaran con mayor frecuencia ante los barones (sus compañeros de secta) que ante los príncipes de la Camarilla, pero la realidad demuestra que esto no es así. Aunque es cierto que muchos anarquistas respetan en mayor medida a un barón determinado que a un príncipe determinado, también saben que ese barón hipotético es más permisivo en cuanto a las reglas, y que pueden salir indemnes de su delito. Los barones, por su parte, preferirían que sus camaradas se presentaran cuando entran en una determinada baronía, pero saben que no es un tema sobre el que puedan presionar sin causar más perjuicios que beneficios. Algunos dependen de la información de sus barrenderos, pero otros lo dejan correr y se dedican a otros asuntos.

La Sexta Tradición: Destrucción: Los anarquistas están más que dispuestos a soportar esta Tradición... la mayor parte del tiempo. La secta suele despreciar a aquellos barones que ordenan o autorizan ejecuciones sin motivos justificados, como la frase “¡Me ha ofendido! ¡Decapitadlo!” que los príncipes de la Camarilla prefieren argumentar. Mientras que los anarquistas confíen en que su líder no ejecutará a nadie ni convocará una caza de sangre salvo que el sujeto sea culpable de algún crimen horrendo, aceptarán el veredicto del barón cuando la Muerte Definitiva sea necesaria.

Por otro lado, algunos anarquistas no están dispuestos a esperar a que sus líderes actúen. Si un Vástago es culpable de crímenes contra la secta, sus compañeros anarquistas, o la Mascarada, la turba se encargará de él. “Debemos cargárnoslo” es una justificación válida del asesinato ante los ojos de muchos anarquistas, y están más que dispuestos a asumir la tarea. Los barones no están contentos con esta forma de actuar, pero como no hay forma de procesar a todo un dominio por violar la Sexta Tradición, suelen dejarlo correr (a no ser que la víctima fuera alguien importante, en cuyo caso alguien debe convertirse en un ejemplo). Es importante destacar que este hecho no es una excusa para la violencia indiscriminada (al menos no de forma frecuente). Cuando tiene lugar, suele estar precedido de una causa válida, o como mínimo, los participantes deben creer que es una causa válida. Incluso el anarquista más rudo ahorra sus tendencias destructivas para las ciudades Camarilla, no para su propio territorio.

Las Noches Modernas

Ni pensarlo. Ni el diablo evitará que deje que esos perdedores del Sabbat destruyan la Camarilla. ¡Nadie la derribará salvo nosotros! Ya, eso suena estúpido ¿verdad? ¿Qué mierdas sabes? 
—Samuel Bowens

Parece que en la actualidad la Camarilla está en el filo de la navaja, y los anarquistas están en una posición tan precaria como el resto. Durante cierto tiempo, pareció como si la guerra de la Costa Este sólo pudiera tener un desenlace; si la victoria del Sabbat hubiera sido tan aplastante como parecía, la Camarilla se habría sumido en su posición más débil (al menos en Norteamérica) desde la Guerra de la Revolución. Algunos agoreros predijeron la caída total de la secta en el continente. Y los anarquistas, como el resto de la secta, tomaron nota. Al principio, pareció posible que la Torre de Marfil pudiera caer, que la utopía del Movimiento Anarquista no llegara a convertirse en realidad. Pero la Camarilla contraatacó arrebatando Nueva York de manos del Sabbat (y los anarquistas pusieron un gran interés en el desarrollo de la naciente sociedad no muerta de la ciudad). Pero los acontecimientos hicieron pensar a los líderes del Movimiento Anarquista. Muchos de ellos, incluso los que apoyaban el método de evolución social conocido como “hazlo saltar por los aires”, han cambiado sus tácticas.

Pocos Vástagos de la Camarilla se han dado cuenta de este cambio. Los anarquistas todavía son una molestia, siguen quejándose en el peor momento, continúan destruyendo propiedades valiosas y, en raras ocasiones, asesinan a antiguos importantes. Lo que los anarquistas han modificado es la elección de sus objetivos. Las ciudades cercanas al territorio Sabbat han dejado de ser blanco de sus ataques, y cuando ha estallado la violencia en una de esas ciudades, ha estado dirigida hacia Vástagos poco importantes para el sistema defensivo de la urbe. En aquellas ciudades alejadas del frente, los anarquistas han dirigido sus ataques sobre aquellos antiguos especialmente famosos por su desprecio con las generaciones más jóvenes. Los antiguos que muestran la menor intención de negociar suelen permanecer tranquilos.

Este cambio no sólo se ha extendido a los miembros más violentos de la secta. Los anarquistas con orientaciones políticas crean más alianzas que nunca, aproximándose a antiguos que hubieran evitado dos años antes. El movimiento ha comenzado a mostrar cierto interés en el sistema de favores, no sólo entre sus propios miembros, sino con los Vástagos ajenos a él. Los emisarios son mucho más frecuentes que antes del ataque sobre la Costa Este, y más de un antiguo se ha mostrado sorprendido por la nueva voluntad de los anarquistas para llegar a un compromiso... en algunos temas.

Los anarquistas se han dado cuenta de que no pueden permitirse debilitar la Camarilla con sus actividades. Por ello, dirigen sus esfuerzos a empujar a la Torre de Marfil hacia la dirección deseada en vez de causar problemas para llamar la atención. Se trata de un cambio sutil que puede ser ineficaz. Pero como mínimo, los anarquistas se están tomando en serio los peligros de las noches modernas, algo que los antiguos parecen incapaces de hacer.
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