Aunque los señores del Yomi están en búsqueda constante de nuevos sirvientes, no aceptarán los servicios de cualquier Kuei-jin de espíritu débil. Ya han cubierto el cupo de matones de lento discernir: para eso están los Bakemono. Además, que un Kuei-jin haya sido expulsado de la sociedad no le obliga a investirlo con poderes infernales. A un candidato incapaz, pero persistente, se le prometerá un gran poder tras cumplir una misión que el Rey Yama sabe que resulta suicida, sólo para quitarlo de en medio. Muchos de los futuros akuma tratan con los Reyes Yama sin estar hambrientos de poder. A otros se les engaña. Sin importar la razón por la que un Kuei-jin ha entrado en este estado, descubrirá rápidamente que ha cambiado su libertad por el privilegio de ser un utensilio. Aunque puede ser un esclavo con cierto grado de poder, le perseguirá para siempre el saber que ha perdido su libertad, y la búsqueda de la iluminación, a cambio de una pequeña porción de la fuerza de su señor.
Si sólo busca un favor menor, puede entrar en servidumbre temporal. En estas circunstancias, todos los Reyes Yama suelen ser muy honorables y se comportan para darle lo mejor del trato, como forma de animar al Kuei-jin para que realice uno más duradero. Hay algunos Reyes Infernales que han ofrecido cosas a cambio de "Algún acto a definir en una fecha posterior; si es que se llega a tal" . Este tipo de contratos suelen ser los más peligrosos, porque, si al Kuei-jin no le gusta el favor que se le requiere cuando se lo pidan, el Rey Yama puede considerarlo una ruptura de los términos y enviar su alma al Yomi directamente. Muchos Kuei-jin han realizado algún encargo sin necesidad aparente, sólo para ser etiquetados como akuma décadas, o incluso siglos, después de que el servicio haya concluido. Los Reyes Yama no están por encima del chantaje. Con todo, el servicio temporal a una de estas entidades siempre es preferible, a pesar de sus peligros, al pacto completo de akuma.
Entrar al servicio de un Rey Yama como akuma es, sorprendentemente, difícil. Sólo contactar con el señor infernal es ya un reto por sí mismo. Una vez se ha realizado el contrato inicial, como quiera que el señor del Yomi desee que se produzca, un representante interrogará al Kuei-jin respecto a sus motivos para servir a las fuerzas del infierno. Si la respuesta es vagamente plausible, le dará al "peticionario" el contrato para que lo firme (con sangre, por supuesto). Se le pedirá que jure lealtad eterna a su nuevo señor demoníaco. Una vez hecho, el Rey Yama rasgará una porción del alma del sujeto y la colocará en una pequeña pieza de Jade (generalmente un brazalete o una pequeña estatua que lleve escrito el nombre del sujeto), que será enviada al dominio para ser "salvaguardada". El paso final para convertirse en akuma es la renuncia absoluta del antiguo Dharma: cada verdad descubierta en ese camino debe ser rechazada y abandonada, con lógica y entusiasmo, como primer acto de lealtad hacia su señor.
Entonces, y sólo entonces, con una porción del alma ya en el Yomi, y con el Kuei-jin a punto de convertirse en Chih-mei, el Rey Yama reconstruye al indefenso ser, imbuyéndolo con un parte de su poder. Para reforzar su dominación, suele escoger una investidura que el sujeto considere especialmente humillante: desde respirar un líquido negro y espeso por la boca, a forzarlo a sacar y comer uno de los ojos del Señor Infernal. Todo vale y, por lo general, se suelen utilizar tentáculos (La referencia a varios filmes manga, repletos de violaciones tentaculadas, está muy clara).
