3.10.2017 - Heraclión

Esta misión me está volviendo loco. Pensaba que la parte difícil sería volver a Bagdad, la ciudad de la que escapé a duras penas antes de mi Abrazo. O quizás ver todo el sufrimiento causado por la guerra, los dictadores, el interminable suministro de armas occidentales, el cambio climático, los ataques con drones estadounidenses y los demás males que ahogan esta región en sangre. Pero lo más difícil ha sido tener que sentarme en habitaciones con aire acondicionado oyendo a los supuestamente inteligentes líderes de la Camarilla y la Ashirra exponer cómo la verdadera tragedia de los Vástagos es que todo el bien que han hecho por la humanidad debe permanecer en secreto y que es todo lo que puedo hacer por contener mi histeria. 

No somos benefactores secretos. Somos monstruos y temo que aún haya monstruos peores manipulando a estos Antiguos de acuerdo a sus propósitos. Me encontré de nuevo con Fatima y me habló sobre las tumbas en el centro de esta guerra. Una en concreto se me ha quedado en la mente. A veces creo que ella es lo más cercano que tengo a un aliado. He terminado por preguntarle por qué me salvó en Croacia y dice que me había estado siguiendo desde que llegué a Bagdad. Dijo que le dio algo que hacer tras ser expulsada de la facción hereje de los Banu Haqim que ahora gobierna su viejo hogar secreto, Alamut.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."