Justicia

—Ahora sí que la has hecho buena, chico. Decker se levantó de su asiento mientras los demás Vástagos lo observaban. Por orden del propio Decker, la parte acusada podía permanecer libre y hablar en defensa propia. Decker lo permitía porque no tenía miedo de los culpables y por devoción a la Camarilla. Era importante mostrarle a la gente que la Camarilla cree en la libertad de la seguridad, ¿y dónde mejor que en un juzgado? —Se han presentado no tres, sino cuatro testigos que dicen que te has transformado en un puto lobo en medio de la jodida Brady Street, con ganado hasta donde alcanzaba la puta vista. No hay muchas cosas que obligue cumplir en esta ciudad, pero la Mascarada está en el primer lugar. De verdad que me duele dañarte, pero ¿qué otra cosa quieres que haga? 

—Decker se cruzó de brazos y golpeteó con el pie de forma teatral. La corte de aliados Camarilla sonreía ante el espectáculo. El acusado alzó la barbilla, enfrentándose a su Sire, mirando a Decker a los ojos… —Sé… Sé que no me creerás, pero vi algo viejo…, algo anciano e inhumano. Estaba en una de las ventanas, mirándome, y me asusté. Hizo que mi Bestia… La obligó a hacerse con el control. 

Todo lo que pido es que investigues las propiedades de Brady. Puedes hacer lo que quieras conmigo. El Chiquillo bajó de nuevo la vista. Una marea de murmullos retumbó por la corte, antes de que Decker alzase la mano y la hiciera parar. —Bien, lo haremos, chico. Te lo prometo. Sé que no fue tu culpa cambiar cuando lo hiciste. Eres mejor que eso. Pero he de ser consistente. Y lo que esto demuestra es que no tienes suficiente autocontrol para resistir a nuestros enemigos. —Decker dejó que se asimilasen sus palabras antes de dictar sentencia—. Por la presente, quedas desterrado a Minneapolis. Ya saben que vas. Allí son más estrictos, pero aprenderás a hacer lo correcto para la Camarilla. Te estoy mostrando piedad, así que dame las putas gracias. Conforme la corte se dispersaba y su Chiquillo se marchaba sin decir palabra, Decker se desplomó en su silla y se volvió a poner su gorra de los Brewers. Su especie de corona. Sabía que la corte pensaría que estaba siendo nepotista. —Que les den. Si no podía mostrar piedad, ¿qué tenía de bueno la Camarilla?



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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."