Uniéndose al Club

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No sería demasiado descabellado afirmar que los anarquistas están dispuestos a aceptar a cualquier Vástago que desee unirse a ellos, ya que están lo suficientemente desesperados como para admitir a cualquiera que pueda tener algún valor para la causa, aunque en el fondo, su propia moral basada en la igualdad de oportunidades para todos los Vástagos les obliga a otorgar las mismas posibilidades para todos. Esto no significa que sean estúpidos. Todo vampiro puede unirse a ellos, pero cualquiera que se involucre seriamente en los asuntos anarquistas puede esperar que su historia y sus afiliaciones políticas sean examinadas con detalle. Todo enemigo imaginable, desde arcontes encubiertos hasta soldados del Sabbat que han intentado acercarse a objetivos de la Camarilla, pasando por consejeros Assamitas o Setitas camuflados con la intención de inflamar el conflicto entre la Camarilla y los anarquistas, ha tratado de abrirse camino hasta los cargos más elevados del Movimiento Anarquista. Para vergüenza de los anarquistas, algunos de estos enemigos se han salido con la suya, por lo que están decididos a no permitir que vuelva a suceder en el futuro.

A pesar de todo, si cualquier Vástago puede demostrar de forma sólida que no está aliado con los enemigos de los anarquistas, será aceptado, al menos de forma provisional. Los anarquistas carecen de un período formal de prueba. Simplemente no confían del todo en las nuevas incorporaciones hasta... bien, hasta que son dignos de confianza.

Chiquillos

Los líderes anarquistas son algo más cuidadosos cuando realizan nuevos Abrazos, o al menos eso intentan. Como hemos mencionado con anterioridad, a los anarquistas no les importa demasiado la Tradición de la Progenie. Muchos de ellos, especialmente los miembros de las generaciones más jóvenes, Abrazan cuando y a quien quieren, sin tener en cuenta la voluntad de sus antiguos. Aquellos que siguen esta práctica en una ciudad dominada por la Camarilla huyen rápido o acaban empalados en una habitación con vistas hacia oriente, pero los que eligen territorio anarquista para estas prácticas suelen salir ilesos.

Cuando tienen voz en la materia, los líderes anarquistas (y otros miembros devotos a la causa) no suelen mostrarse demasiado interesados en quienes Abrazan y quienes no. Suelen preferir que los candidatos sean útiles para el movimiento, pero están más preocupados por asegurarse de que no se convertirán en una amenaza. Los anarquistas más violentos poseen cierta tendencia a Abrazar mortales a los que sólo conocen porque les han visto pelear. Esta tendencia es peligrosa, ya que da lugar a anarquistas interesados en la violencia por el gusto de la violencia, no por el deseo de mejorar la posición de la ideología. Muchos de esos neonatos acaban pareciéndose a las manadas Sabbat y causando un gran daño antes de ser atrapados por la Camarilla (o en algunos casos extremos, por otros anarquistas).

El problema radica en que los jóvenes anarquistas acaban Abrazando al ser amado, a un buen amigo o a un mortal al que encuentran fascinante. Ven el Abrazo como un regalo que desean compartir (algo loable, pero peligroso). Esta tendencia de crear progenie sin permiso (y a menudo premeditada) ha dado lugar a toda una serie de neonatos problemáticos que rozan la psicosis. Muchos de esos Abrazos acaban en catástrofe cuando el chiquillo demuestra ser incapaz de soportar las cargas de la no muerte. Los suicidios (y en ocasiones los homicidios suicidas) son más comunes entre los neonatos anarquistas que en cualquier otro grupo. Un caso reciente en Luisiana, cerca de Nueva Orleáns, tuvo como protagonista un Abrazo anarquista que causó la Muerte Definitiva de al menos siete Vástagos. El chiquillo no sólo mató a su sire y a dos miembros de su cuadrilla en un frenesí demente antes de acabar con su propia existencia, sino que su muestra de locura llamó la atención de la Sociedad de Leopoldo, la cual mató a tres Vástagos antes de abandonar la zona.

Otros candidatos demuestran su incapacidad para mantener su condición en secreto y deben ser destruidos por sus propios sires. De momento, los antiguos anarquistas se han convencido de que hay cierto propósito en la Tercera Tradición, pero los anarquistas más jóvenes continúan Abrazando a quienes desean, incapaces de abrir sus ojos a las repercusiones.

Educación

Como los barones y el resto de los líderes anarquistas no tienen ninguna forma práctica de hacer cumplir la Tercera Tradición sin destruir a la secta, han optado por el mal menor. Intentan asegurarse de que todos los neonatos anarquistas reciben una educación completa sobre los aspectos fisiológicos y psicológicos de la existencia vampírica. Los barones no pueden obligar a los jóvenes anarquistas a cumplir cierto currículum, por lo que, tomando como ejemplo a algunas instituciones de caridad mortales, han comenzado a ofrecer una serie de consejos prácticos y han impulsado programas educativos en algunas ciudades. Aunque suelen compartir esta información de forma oral, también insertan mensajes codificados en grupos de noticias de Internet. Muchos neonatos, cuando se dan cuenta de la monumental tarea que cargan sobre sus espaldas al Abrazar a un chiquillo, suelen dejar que otros asuman la carga de enseñarle las nociones básicas. Incluso algunos de los vampiros recién Abrazados y abandonados a su suerte, cuando tienen noticia de estos programas, deciden formar parte de ellos de forma voluntaria.