Los poderes que se le dan al akuma varían según el Rey Yama en cuestión. Los más comunes son las capacidades para imitar las Disciplinas normales de los Kuei-jin. Esos dones deben ser otorgados por el Rey Yama, ya que los akuma, al no tener iluminación, tampoco pueden utilizar Disciplinas. Los Señores del Yomi también suelen otorgar el uso del poder de Tejer el Infierno, para que lo utilicen en su misión de corruptores y agentes de lo demoníaco. Los Reyes Yama dan a sus servidores los poderes que necesiten para cumplir con sus encargos. Si el akuma va a convertirse en el ancestro de una gran ciudad, se le otorgará carisma y se le entrenará en las artes del liderazgo. Igualmente, si el sirviente va ser utilizado en el asalto del cubil de una Penangallan, se le hará fuerte, rápido, y capaz de realizar inesperadas maniobras de combate. Algunos de los poderes recuerdan, curiosamente, a las Disciplinas de algunos Kin-jin, mientras que otros imparten una maestría aumentada del propio P'o, o la capacidad de obtener Chi de cultos de perversidad, canibalismo, y tortura. Los akuma, especialmente los favoritos de sus señores, son terribles oponentes debido a que tienen habilidades y capacidades totalmente inesperadas e impredecibles.
La mayoría de Reyes Yama hace un gran uso de los akuma, mientras que otros utilizan sólo unos pocos o ninguno. La mayor parte de aquellos que los usan asiduamente suelen conferir poderes o habilidades especiales a los de más confianza, siendo el ejemplo más prominente las Shikome de Emma-o. El pacto entre el Kuei-jin y su señor es firme y claro. Los señores infernales esperan una entrega total, más allá de la simple obediencia. El Kuei-jin que entra en este juego descubre, sin tardanza, que cada momento (de vigilia o sueño) pertenece totalmente a su señor. Los akuma que sirven bien, y sobreviven, suelen ser elevados a una gran posición entre los Reyes Yama. Tales seres se transforman en diablos de tal poder que pueden dar reposo incluso al ancestro más fuerte. Aquellos que sirven pobremente son castigados. Al principio, las penas son suaves (una pérdida de poder o una suave sesión de tortura); pero los grandes fracasos implican enormes castigos, y cada infierno del Yomi tiene un lugar especial para aquellos akuma que fallaron o traicionaron a sus maestros. Se sabe que hay diablos que lloraron por el destino de esas patéticas criaturas.
Los akuma poseen una posición variable entre los otros sirvientes de los Reyes Yama. En cierta manera son admirados por su fuerza y versatilidad, y en muchas ocasiones la capacidad de habitar entre mortales sobrepasa la que otros servidores demoníacos puedan tener. Además, su poder de confundir a los Kuei-jin que se oponen a los planes de los Reyes Yama puede resultar muy útil. Por otro lado, son descendientes de los Wan Xian y esto es un estigma que nunca serán capaces de superar del todo. Muchos se encuentran con que están siendo vigilados con detenimiento de forma continua por sus señores, y con que deben probar de forma continuada su lealtad con el ejemplo. Nunca hay déficit de Kuei-jin que puedan ser tentados para transformarse en akuma, ya que este camino parece prometer un gran poder que, al parecer, es suficiente para valer el precio. Sin embargo, el fracaso no es una opción, la debilidad es inaceptable y la desobediencia está castigada con torturas que la mente humana no sería capaz de imaginar. Por cada akuma que ha alcanzado las alturas, decenas de ellos sufren brutalidades en las mas profundas fosas de los Mil Infiernos.
Nombrando a los Demonios
En la Quinta Edad sólo una porción de aquellos que son denominados akuma son realmente servidores de los Reyes Yama. La mayoría son Kuei-jin que tienen una capacidad especial para hacerse enemigos en las Cortes. Irónicamente, muchos de esos fugitivos se ven forzados a acudir a los señores del Yomi en busca de protección cuando son excluidos de la sociedad inmortal, y las Cortes alimentan las filas de sus enemigos debido al orgullo y la arrogancia. Por otro lado, aquellos Kuei-jin que son verdaderos akuma muy pocas veces se pronuncian públicamente como tales, aunque puede ser un secreto a voces en algunas Cortes. La Corte Verde de Corea, por ejemplo, es hogar de muchos que han jurado fidelidad a los Reyes Yama, pero se considera tosco y poco apropiado examinar estos tratos de forma demasiado crítica. En las Cortes Doradas del Sudeste Asiático, sin embargo, donde los akuma son tan odiados como omnipresentes, el simple rumor de que uno tiene tratos con las fuerzas del Yomi es suficiente para despertar la ira de las Reinas de Penangallan en persona.





















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