Aruru, la Faz de la Carne

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Algúna vez, los Ángeles de la Carne fueron los más poderosos de los Ángeles de la Naturaleza, creando las leyes que la vida misma acataba. Con un toque, un Aruru puede detener el corazón de un mortal o remodelar su carne para que incluso su madre no lo reconozca. Si bien esto es impresionante, no es nada en comparación con las maravillas en la que los Aruru trabajaron en tiempos pasados y esto los vuelve amargados. El Saber de la Carne es todo lo que queda de lo que alguna vez fueron los Aruru. Los cínicos a menudo señalan que cualquier emoción humana, incluida la fe, puede cuantificarse como un patrón electroquímico en el cuerpo. Los Aruru no ve esto como evidencia en contra de Dios: ellos, después de todo, fueron acusados de crear esos patrones. La biología viviente es inmensamente compleja, e involucra tantas reacciones y variables, que Dios creó solo unos pocos Aruru, en lugar de arriesgarse a que demasiados cocineros estropeen la sopa primordial. A estos ángeles, a diferencia de sus primos más básicos, se les encargó asegurarse de que la vida pudiera florecer, incluso en la inmensa variedad que Dios había otorgado a la Tierra.

El hecho de que los humanos aún estén descubriendo nuevas especies hace que estos ángeles se sientan orgullosos, al igual que el hecho de que muchos organismos se están adaptando a entornos para los cuales los Aruru nunca los consideró. Al igual que los Antu, los Aruru son eficientes. Puede que les guste experimentar, a veces con sus propios cuerpos, pero en general mantienen sus formas reveladoras simples. Muchos de ellos simplemente idealizan a sus huéspedes humanos, haciéndolos saludables y físicamente perfectos. Raramente se molestan con la estética, aunque tienden a corregir cualquier asimetría física que encuentren. Las nuevas ciencias de la clonación y la manipulación genética horrorizan a la mayoría de los Aruru; Dios otorgó poderes como estos a los ángeles por una razón, después de todo. Los demonios más progresistas (o cínicos) simplemente señalan, que Dios nunca otorgó el poder de volar a los humanos, pero lo hacen. Sin embargo, incluso estos demonios deben admitir, que el poder de remodelar una forma de vida en un nivel tan básico, no parece ser algo sabio para poner en manos mortales.

Los ángeles de la carne, que pueden alterar su forma con un grado de complejidad aún mayor que los Corruptores, se manifiestan como versiones idealizadas de sus propios cuerpos mortales. Su poder exalta las vainas mortales que habitan, eliminando cualquier posible mácula o deformidad y refinando sus rasgos originales hasta la perfección. En cierto modo, esto consigue que su aspecto parezca tan alienígena y prodigioso como las fantasmagóricas apariciones de sus congéneres Celestiales.

La Faz de la Carne confiere las siguientes habilidades especiales:


• Rasgos sociales mejorados: La apariencia del personaje, su porte y su gracia dejan a los humanos sin habla, estupefactos. El demonio recibe las siguientes bonificaciones: +2 Carisma, +1 Manipulación, +2 Apariencia.

• Inmunidad al veneno: El personaje es inmune al daño o el aturdimiento que provocan las toxinas, entre ellas el alcohol y la nicotina. • Iniciativa mejorada: Suma dos a la iniciativa del personaje.

• Sin reflejo: La imagen del demonio no aparece en los espejos, como tampoco puede capturarse en fotografías ni películas de vídeo.

Tormento: Los Aruru Atormentados guardan escaso parecido con los seres humanos, puesto que su forma original se pierde en medio de una montaña abotargada de carne ondulante. Los músculos, los huesos y los órganos fluctúan y cambian de un momento a otro ajenos al control consciente del demonio.

La Faz de la Carne confiere las siguientes habilidades Atormentadas especiales:

• Niveles de salud adicionales: El demonio adquiere tres niveles de salud Magullado adicionales a efectos de resistir el daño contundente, letal y agravado.

• Armadura: La ondulante masa de cartílago y carne del demonio le proporciona cuatro niveles de armadura a efectos de absorber el daño contundente, letal y agravado.

• Fauces desencajadas: El metabolismo del demonio es como el de un horno, capaz de consumir virtualmente cualquier material sin sufrir daño. El metal, la piedra o la carne pueden ser engullidas y digeridas con facilidad. La dificultad de los ataques de mordisco se reduce en dos, y el mordisco inflige Fuerza +4 de daño agravado.

• Regeneración: El demonio regenera un nivel de salud de daño contundente o letal por turno, automáticamente, como acción refleja.
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