Técnicamente, todo lo que tiene que hacer un Kuei-jin para convertirse en akuma es tener una reunión voluntaria y consciente con un rey Yama o uno de sus emisarios. Aún así, como en todas las cosas, hay grados. Incluso en la relativa civilización de las Cinco Augustas Cortes o el gran uji de Japón, la influencia de los señores deL Yomi Wan salta a la vista. Caminando entre los sueños preñados de pesadillas del caído Guan Ren, los Reyes Yama y sus esbirros practican la tentación y la tortura. Los señores del Yomi pretender extender la sospecha, la disensión y la sedición entre las filas de los Wan Kuei, así como reclutar peones para sus eternas intrigas en el Reino Medio.
Para alcanzar esas metas, la verdad es un arma tan efectiva, si no más, que las mentiras. Así pues, la antigua ley dice que cualquier Kuei-jin que preste atención a las palabras de un Rey Yama, no importa para qué fin, será considerado uno de los Devorados por los Demonios.
Aunque las reuniones en sueños demostradas con un señor del Yomi sin el permiso de un ancestro de la corte siguen mereciendo la pena de muerte en áreas más tradicionalistas como el uji no Bishamon japonés y la Corte China de la Sangre, la sociedad Kuei-jin suele adoptar una postura algo más permisiva. No obstante, no cabe duda de que lo que es permitido ser llevado en secreto (como sucede en las Cortes Doradas) puede entrar en conflicto la moralidad pública. Aunque en las Cortes Verdes pueda aceptarse con naturalidad el hecho de intercambiar esto o aquello con los secuaces del Yomi y se considere una terrible falta de educación interesarse por el estado del alma de un Kuei-jin, tal infernalismo sigue constituyendo un delito capital. Un Catayano que tenga la mala suerte de ser descubierto practicándolo será cumplidamente ejecutado, aún cuando los mandarines y ancestros que le condenaran a muerte se permitieran comerciar regularmente con los reinos Yomi. Después de todo, hay que guardar las apariencias.
Juegos de palabras y conversaciones aparte, los eruditos Kuei-jin dividen generalmente el comercio con los Reyes Yama en tres categorías principales. A la primera categoría se la llama Comercio Menor o General, y es "menor" en tanto que no implica el alma del Kuei-jin. En lugar de un fragmento de su espíritu, el Wan Kuei paga a los Reyes Yama con algo de un valor equivalente: un artefacto, una información relevante sobre los asuntos de su corte o la promesa de hacer la vista gorda cuando los esbirros del señor del Yomi tengan que ocuparse de algún asunto en sus tierras.
Los castigos prescritos para el tal llamado Comercio Menor son algunos de los más dolorosos del ya de por sí desagradable código legal Catayano, dado que cada uno de estos actos reproduce a pequeña escala la caída del Wan Xian. Los Kuei-jin sorprendidos en actividades tan poco halagüeñas deberían sentirse afortunados si sus almas tan sólo fueran consumidas por el Primer Oni de la corte.
Aquellos que no gocen de las simpatías de los mandarines podrían ver sus huesos arrancados de sus cadáveres aún activos mediante el uso de garfios al rojo vivo, o cómo su Chi es desequilibrado letal y creativamente por un maestro de la Disciplina de Equilibrio, condenándoles a una lenta y dolorosa muerte a lo largo de muchos días y noches de agonía insomne. A pesar de todo, el Comercio Menor es preocupantemente común. Las recompensas que los Señores del Yomi Wan pueden ofrecer a cambio de algunos favores miserables pueden ser dignas de consideración para muchos Kuei¬jin, especialmente para los jina dispuestos a ascender en sus cortes o para los amargados heimin y los exiliados que no tienen nada que perder. Aunque no sería políticamente correcto decir que la mayoría de los Kuei-jin se rinden a tal comercio en un momento u otro de sus no vidas, lo cierto es que esta es una afirmación perturbadoramente cercana a la verdad. Como en todas las transgresiones, el pecado no radica en la culpa por la realización del acto, sino en la vergüenza de ser descubierto.
La siguiente categoría de tratos con los Reyes Yama es el Comercio de Almas, también llamado Comercio de Bulbos de Lirio, ya que éste hiende el alma del Kuei-jin igual que el jardinero hiende la tierra para sacar de ella los bulbos de lirio y rescatarles del invierno. En esta modalidad de comercio, el Catayano entra en negociaciones con un Rey Yama o sus representantes, generalmente invocándolos mediante el Ritual de la Peonía Negra. Aunque los Reyes Yama suelen aparecerse en persona a los akuma prometedores, por regla general no sienten gran interés en tratar con aquellos que no tienen la determinación, los recursos o la habilidad para ejecutar el ritual. Así, el Comercio de Bulbos de Lirio es, por lo general, provincia exclusiva de mandarines y jina. Sólo los Monos Corredores más brillantes alcanzarán el nivel mínimo de competencia, y aún menos serán lo suficientemente valiosos como para que un señor del Yomi Wan se digne negociar directamente con ellos.
