Un Kuei-jin que se haya embarcado previamente en el Comercio de Almas nunca será completamente consciente de qué proporción de su alma sigue siendo suya. Cuando las respectivas partes se sienten en la mesa, éste debería tener preparada su lista de peticiones como de costumbre. En cuanto comiencen las negociaciones formales, el Narrador debería ir a la lista y sumar el coste total de las Concesiones requeridas hasta que la adicción de otra Concesión supusiera sobrepasar el total de puntos de Alma restante del personaje. Esta Concesión, y todas las posteriores, no podría ser objeto de negociación, y debería ser :eliminada de la lista, ya que el Kuei-jin no tiene "fondos" que hagan el trato rentable para los Reyes Yama.
Muchos akuma ingenuos piensan que pueden escapar de la esclavitud repartiendo su alma entre varios señores del Yomi, particularmente entre rivales. Esta estrategia tiene dos defectos de base. El primero es que los Reyes Yama pueden sentir el estado del alma del Kuei-jin, y es muy poco probable que accedan a negociar a cambio de los restos del alma de un Catayano que pertenece en gran proporción a un archienemigo. El segundo problema radica en que esta estrategia supone que el Kuei-jin es lo suficientemente importante en los planes de los Reyes Yama como para merecer especial atención. Los "retales" del alma de un Kuei-jin adquiridos por un Rey Yama mediante una negociación son susceptibles de ser revendidos, e incluso los señores del Yomi más fieramente opuestos a esta, costumbre realizan una multitud de transacciones de este tipo a lo largo del tiempo. Una vez que el Kuei-jin ha perdido toda su alma en beneficio de los Reyes Yama, sólo es cuestión de tiempo el que los fragmentos de su espíritu se consoliden en un mismo lugar, con la consiguiente pérdida de libertad del akuma.
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