Bajo el Radar

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La primera regla de la carretera es pasar desapercibido. Incluso si has engañado a un príncipe que desea verte colgado de un tejado a las 6 de la mañana, no podrá cogerte si no sabe dónde buscarte. El mundo es grande y hay muchos lugares donde esconderte siempre que no lleves un cartel que diga “Aquí estoy”.

Corta las Conexiones

Cuando te lances a la carretera, debes cortar todos los nexos de unión con tu existencia anterior. No estoy hablando de antes del Abrazo; si todavía posees esos nexos, estás en el mal camino, amigo mío. Me refiero a cortar las conexiones con cualquier cosa que pueda relacionarte con la Camarilla: sire, cuadrilla, amistades casuales... abandónalos. Si estás dispuesto a transformar la sociedad que les rodea, es probable que luchen contra ti a sangre y fuego. E incluso si no lo hacen, representan una cuerda que los antiguos pueden mover a su gusto. Podrías (y quiero decir podrías) mantener el contacto con los anarquistas de tus viejos territorios de caza.

Como he dicho con anterioridad, la mayoría de estos “anarquistas” está tan dedicada a la causa como a sus facturas de limpieza. Cuando las cosas se pongan feas, te venderán para salvar su piel. Diablos, hasta los miembros más dedicados ceden a la presión. Los antiguos han dispuesto de siglos para averiguar cómo hacer hablar a los Chupones.

Hazte una Cara Nueva

Lo mejor es tener una o dos identidades falsas para esconderse. Hace años bastaba con dar un pequeño paseo por el parque para obtener una identidad propia. Un viaje al cementerio local o unas horas en las oficinas del periódico leyendo esquelas podían servir para localizar a algún niño que había muerto demasiado joven como para recibir un número de la Seguridad Social. Voilá, acababas de crear una persona nueva. Por desgracia, este método va haciéndose más difícil de poner en práctica con el paso del tiempo. La mayoría de los gobiernos estatales no ponen a disposición del público en general los certificados de nacimiento. Además de eso, muchos niños reciben un número de la Seguridad Social en el momento de nacer, por lo que los funcionarios de la administración suelen sospechar de cualquiera que aparezca con 25 años de edad a buscar una tarjeta.

En la actualidad resulta más sencillo comprar las credenciales a un falsificador. ¿Cómo contactar con uno? Bien, este problema lo deberás resolver por ti mismo. La mayoría de los criminales serios, entre los que se incluyen los líderes de bandas, pueden indicarte dónde hay uno una vez que sepan que no les estás engañando. Necesitarás unos cuantos billetes para localizar al falsificador y comprar la identidad falsa. Normalmente, cuanto más pagues, mejor es el trabajo, pero no pongas la mano en el fuego. Incluso en el caso de un trabajo profesional, te aconsejo que no utilices los papeles salvo que sea absolutamente necesario.

Siempre puedes robárselos a un donante, pero abstente de utilizar estas identidades prestadas a menudo. Seguro que dispararán las alarmas, en especial si ya has atraído la atención sobre ti. Por otro lado, si has seleccionado a tu víctima con cuidado, podría ser una forma perfecta para sembrar la confusión. Sin embargo, deberás saber que estás caminando sobre vidrios rotos cuando pongas en práctica estos trucos, por lo que te recomiendo que tengas cuidado o acabarás perdiendo algo de sangre. La verdad es que no debes preocuparte demasiado del día a día. Si has hecho caso a mis consejos, estarás utilizando exclusivamente dinero, por lo que nadie te pedirá tu documento de identificación con frecuencia. Además, la gente suele confiar más de lo necesario, por lo que siempre puedes afirmar que eres alguien y no despertar demasiadas sospechas. Incluso puedes llegar a falsificar un número de la Seguridad Social, que aunque no soportará una comprobación, será útil para realizar algunos trámites.

Las tarjetas de presentación otorgan un elevado grado de credibilidad a lo que está escrito en ellas. Por menos de diez dólares, cualquier idiota puede acercarse a una papelería y comprar una caja en la que diga cualquier tontería, pero que la gente tomará a sagrado. Existe mucha gente estúpida por el mundo. Te aconsejaría que dispusieras de dos identidades falsas cuando te pongas a trabajar. Para el resto de las cosas, una charla rápida, una buena historia y algo de astucia será suficiente cuando debas tratar con alguien distinto de un agente de la autoridad.

No Vistas Para Impresionar

Esta es una de las cosas más difíciles que los anarquistas tienen que tragarse: no vistas como si fueras un modelo de portada de una revista. La mayoría de los anarquistas están tan preocupados por su apariencia que pasan más tiempo en las tiendas de ropa que poniendo en aprietos a la Camarilla. Lo peor de todo es que la alta costura sirve para atraer la atención sobre ellos. Y dejando a un lado las fiestas que organizan, esas indumentarias de cuero y seda sólo sirven para que destaquen como si llevaran una sirena sobre sus cabezas que dijera “¡Miradme!” cada cinco segundos. Ni se te ocurra vestir de esa manera cuando te internes en una zona rural.

Cuanto más desapercibido puedas pasar, más oportunidades tendrás para sobrevivir. Viste para no destacar de lo que te rodea. No desearás que alguien te recuerde dos noches después de haberte visto cuando la policía (o un matón de la Camarilla) ande tras tus huellas. En general, la idea es la misma que la que te hizo elegir un vehículo determinado, sólo que en este caso se aplica a tu persona. Y va más allá de tus ropas: pelo, tatuajes, piercings, todo eso. Dependiendo de la apariencia que tuvieras cuando fuiste abrazado podría significar un corte de pelo cada tarde, o como mínimo un sombrero. Los tatuajes pueden ocultarse con facilidad y en lo que respecta a los piercings, no hace falta que conserves ese trozo de metal en la lengua, Sherlock. Si tuvieras suerte y fueras muy peludo, dispondrías de un disfraz perfecto, ya que la utilización de distintos cortes alteraría tu apariencia de forma radical. Una barba o un bigote también ayudarían. Por otro lado, si estuvieras calvo, mejor sería que compraras unas cuantas pelucas. Cuida tus hábitos, deberás disimular tu forma de caminar, el acento o la jerga regional. Una frase distintiva podría ser perfecta para un luchador, pero es lo más cercano a una huella dactilar que puede disponer alguien que vaya detrás de ti. Básicamente, debes convertirte en otro rostro de la multitud.
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