Sólo los mandarines renombrados o los jina prometedores pueden confiar en alcanzar este estado, pero por alguna extraña razón, muchos akuma en ciernes albergan esa misma esperanza. Convertirse en uno de estos akuma mayores requiere muchísimo esfuerzo, lo cual puede resultar paradójico, ya que, si por definición, un akuma es despojado de su alma y su libertad de un modo horrible al alcanzar su nuevo estado, ¿por qué querría un Kuei-jin someterse voluntariamente a tal tormento? Por desgracia, siempre hay individuos dispuestos a entregarse al sufrimiento a cambio de lo que ellos ven como poder. Históricamente, existieron hombres que se castraron a sí mismos para entrar al servicio de la Corte Imperial; con tales precedentes, ¿por qué no debería perseguir el poder un akuma a través de la abnegación?
El sistema de cortes es, a su manera, tan rígido como lo es la sociedad de los Cainitas. Un error cometido hace siglos podría truncar la carrera de un Kuei-jin dotado y ambicioso a pesar de sus méritos obvios. Y aún cuando le fuera concedido el permiso para trasladarse a un nuevo destino (a menudo muy difícil), ¿entonces qué? Las duras palabras de sus ancestros le seguirían en las chismosas cartas de los ancianos, y a su llegada, aterrizaría directamente en el fondo de la masa social de su nuevo hogar. Para muchos jóvenes y prometedores Kuei-jin, podría perecer que el servicio en las cortes de los Reyes Yama es mucho más prometedor que el servicio en las cortes del Quincunx.
Otros Kuei-jin pierden sus senderos Dhármicos y se entregan a los Reyes Yama a causa de la frustración. Cuando un Catayano va envejeciendo, el período entre una Ocasión Propicia y otra se alarga, pasando de meses a años o décadas, y mientras uno se adentra en el Camino del Retorno, es muy fácil ser consumido por las dudas. El servicio a los Reyes Yama, cuanto menos, proporciona seguridad. Otros Kuei-jin pierden totalmente su inercia Dhármica y, o descubren que no pueden ascender más en el Dharma de su elección, o comienzan una caída a plomo del sendero. En lugar de perder completamente la posición que su progreso espiritual implica, estos desgraciados optan por entrar al servicio de los Reyes Yama, ya que haciéndolo, evitan la desgracia de caer desde la gracia y la enemistad de todos los subordinados ofendidos a lo largo de los siglos de existencia.
Por último, muchos Kuei-jin caen por motivo de la desesperación. A muchos Wan Kuei les resulta muy fácil enfrentarse a la inminente Edad de la Oscuridad mirándola fijamente tras sus hojas ensangrentadas y desnudando sus colmillos ante ella. Pero por cada Tigre-Diablo y Grulla Resplandeciente que ha señalado el lugar donde luchará y morirá, hay otro (o otros dos, o otros tres) que no está tan dispuesto a ser aplastado por esa cercana monstruosidad. Los Guan Ren más jóvenes pueden respaldar esas baladronadas con su feliz ignorancia, pero los Kuei-jin más ancianos son demasiado conscientes de su situación y de las negrísimas perspectivas de la Edad que viene. Muchos de los que llegan a apreciar la realidad de la situación terminan llegando a la conclusión de que la decisión más sensata es la de unirse al bando ganador. Mejor la esclavitud que la muerte, dicen, y ya no hay tantas voces que se eleven contra estos sentimientos derrotistas como antes.





















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