La Sociedad de Leopoldo (La Inquisición)

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Llámalos velas en la oscuridad. Llámalos ángeles heridos. Llámalos sádicos fanáticos. Pero no los llames apáticos. Antes de que la ciencia prendiese su luz en la noche para dar coraje a los hombres, estas ovejas osaron desafiar a los amos depredadores. No son anticuados cruzados enclaustrados en monasterios. A día de hoy, esgrimen espadas y pistolas en sórdidos callejones bañados con sangre de monstruos y el parpadeante destello de una cruz de neón. Reclutan y coordinan ataques a través de Internet.

Escuchan música sacra en sus auriculares para ahogar las venenosas palabras de los demonios que exorcizan. Éstas son las historias de la moderna Inquisición. No hay mortales que los Hijos de Caín teman más. Los historiadores consideran la Inquisición como la terrible faceta que la Iglesia Católica mostró al mundo desde 1231 a 1834. Pero la Estirpe sabe que la Inquisición no terminó en el siglo XIX, sino que perdura hasta las noches actuales más temible que nunca. Ciertamente, pocos mortales evocan tanto miedo en los vampiros experimentados de la manera que lo hace la moderna Inquisición. El público en general, e incluso algunos altos cargos de la Iglesia (incluyendo al Papa) nada saben de las actividades actuales de la Inquisición, debido al alto nivel de secretismo de la organización. La Sociedad de Leopoldo está principalmente (pero ya no de forma exclusiva) conformada por Católicos Romanos. Los miembros “interreligiosos” de la Inquisición se dedican devotamente a la erradicación de vampiros y otras entidades sobrenaturales, cosa que la Sociedad perseguía vigorosamente bajo la guía de Monseñor Amelio Vittore.

Sin embargo, cuando el monseñor tuvo un ataque al corazón, la Sociedad tuvo que lidiar con una crisis interna que poco a poco se cernía sobre su gestión. Durante este tiempo milenarista, la ausencia de dios de la época moderna ha convencido a todos menos a los más fanáticos Inquisidores de que el Apocalipsis no es (todavía) inminente. Sin embargo, cada miembro de la sociedad ha sentido con seguridad que las fuerzas terrestres del Adversario le darían tremenda importancia a este punto de inflexión que marca el calendario y posiblemente lleve a cabo sacrilegios devastadores de magnitud global. Un fin de siècle similar hizo presa del mundo mortal, bajo apelaciones tales como la “crisis Y2K” y el miedo al fin del calendario Maya en 2012. Mientras algunos Leopoldistas temen que el Salvador nunca regrese (aunque ninguno lo haya admitido jamás), todos ellos reconocen la amenaza real y actual que las criaturas de la noche representan para la humanidad.

Peor aún, la población por la cual los Inquisidores arriesgan sus vidas para proteger, parece lista para emular e incluso adoptar a estos seres malignos. La moral en la Sociedad también se ha visto resentida debido a la controversia sobre la tortura, que el Monseñor Vittore mismo había prohibido oficialmente, declarándola una herramienta inaceptable para la Inquisición. Por supuesto, torturas no oficiales y clandestinas fueron la regla para algunos miembros de la sociedad, quienes vieron que ésta era la única manera de vencer en la guerra. Todos estos miedos e inseguridad combinados pavimentaron el camino para el ascenso de un líder seguro de sí mismo y sus técnicas: Quien había sido la Provincial austríaca Ingrid Bauer, conocida a sus espaldas como “La Doncella de Hierro Original”. Los vampiros jamás supieron lo relativamente sencillas que fueron sus no-vidas durante el mandato previo de Monseñor Vittore. Lo cierto es que durante los años de mandato del venerable anciano, él presidió directa o indirectamente la destrucción de muchos Cainitas y ghouls, por lo que la actitud dominante de la Estirpe hacia la Inquisición fue de una cautela generalizada.

Si irritabas a la Inquisición, ellos seguramente te dejarían en paz e irían tras vampiros lo suficientemente descarados (o estúpidos) como para enfrentarse con la Sociedad deliberadamente. Pocos Vástagos fueron lo suficientemente atrevidos o astutos como para utilizar a la Inquisición a su favor en la Yihad. Ahora, los antiguos intercambian rumores sobre inquisidores renegados que traicionan a sus amos Cainitas: un Ventrue de alto rango, su rival Lasombra y una pequeña secta de Nosferatu renegados de linaje francés. Estos Vástagos y más, supuestamente languidecen en una mazmorra desconocida, donde sufren torturas a manos de cazadores de brujas. Los neonatos susurran historias de cuadrillas destruidas por Leopoldistas con sus espadas que exhiben una ferocidad y habilidad previamente desconocidas. Más problemas para la Estirpe son los informes de ataques organizados contra refugios supuestamente seguros desde hace mucho tiempo, siendo algunos de éstos, guaridas que habían permanecido invioladas desde los tiempos de la Reina Victoria.

