Alimentarse

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Los anarquistas se han colocado en una situación precaria. Al distanciarse de la Camarilla, disminuye el valor que la Torre de Marfil les asigna. En los círculos sociales y políticos, esto puede ser problemático, pero acaba dependiendo de las intenciones de los anarquistas. Donde reciben las consecuencias de sus actos es con relación a la preciosa vitae que les permite levantarse noche tras noche. Él acto de alimentarse no es muy distinto para los anarquistas. Algunos eligen cazar como depredadores, otros como ladrones de sangre en la noche mientras que una minoría se limita a los animales o comercian como Casanovas.

La principal preocupación para el anarquista, lo quiera o no, es saber en qué dominio se alimentará. En algunos casos, el infeliz anarquista caza en un dominio reclamado por otros Vástago. Algunos antiguos pueden mostrarse muy celosos si se enteran de que una manada de revolucionarios renegados está “saqueando la despensa del señor”. En esos casos, los antiguos demuestran tener ciertas nociones feudales de dominio. Como poco el anarquista es un ladrón, como mucho, puede convertirse en alimento para los impulsos más crueles del antiguo mediante una recompensa. Incluso los Vástagos más jóvenes se muestran reticentes a compartir los frutos de los dominios que han podido establecer, y por una buena razón. Si llega a los oídos de los Chupones en el poder que se ha mostrado débil en evitar que los anarquistas se alimenten del ganado (o les ha ayudado), ese mísero dominio que ha podido establecer puede dejar de ser suyo. Para el Vástago que posee el dominio se trata de una espada de doble filo, ya que si permite que los anarquistas se alimenten sin su permiso, alguien puede asumir que simpatiza con ellos. Si les ataca, no sólo puede hacerse acreedor de su enemistad, sino que debe enfrentarse a ellos personalmente. Esto no significa que deba patrullar las calles en persona, ya que puede contratar a un azote o sobornar un Brujah especialmente violento para que se encargue de romper los cráneos de los anarquistas que se internen en su dominio, pero es otro detalle que debe tener en cuenta, como si el mantenimiento de un dominio no fuera una tarea suficientemente problemática.

Pero incluso si los terrenos de caza de los anarquistas no pertenecen a un dominio establecido de un Vástago local, al encontrarse dentro de una ciudad que tiene alguna presencia sectaria, se están alimentando en un territorio que teóricamente está bajo el dominio del príncipe local (u obispo, o arzobispo...). Incluso los Vástagos autorizados deben obtener permiso para alimentarse, ya que forma parte del acuerdo. Los anarquistas, sin embargo, al rechazar la supremacía de la secta local, también han renunciado al permiso del príncipe para satisfacer su sed. En la mayoría de los casos, los príncipes hacen la vista gorda, a no ser que los anarquistas sean especialmente molestos, ya que no compensa el gasto de vigilarlos hasta que cometan una infracción tipificada como leve. Después de todo, la Camarilla afirma que todos los Vástagos están bajo ella, sin importar lo agresivos que sean o que pretendan ser, por lo que no puede elegir qué beneficios se extienden hacia ellos y cuales no. A pesar de todo, algunos príncipes excepcionalmente severos mantienen que como los anarquistas afirman de forma abierta que los beneficios de la Torre de Marfil no se aplican a ellos, se les debe tener en cuenta. Estos anarquistas no reciben ni la protección ni la consideración que las Tradiciones les otorgan, lo que significa que son considerados personas non gratas en las ciudades gobernadas por esos príncipes.

Como puede esperarse, en esas ciudades donde predominan estas políticas extremas contra los anarquistas, las cosas se ponen feas con rapidez. Cuando el príncipe expone su diatriba, los anarquistas contraatacan poniendo en evidencia que están contra su posición y lo que representa, por lo que no les importa lo mínimo quién tenga permiso para cazar en “su” ciudad. A menudo, los conflictos entre los anarquistas y las sectas comienzan en este punto, convirtiéndose en la fractura que derriba todo el edificio. Al ser una necesidad fundamental para todos los Vástagos, el tema del acceso a la vitæ se ha convertido en la piedra de toque de la ideología anarquista y del conflicto que la acompaña.

Algunos anarquistas han conseguido la posición suficiente o inspiran el miedo necesario como para reclamar sus propios dominios, incluso en ciudades en las que los anarquistas no son la secta más dominante. Esto no es una solución perfecta para los anarquistas en general, ya que son pocos los Vástagos con suficiente potencial como para reclamar un dominio que acabará siendo invadido por anarquistas famélicos en busca de sangre simplemente porque “uno de ellos” está al mando. Esta situación acaba convirtiéndose en una pesada carga para estos anarquistas, ya que sus compañeros se resienten al verlo preservar los preciosos recursos de su dominio para uso privado.
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