Los Deberes para con los Sirvientes

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Uno de los aspectos más importantes de las enseñanzas de Muhammad tenia que ver con la emancipación e igualdad de los esclavos. Lo consideraba el acto de caridad definitivo, capaz de expiar incluso los pecados más graves, por desgracia, la experiencia ha demostrado que este ideal no es nada práctico, tanto para los Ashirra como para los musulmanes en general. Para los Ashirra, poseer un buen grupo de leales sirvientes no sólo es cuestión de comodidad sino de supervivencia personal.

La ley Islámica especifica que los esclavos solo pueden proceder de dos fuentes: prisioneros de guerra o descendientes de otros esclavos. Algunos musulmanes reciben esclavos como parte de su herencia personal, frecuentemente descendientes de lacayos que llevan perteneciendo a su familia desde hace generaciones. De hecho, los antiguos de la familia suelen transferir a sus descendientes, los esclavos más eficientes como si fuesen heredades valiosas. La mayoría de los Ashirra de alta cuna comienzan con varios esclavos que se encargan de cuidar de su hogar y llevar sus asuntos, y la secta anima a sus miembros a que no tomen más de los necesarios (aunque muchos de los devotos siguen arguyendo largas listas de razones para justificar sus impresionantes séquitos).

Se permite a los Ashirra crear cuantos ansar deseen de entre sus esclavos, pero se considera un poco de mal gasto someterles a la lealtad preternatural del juramento de sangre. Se espera que los Ashirra tengan cuidado de no abusar de sus siervos, pero el politiqueo es un importante incentivo para atar a los esclavos mediante el poder de la sangre. Los Ashirra más astutos pueden desconcertar a sus rivales políticos y ganar algo de prestigio personal al mismo tiempo ofreciendo comprar la libertad de uno de los esclavos de los rivales en algún lugar público como la mezquita. Como es natural, la conciencia del propietario del esclavo le dicta que no puede negarse, desde luego no ante la presencia de tantos testigos... lo único que puede hacer es intentar que la negociación sea tan difícil como pueda. La negociación priva al rival de un valioso recurso mientras que el comprador cosecha alabanzas por su virtud y altruismo. El juramento de sangre evita esta debilidad, ya que el ansar liberado seguirá siendo siervo de su antiguo amo.
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