Por supuesto, Ingrid Bauer es la nueva fuerza detrás de estas actividades. Solo un puñado de antiguos de la Estirpe tiene suficiente información como para establecer el vínculo ya que la llegada al poder de la nueva Inquisidora General coincidió con una exhaustiva purga de elementos desleales en los altos rangos de la Inquisición. Los Censores de la Inquisición cortaron en seco a casi todos los miembros infiltrados que estaban activamente espiando para la Estirpe, un buen porcentaje de individuos que “simpatizaban” con los Condenados y unos pocos Leopoldistas enteramente inocentes que aprendieron el verdadero significado de sufrir por la causa. Solo un puñado de estos infiltrados sobrevivieron a esta “inquisición de inquisidores” y ahora viven con miedo hacia sus camaradas y a terminar siendo descubiertos. La gran mayoría abandonó a sus amos no-muertos, por temor a caer en trampas que lleven hacia las mazmorras de la Sociedad.

Un nuevo vigor se ha extendido entre la mayoría de los Inquisidores, pero un antiguo malestar todavía perdura aun que la situación sea distinta. Incluso a pesar de que Bauer se encarga de que braseros encendidos, aceite hirviendo y plomo fundido estén a mano en mazmorras de la Inquisición en cuatro continentes (Asia continúa desafiando a la organización), el uso de la tortura ha vuelto a convertirse en un asunto espinoso.

Donde antes la mayoría clamaba abiertamente para que se restablecieran estos métodos, ahora existe una minoría silenciosa que se horroriza ante estas prácticas. El verdadero problema es que estos reparos morales están, de hecho, erosionando una de las más poderosas armas de la Inquisición contra los vampiros: la Fe Verdadera. Esta cualidad, inherente a ciertos individuos, puede repeler un vampiro sin la necesidad de cruces, agua bendita, o cualquier otro emblema sagrado, de hecho, en las manos de no creyentes, estos objetos son inútiles contra los vástagos.

Monseñor Vittore comprendía que utilizar la tortura contra cualquier ser, incluso muerto, provocaba esos efectos que atrofiaban y corrompían el alma y la fe. No consideraba la destrucción rápida de los vampiros como un asesinato, sino como misericordia; la tortura, sin embargo, la consideraba un descenso a la crueldad repulsiva del enemigo. Por desgracia, la Inquisidora General Bauer es inmune a esos reparos, convencida totalmente de lo correcto de su cruzada y también de sus métodos. Resulta interesante señalar que ella es uno de los pocos inquisidores con vasta experiencia como torturadora y a la vez poseedora de una impresionante Fe Verdadera. Son todavía más inquietantes, especialmente para los miembros más católicos de la orden, sus afirmaciones indicando que este “dualismo” – según sus palabras, le proporciona una ventaja sobre las criaturas de la noche. En opinión de otros inquisidores esa afirmación no es sólo moralmente peligrosa, sino que también se parece a las herejías de los siglos anteriores al tiempo de las hogueras.

A los ojos de algunos de sus miembros más ortodoxos y devotos, la Sociedad de Leopoldo ha pagado el precio de escoger a Ingrid Bauer como su líder. Es cierto que libra una guerra santa contra la Estirpe y su calaña (para ella los hombres lobo, entre otros, son herramientas de los vampiros) que casi todos los Inquisidores deseaban (y necesitaban) luchar. Con las academias de combate que ha establecido en el Desierto Black Rock de Nevada y en los montes Pirineos de España, también ha mejorado los preparativos de la organización para esta guerra. Ahora, muchos Inquisidores en “activo” portan un bastón espada o una “gladius dei” y son más que hábiles en su uso. Bauer incluso instruye personalmente a sus subordinados en las técnicas apropiadas para organizar congregaciones y convertirlas en bandas de cazadores de brujas, incluso hasta el punto de utilizar medios de comunicación modernos y redes sociales.

Desafortunadamente la Inquisidora General no es capaz de solucionar los problemas espirituales que se extienden entre sus tropas, y que empeoran cada vez más. El alcoholismo, la depresión y la adicción a la pornografía son comunes entre los Leopoldistas. Además, no se puede negar que un gran número de los más éticos Leopoldistas se han apartado de sus compañeros por el tema de la tortura, a pesar de que aún no hayan emprendido ninguna acción formal contra ellos. En cuanto a Bauer, ella se encuentra cada vez más estresada debido a las idas y venidas de su posición. Desde que asumió el liderazgo de la Sociedad, su pelo se ha vuelto completamente blanco, ha excomulgado a algunos de sus opositores más destacados, y ha anulado sin su consentimiento el matrimonio de laicos cuya vida personal se ha “entrometido” en su vigilancia.

¿Qué es la Inquisición? 