Si el ritual tiene éxito y se contacta con el Rey Yama apropiado, el Kuei-jin expondrá qué favores, poderes o conocimientos desea comprar. Si el Rey Yama, o su representante, está interesado, a continuación ambas partes se embarcarán en una serie de complicadas y rituales negociaciones para concretar qué proporción del alma del Kuei-jin será tomada como pago. El contrato resultante, escrito con sangre sobre seda blanca, será refrendado con un sello de jade que contendrá la porción de alma cedida. Es posible (aunque no fácil) que un Kuei-jin experimentado e inteligente pueda "estafar" al Rey Yama, introduciendo astutamente una cláusula que le permita sustituir su propia alma por la de un mortal o por una
efigie de jade, pagándole con una porción de su espíritu especialmente decadente o sin valor, o evitando de cualquier otro modo las avariciosas garras del Rey Yama. Por otra parte, es mucho más probable que sea el Rey Yama quien salga ganando, adueñándose de una parte del alma mucho mayor de la que fue acordada con el Guan Ren, o incluso convirtiéndose en su único propietario.
El por qué esto es así es motivo de discusión entre los filósofos que tienen costumbre de abordar tales temas prohibidos. Algunos creen que esto es el resultado de algún mandato de Su Augusta Personalidad de Jade, mientras que otros creen que los propios Reyes Yama se someten a estas leyes para tentar a los Kuei-jin a que cierren tratos con ellos. Otros puntualizan que estas son las mismas leyes que utilizan los distintos habitantes del Yomi para negociar entre sí, y especulan con la idea "de que la ocasional capacidad de los Kuei-jin para salir ganando en sus acuerdos con los Reyes Yama responde a una coincidencia (feliz o no) con el enraizado deseo que los Reyes Yama tienen de engañarse unos a otros, demostrando así los efectos kármicos negativos de la deshonestidad. Sea cual sea el caso, la vacilante esperanza de ser más listo que los señores del Infierno y resultar "vencedor" ha tentado a muchos Kuei-jin sensatos en posiciones difíciles a sentarse en la mesa con un Rey Yama con la esperanza de mejorar su sus situaciones
La tercera forma de comercio es la total e incondicional subyugación del alma del Kuei-jin a los Reyes Yama. Conocida como el Pacto de Ébano y Jade Escarlata, esta transacción ocurre cuando el aspirante a akuma ofrece voluntariamente toda su alma de una sola vez. Para celebrar este rito, el espíritu del Kuei-jin debe pertenecer enteramente a él; los Reyes Yama no demuestran ningún interés por mercancías defectuosas o esclavos con lealtades divididas (y no lo dudes ni un momento, la esclavitud autoinfligida es la verdad que aguarda tras el recién acuñado estado de akuma). No obstante,
aunque los akuma de Ébano y Jade Escarlata carecen de libertad, sujetos como están por sus almas superiores a las redes de sus señores demoníacos, su esclavitud es, de muchas maneras, un estado supremo de exaltación.
Come estrellas en el firmamento de los Guan Ren (pues de otro modo nunca habrían atraído la atención de los Reyes Yama), estos akuma son llevados al Yomi y educados como príncipes y princesas de la oscuridad para servir a la diestra de los señores del Yomi. Dotados de un tratamiento y un entrenamiento especial en consideración a su estado exaltado, estos nobles entre los Devorados por los Demonios sirven a sus maestros como generales, ministros y agentes entre los Wan Xian caídos.
Por fortuna, estos príncipes del Infierno no son muy comunes, aunque, lamentablemente, esto se debe más a la política de los Reyes Yama que a la falta de candidatos. Parece que en esta Edad del Ocaso siempre hay algún Mono Corredor dispuesto a sacrificar su libertad y su mismísima alma a cambio de poder en bruto. Por suerte, el entrenamiento de tales nobles supone un gran coste para los Reyes Yama, tanto en función de recursos como del más precioso tesoro de un Rey Yama: su entera y personal atención y supervisión de las delicadas y prolongadas operaciones que se requieren para convertir al Wan Xian caído en algo muy inferior, pero a la vez muy, muy superior a un Kuei-jin.
Hay una gran variedad de destinos aguardando a los suplicantes malogrados. Muchos de ellos caen en brazos de sus P'o, y o son destruidos, o pasan el resto de la eternidad atrapados en collares de jade, como guardianes y bestias de caza de la corte. Otros eligen abrazar la fe del Tigre-Diablo, y aprenden a encaminar sus pasos por la senda de la iluminación o bien caen ante los látigos gemelos de sus tutores y de la secta de la Garra de Hierro Negro del Dharma. Algunos se convierten en akuma menores, aceptando cualquier pago, por mísero que sea, por la venta de sus almas. Los más insistentes o los más ineptos son sencillamente destruidos por los Reyes Yama, o bien entregados a los ancestros de sus respectivas cortes como medida de buena fe.
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