Por supuesto, en lo que respecta a la sociedad vampírica, la educación es subjetiva. Cualquier neonato que finalice uno de esos programas tiene un concepto completo de la Camarilla, aunque es un concepto que se le ha presentado de una forma adecuada para garantizar en el estudiante un sentimiento de simpatía hacia los anarquistas. No se trata de un lavado de cerebro (los anarquistas lo llamarían contarlo como lo ven), aunque va más allá de la simple memorización de hechos. Estos programas hacen hincapié en la importancia de la Mascarada para asegurarse de que ninguno de esos neonatos va a poner en peligro a los Vástagos con su propia ignorancia. En la actualidad están activos una docena de estos programas, distribuidos entre los Estados Unidos y Canadá. El más antiguo está situado en San Bernardino y está dirigido por antiguos miembros del Estado Libre Anarquista.

Ghouls

Considerando que el concepto de ghoul es diametralmente opuesto a todo lo que representa el anarquismo, resulta sorprendente el elevado número de anarquistas que se rodean de ellos. Si los anarquistas son algo descuidados en la elección de sus chiquillos, suelen mostrar la misma promiscuidad en lo que a ghouls se refiere. ¿Tienes una novia que quieres mantener junto a ti por el resto de los años? ¿Un compañero de borrachera que echas de menos? ¿Un criado que se encargue de ti durante el día? ¿Un camello del que puedas obtener información fresca, por no mencionar algún paquetito de pastillas para tus negocios colaterales o la obtención de dinero de emergencia? ¿Y qué decir de tu mecánico favorito, el único que ha conseguido que tu automóvil funcione a las mil maravillas? ¿Y si le ocurriera algo? Mejor darles unas gotas de tu vitæ de vez en cuando, para tenerlos siempre a tu lado.

Se afirma que hay más ghouls anarquistas que vampiros anarquistas. Aunque puede tratarse de una exageración (nadie los ha censado, ya que la logística implicada haría que la tarea se convirtiera en una pesadilla), existe cierto grado de verosimilitud en ella. Incluso la Camarilla, que deja muchos de sus asuntos en manos de los ghouls, cuenta con costumbres y tradiciones que mantiene la población en niveles razonables. Los anarquistas carecen de estas limitaciones, lo que tiene sus consecuencias. Más de un anarquista se ha visto forzado a dejar que alguno de sus ghouls perezca porque no podía alimentarse lo necesario para mantenerlos a todos. Con respecto a este hecho, debemos hacer hincapié en que los ghouls anarquistas poseen un elevado grado de rotación. Es más fácil abandonar a un ghoul que a un chiquillo, y cuando esa novia, amigote o cualquiera causa más problemas de los necesarios (o ya no es tan interesante), todo lo que el anarquista necesita es dejar de alimentarlo. La realidad no es tan sencilla, aunque muchos neonatos anarquistas no lo descubren hasta que es demasiado tarde.

El vínculo de sangre puede durar meses, o incluso años, tras el último sorbo de vitae, por no decir nada de los aspectos adictivos de la fuerza y la vitalidad del ghoul. Muchos ghouls anarquistas no lo han sido durante tanto tiempo como para sufrir un envejecimiento rápido cuando dejan de beber de su domitor. El resultado de esta consecuencia de la moda anarquista suele ser un individuo obsesionado que sabe todo lo que hay que saber sobre su antiguo objeto de afecto. La idea de que un mortal (dejando a un lado el cazador profesional) aceche a un vampiro puede sonar ridícula, pero suele ocurrir con los antiguos ghouls de los anarquistas y los resultados no son tan predecibles como podría esperarse. Y esto sin tener en cuenta la amenaza que representa un ghoul abandonado para la Mascarada.

Muchos anarquistas idealistas fruncen el ceño ante la idea de mantener ghouls e intentan disuadir a sus hermanos de este hecho (con una notable falta de éxito). No se trata de evitar los problemas que hemos expuesto con anterioridad, aunque son un factor a tener en cuenta. Estos idealistas consideran que la vinculación de cualquier persona, aunque pertenezca al ganado, no convierte a los anarquistas en mejores seres que los antiguos de la Camarilla. Argumentan que si hay que luchar por la igualdad, no debe incluirse sólo a los Vástagos. Los mortales deben hacerse acreedores a ciertos derechos básicos en el sistema. Resulta irónico que muchos anarquistas estén de acuerdo con ellos, al menos en teoría. Incluso los neonatos que hemos mencionado con anterioridad, aquellos que se rodean con más ghouls de los que pueden mantener, afirman que esclavizar un mortal bajo un vínculo de sangre es un acto malvado.

“¿Qué? Bien, sí, tengo ghouls, ¡pero eso es distinto! ¡No son esclavos! ¡Cuido de ellos! Somos felices juntos, ¿verdad?”. Esta pregunta es contestada por un coro de síes, confirmando la forma de pensar del anarquista de que aunque los vínculos de sangre no son justos la mayor parte del tiempo, están perfectamente justificados en este caso. Los Vástagos, en especial aquellos tan apasionados con su causa como los anarquistas, poseen una extraña facilidad para autoconvencerse.
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