22 de Octubre de 1991

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Había triunfado en mi tarea. Había destruido a D'Arcon, el vampiro que capturó a mi hermano. Pero el Dr. White había sido muerto miserablemente por una bala. Este hombre se había enfrentado a terrores míticos y antiguos sólo para ser derribado en manos de un segundo por una pistola, el triunfo de la revolución industrial. Lloro su muerte. La suya... y la de alguien más querido.

Recogí la bolsa y seguí hacia adelante llamando a Robert. Ciertamente esperaba encontrar a otro vampiro, pues William había sugerido que había más. Robert no me contestaba y ya iba a descender un nuevo tramo de escaleras cuando oí un sollozo en el extremo más alejado de la habitación de al lado. Entré despacio, cautelosamente, con la estaca en una mano y la pistola en la otra. Robert estaba en un rincón, contemplándome temeroso. Al adentrarme le vi mejor y supe por qué me temía. Su piel era tan blanca. Estaba delgado, como si no hubiese comido en varios días. Supe lo que era. D'Arcon lo había hecho y Robert era ahora un vampiro.

"No es justo", gimió. "No puede defenderme contra ti. Por favor, no lo hagas."
No respondí, no sabía que decir.
"Me iré", dijo Robert. "Me iré lejos, y podrás olvidarte de mi. Pero déjame vivir."

Lo dijo con tanta pasión, con tal ansia de vivir que casi me conmovió. Pero sabia lo que era. Sabía lo que pronto le haría a otros para seguir con la vida que quería que yo le concediese. Y lo que después de bastantes años le haría a otro para escapar de su profunda soledad. "Tengo que hacerlo", fue todo lo que dije. No se resistió. Nunca pudo luchar contra mi. Siempre cedió. Dios ¿qué soy?. Él era mi hermano. La estaca se clavó fácilmente en él. Se me montó un músculo mientras subía y bajaba el hacha. Aún no se ha curado. Quizá ese dolor me acompañe siempre.

Abandoné la casa a través de la ventana por la que entró el doctor. No me molestó ninguno de los invitados que me vieron en el jardín. Hice una llamada anónima a la policía denunciando un asesinato en la casa, para que pudiesen enterrar al doctor. Era un buen hombre.

Ahora estoy sola. No tengo fuerzas para seguir con los negocios. Estoy pensando qué es lo que voy a hacer. Siempre me han gustado los bosques. Y la nieve. Creo que voy a alejarme de todo esto y me iré a las montañas a empezar de nuevo.
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