Parte 05: El Periodo del Exceso

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En 1854, el Comodoro Mattew Perry de la Armada de los Estados Unidos desembarcó en las costas de Japón. Enfrentado a un shogunato debilitado y al caos interno, el gobierno Tokugawa aceptó las exigencias del marino americano y abandonó su política aislacionista. Japón se sumió en el tumulto y los daimyo feudales, los samurái, el gobierno y hasta la antigua Casa Imperial se unieron al debate.

Los Kuei-jin vigilaban muy de cerca los acontecimientos e influyeron en ellos (dentro de lo posible) para expulsar a los bárbaros, pero no tuvieron éxito. Tras la firma de varios tratos comerciales desventajosos con los EE.UU. y varios países europeos, los Occidentales regresaron y esta vez con cañones. Incapaces de expulsar a los extranjeros, varios líderes samurái (y algunos Kuei-jin furiosos) se unieron y forzaron la renuncia del shogunato Tokugawa. Se restauró el poder a la vieja Casa Imperial en 1868, creyendo que el poder innato de la figura de un Emperador de la línea de Yamato bastaría para paralizar a cualquier Vástago invasor. Lo que no tuvieron en cuenta fue la total transformación de Japón, que pasó de ser una sociedad feudal a convertirse en una potencia industrializada en menos de 50 años. Hacia comienzos del siglo XX el país se había convertido en una importante fuerza militar y comercial. La población se disparó y los occidentales cada vez se hacían más numerosos. En vez de enfrentarse a estos extranjeros, el Emperador Meiji les dio la bienvenida y trató de hacer de Japón una potencia de estatura similar a la de las grandes naciones de Europa.

Los Kuei-jin estaban desolados. Ya había algunos Vástagos viviendo en sus capillas y ciudades más sagradas y varios Nidos de Dragón estaban al borde de la extinción por culpa del ferrocarril y la expansión urbanística. El país se occidentalizaba cada vez más, a pesar de derrotar a la armada rusa en el Estrecho de Tsushima y a que se consolidara la hegemonía sobre el este de Asia. Durante la Primera Guerra Mundial las fuerza japonesas se hicieron con diversos territorios continentales, disminuyendo aún más la influencia de China en el continente. A medida que el país cobraba poder en el Reino Medio, sus Kuei-jin buscaban la ocasión de reafirmarse sobre los de China. Esta ocasión llegó en 1937. Las fuerzas japonesas se enfrentaron a las chinas en Pekín y vencieron, estableciendo el control sobre todo el este del país. Con estos invasores desembarcaron varios wu de Genji y sus aliados, que pelearon con la Corte de la Carne por el control de Shanghái y Nanjing. Durante los años siguientes los Kuei-jin chinos y japoneses pelearon en las azoteas y callejones de las principales ciudades de la China oriental, viviendo de la carroña dejada por las fuerzas de ocupación. Estas batallas nocturnas aún se libran hoy en día.

El Japón de la posguerra aún tiene a varios Vástagos ocultos entre los mortales. Estos Cainitas se han abierto paso por los centros financieros de Tokio y otras ciudades. Para desgracias de los Bishamon, los Genji y sus uji vasallos han hecho lo propio y han creado pequeños imperios en le mundo de los negocios, haciendo contactos y tratos con los diablos extranjeros. Los Kuei-jin más viejos han intentado controlar a estos arribistas, pero sin éxito; muchos Genji llevan demasiado tiempo en sus puestos como para ser eliminados fácilmente. Una guerra civil abierta entre los Catayanos y los Vástagos de la isla amenazaría con atraer la ira de las autoridades mortales, rompiendo la frágil paz entre los dos uji.

Así que todos los Kuei-jin, jóvenes y viejos, aguardan mientras la isla muere un poco cada noche de los Incendios. Las Cortes más antiguas (como la de los Bishamon) saben que una Edad del Pesar está a punto de llegar, y ven su impotencia y el sufrimiento que crean los Kuei-jin como una gran campana que anuncia su aparición. Sin embargo, los Genji siguen por su lado, aumentando la distancia que mantienen con las demás Cortes. Los Bishamon pueden negar con la cabeza y profetizar el apocalipsis cuanto deseen, porque los Genji no son tontos; ellos son el futuro de este pequeño trozo del Reino Medio y el futuro ya ha llegado.

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