Por duros que sean los Dhampyros también tienen sus puntos flacos. La herencia Kuei-jin de los Caminantes de las Sombras hacen que sean tan vulnerables como sus padres Catayanos al daño provocado por el fuego y la magia: en ambos casos, el daño es agravado para los Dhampyros y no puede ser absorbido sin Disciplinas especiales.
Aunque el sol es positivamente letal para los Kuei-jin, es mucho más suave para sus hijos semicondenados. Los Dhampyros no se aletargan durante el día ni sufren daño por la exposición a la luz solar, salvo quizá alguna quemadura. Pero esto no significa que a los Dhampyros les guste el sol: no se llaman Caminantes de las Sombras por nada. Para los ojos de un Dhampyro un día luminoso puede parecer dolorosamente brillante, el Ojo del Cielo mirándole casi vindicativamente. Los rayos del sol hacen que el Dhampyro sienta escalofríos y su estómago se revuelva mientas el bestial P'o se retuerce en su mente, susurrando cada vez con más fuerza e insistencia.
Como resultado, los semicondenados están en desventaja a la luz del sol. Los Dhampyros bajo los rayos del Ojo del Cielo están limitados a su puntuación de Humanidad en todas sus reservas de dados (igual que los Kin-jin que actúan en horas diurnas): su reserva de dados no puede ser superior a su Humanidad. Esto sólo se aplica mientras estén directamente al sol. Basta incluso con resguardarse bajo un porvhe para elimnar esta penalización. Algunos Dhampyros sufren una reacción un poco más fuerte, y su piel se ampolla bajo los rayos del sol. Obviamente, los Dhampyros operan con normalidad durante la noche, y casi todos prefieren ver estrellas en el firmamento y no el llameante Ojo del Cielo.
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