Los Bajos Fondos

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Cuando hablas de los bajos fondos, la gente empieza a pensar inmediatamente en restaurantes italianos, chicos japoneses a los que les faltan dedos o triadas de Hong Kong equipadas con armamento de última generación. Las evidencias indican que todos ello están asociados a los pútridos o al menos son sus marionetas. El crimen organizado está... organizado, vaya. Está involucrado en actividades de alto nivel como la extorsión, el comercio de "protección", la falsificación, el fraude, el asesinato, la prostitución, las apuestas ilegales y el vertido de desechos tóxicos.

Todas estas operaciones parecen sumamente apropiadas para monstruos ávidos de poder. Si la Policía es el puño derecho de los pútridos, entonces los criminales son la mano izquierda que empuña la daga envenenada. Si estás demasiado limpio para que la policía te meta mano, es muy probable que Nicky y Jocko te hagan una visita. Te harán lo mismo que te hubieran hecho los polis, pero en vez de interrogarte en la celda de confinamiento de una comisaría, lo harán en un almacén abandonado. Todo lo dicho anteriormente para los polos es válido en el caso del crimen organizado, salvo que los criminales no tienen la pretensión de parecer imparciales. Si te metes con sus intereses, tomarán represalias. Así es cómo operan, estén o no controlados por los pútridos o cualquier otra clase de monstruos. En muchos casos, el crimen organizado tiene ya las zarpas sobre el pastel local; en tales casos, los monstruos no necesitan siquiera cubrir sus huellas. Cuando los agentes que investigan el caso de tu rótula destrozada escuchen de tus labios la descripción de Nicky y Jocko, sus ojos despedirán un brillo extraño y ese serpa el fin de la investigación.

Nunca debes olvidar que, en muchos lugares realmente pobres, los criminales son la ley. Hay muchos sitios en los que la Policía jamás se aventura. En otros, los residentes prefieren llamar a los gánsteres a los que pagan para que los protejan, ya que estos criminales harán menos daño que la propia Policía. Las autoridades criminales no cuentan con laboratorios; esta gente se esfuerza más que las autoridades locales en hacer bien su trabajo y no tienen que preocuparse de reunir pruebas, preparar un caso o toda esa basura. Los criminales no te envían a prisión; te envían al hospital o al depósito de cadáveres. Si cometes un crimen en el lugar equivocado, los polis serán la menor de tus preocupaciones.

Sin embargo, los bajos fondos no se componen únicamente de tipos que comen demasiada comida extranjera y dicen cosas como "el Don se siente herido por tu falta de respeto". Existe todo un mundo de chorizos y criminales de poca monta en las calles. Los ladronzuelos, chulos, timadores, macarras, ladrones de bolsos, navajeros, artistas de la estafa y pandilleros son la escoria de la sociedad, los perdedores en el juego de la vida. Cuando los ciudadanos honestos se encuentran con uno de éstos, sus miradas resbalan sobre ellos. Entrando y saliendo constantemente de cárceles, siempre bajo sospecha, la mayoría de quienes forman esta auténtica ecología del fracaso viven por debajo del límite de la subsistencia. Los peces que nadan en este estanque son diminutos en comparación incluso con las figuras menos importantes del mundo del crimen organizado. Ellos son los que terminan sus vidas, congelados en un callejón, desangrados por culpa de un trato que ha salido mal o flotando boca abajo, los cuerpos blancos, privados hasta de la última gota de su sangre por un pútrido. El que acaben en el cementerio comunitario para pobres o en los hornos crematorios del depósito de cadáveres, es algo que a nadie le importa.

El olvido en que viven estas personas es otra prueba de la ceguera a la que Dictadora11 se refirió antes. Como sociedad pretendemos que estos despojos humanos no existen, aunque cada uno de nosotros conoce por lo menos a uno o dos de ellos. Sólo cuando se deslizan por debajo de la legitimidad advertimos lo infestada de gusanos que está nuestra sociedad. Sólo entonces advertimos en qué medida este mundo ordenado no es más que una ilusión, creada para tranquilizarnos, para asegurarnos que las cosas les ocurren a los otros. Este es tu mundo. Este es el mundo del que los monstruos se alimentan.

Paradójicamente, son estas "clases bajas" las más conscientes de la verdadera naturaleza del mundo y de la manera en que funciona. Puesto que se encuentran en las cloacas, por debajo de la ley, los monstruos relajan su control sobre ellos. Y dejan que sus máscaras caigan. ¿Es acaso una casualidad que tanta magia y tanta superstición se filtren desde el gueto?.

Cuando vemos a uno de estos miserables conjurando un encantamiento contra las criaturas de la noche, no es la ignorancia la que la motiva, sino la certeza de que aquello contra lo que pretenden protegerse es terriblemente real. Pero el que el enemigo relaje su control sobre los miserables, no significa que no los vigile. Los monstruos se alimentan y juegan entre ellos. Son su rebaño. Si le das una paliza a un chulo o a un ratero de poca monta, puede que estés metiéndote con la comida de alguien. Hazlo demasiado a menudo y acabarás por llamar la atención.
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