Creo que he conseguido comprender una de las razones por las que los semicondenados permanecen tan apartados de la sociedad Kuei-jin cuando en realidad están tan cerca de nosotros. Se trata de los Dharmas.
De todos los secretos de los Kuei-jin, los detalles de los distintos Dharmas son lo más raro incluso para los Dhampyros criados en la corte. Las sendas Dhármicas son algo intensamente personal para nosotros, y es improbable que compartamos los detalles con alguien... aunque se trate de nuestra progenie. Muchos Dhampyros alcanzan un conocimiento funcional de los Dharmas (al menos los ortodoxos) con el paso de los años, ya sea mediante la observación o el estudio.
Pero para muchos Caminantes de las Sombras, aprender acerca de los Dharmas es como estudiar
una religión ajena. Puede ser interesante, pero no tiene relación con su propia experiencia. Los Dharmas no son necesarios para ellos, y de todas formas son incapaces de derivar un verdadero beneficio de los mismos. Los mandarines dicen que es porque los Dhampyros no están lo bastante avanzados espiritualmente como para comprender los misterios más elevados del Segundo Aliento. Bueno, considerando que ni siquiera lo reciben, tampoco es de extrañar. Muchos Dhampyros se consideran demasiado humanos para necesitar esas extrañas sendas de iluminación.
En todo caso, está claro que hay una especie de prejuicio espiritual hacia los semicondenados que les impide ser aceptados por completo en la sociedad Kuei-jin.
El hecho de que los Dhampyros no puedan interactuar libremente con los Mundos Yin y Yang no hace sino corroborar las opiniones de los Kuei-jin sobre el desarrollo espiritual de sus hijos.
Lo que más irónico me resulta es que, tan preocupados como están por su propia iluminación, los Kuei-jin parecen asombrosamente tranquilos acerca del estado de las almas de sus hijos. Quiero decir, los pobres bastardos ya tienen una tendencia a lo monstruoso como efecto de su legado, ¿y qué hacen sus padres? Alimentarla, por supuesto.
Esto varia de un Dharma a otro. Probablemente, una piadosa Grulla Resplandeciente se preocupará mucho más por el bienestar espiritual de su progenie que un mercurial Árbol Desarraigado. Demonios, el Susurro puede matar a su propio hijo con tanta facilidad como alimentarlo.
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