La Inquisición es, simplificando, la organización de mortales dedicada (por lo común en el nombre de Dios) a erradicar a las criaturas sobrenaturales de la faz de la tierra. Más técnicamente, se refiere a la Sociedad de Leopoldo, una organización desconocida para la mayor parte de los mortales, y nada apreciada por los sobrenaturales. La Sociedad de Leopoldo cree que los habitantes sobrenaturales del Mundo de Tinieblas son todos hijos del Enemigo, del Anticristo, al que sirven como su ejército. La Sociedad está preparada para la Parousia, el Segundo Advenimiento, en el que se librará la batalla final entre los siervos de Dios y los del Enemigo.

• Tema: El tema de la Inquisición es la cruzada. La Sociedad de Leopoldo se ve como el último baluarte de la humanidad frente a las hordas invasoras del Mundo de Tinieblas. Los Inquisidores son los nuevos cruzados, y el mundo es su Tierra Santa. Pero la suya es una lucha solitaria, privada del apoyo de aquellos a los que protege. La humanidad en general ignora el conflicto, y muchos tomarían por locos a los Inquisidores. Éstos son caballeros sagrados, alejados de sus iguales humanos por su conocimiento de lo que espera. Algunos de ellos son verdaderos celotes, sí; pero más vale errar por exceso de precaución que bajar la guardia en defensa de la humanidad. Aunque el Enemigo no siempre es obvio, no olvides que esto es una guerra: laserie de batallas es interminable, pero la verdadera guerra no ha llegado todavía. Cuando el Infierno se desate sobre el mundo, cuando las fuerzas del Enemigo inunden la tierra y la sangre de los inocentes sea derramada, entonces comenzará la verdadera batalla. Y la Inquisición estará preparada.

• Ambiente: El ambiente de la Inquisición es de frenesí apocalíptico. La Sociedad está consagrada nada menos que a la protección de la Tierra, y ha estado preparándose constantemente para la Parousia. No importa que lleven más de siete siglos esperándola; todo tiempo es inminente para Dios. Lo importante es que la Sociedad está siempre vigilante y siempre dispuesta. Aunque la Sociedad sabe que va a ganar esta batalla, no se limita a descansar tranquila en su conocimiento. Mucha sangre será derramada, muchas vidas inocentes perdidas... pero todo será en el nombre de Dios. Cuando se produzca el Segundo Advenimiento, la Sociedad estará preparada, espada en mano. Por supuesto, no todas las historias de la crónica tienen que ser una especie de Göttendâmerung; demasiados Ragnaroks pueden aburrir a los jugadores y disminuir la eficacia de la historia. Pero debería haber una sensación apocalíptica tras todo ello: cada Auto-da-fe tiene su papel en la batalla final, que se va aproximando cada día más.

Personajes Mortales 

El papel del cazador de brujas en Vampiro (y en todos los juegos del Sistema Narrativo del Mundo de las Tinieblas) suele resultar interesante tanto para jugadores como para el Narrador. Gracia a este espacio, todos podrían añadir profundidad y perspectiva a sus cazadores, particularmente a los de la Sociedad de Leopoldo y la Inquisición. Pretende darte una imagen de las diversas y frecuentemente enfrentadas creencias de los miembros de la Sociedad de Leopoldo, así como de otros aliados que dan caza a lo sobrenatural.

El objetivo es dar más personalidad a los cazadores de brujas, asegurando que sean más que meros celotes religiosos con armas, y que la Inquisición, a pesar de sus numerosos defectos, sea elevada de manera más justa. Detallaré la Historia de la Sociedad y su actual organización, así como sus ideologías y perspectivas del mundo, y una descripción de las diversas facciones. Contiene directrices para crear Inquisidores, incluyendo Trasfondos, Habilidades Secundarias, Méritos y Defectos. Finalmente, para quienes creen que los personajes mortales están en absoluta desventaja en el Mundo de Tinieblas, hay explicaciones sobre las armas de los fieles, desde la Fe Verdadera hasta la Teurgia, la invocación de poder mágico de origen divino, pasando por la tortura. La Inquisición busca también ensanchar los límites de tu crónica, añadiendo diversas molestias a tus antagonistas Inquisidores. Aunque esto se centra en la caza de vampiros por parte de la Sociedad, los Vástagos no son el único objetivo de la Inquisición: todos los demás habitantes del Mundo de Tinieblas han atraído las miradas de los fervorosos Inquisidores. También deberás aumentar el surtido de posibilidades para los jugadores, puesto que hay más opciones que el estereotipo común del Inquisidor.

Recuerda, no obstante, que la historia de la Inquisición aparece aquí escrita por un miembro de la Sociedad de Leopoldo. No cabe duda de que sólo se habrá perdido una pequeña proporción de objetividad. Es más, la Sociedad de Leopoldo tiene algo más de siete siglos de antigüedad: la historia contenida aquí sólo puede chapotear en la superficie de un río muy profundo, que lleva en sus aguas las experiencias de cientos de hombres y mujeres, cada uno con su historia personal.

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