Parte 01: 1 de Octubre

Quieren que escriba un libro. Un diario. Alguna clase de estúpida técnica de gestión del tiempo que se supone que me ayude a "organizar mis pensamientos" y a "registrar su progreso". Al principio pensé que era una idiotez de idea, pero no lo dije, claro está. Ahora casi soy adicto a ello. Escribo todos los días. De modo que aquí estoy empezando otro libro de notas.

Hoy me he dado cuenta que llevo espiando a Mary Ellen desde hace más de un año. Nunca esperé estar vigilándola durante tanto tiempo. Yo lo llamo observación detallada. Estaba seguro que perdería interés después de unas semanas. No me siento como si estuviera obsesionado.

Pero no puedo parar, así que quizá lo esté. Tengo tres cuadernos como este. Algunos de notas, pero ni siquiera yo me molesto en leerlos. Es como si guardar estos registros fuese menos importante que hacerlos. Quizá observar a Mary Ellen sea saludable, de alguna extraña forma. Quizá me ayude a hacerle frente.

Ahora han pasado unas cuantas horas. No puedo dormir. He estado pensando en lo que escribí antes. La verdad es que sé muy bien que lo que estoy haciendo no es saludable. No me avergüenza admitir que no soy más que un solitario. No tengo ningún derecho a hablarle a Mary Ellen o de mezclarme en su vida, pero guardar registros de su persona hace que me sienta conectado a ella. Ojalá pudiera acercarme. Ojalá pudiera ofrecerle mi ayuda de algún modo. Necesita ayuda, lo sé bien. Antes del divorcio, era una preciosa mujer sociable que vivía en una casa de 400.000 dólares, a la que le encantaba dar fiestas de noche. Ahora tiene un apartamento de una habitación en una zona perdida de la ciudad y va tizando como temporera.  Ya no ve a ninguno de sus antiguos amigos, y no parece hacer ninguno nuevo. Nunca tiene visitas.

Una vez logré entrar en su apartamento. Sé que estuvo mal, peo lo hice. Lo que encontré me aterró. No había ningún mueble, a excepción de un viejo catre. Nada colgando en las paredes. Sin cortinas, pero con las ventanas empapeladas. Sin libros, ni revistas, pero con montones y montones de periódicos. Una diminuta televisión en blanco y negro y una radio. Unos cuantos platos, una taza, un tenedor y una cuchara. Una toalla. Y no mucho más. La mujer vivía como un monje. Obtuvo un montón de dinero en el divorcio. ¿En qué lo gastaba?

Y luego está su apariencia. Ha perdido 10 o 15 kilos. Hubo un tiempo en que casi tenía algún michelín. Ahora es como una barandilla. Parece haber ganado algo de músculo, pero no de la forma estilizada y saludable en que lo ganas en un gimnasio. Parece más como si hubiese estado picando piedra con una cadena de presidiario. O quizá sea su corte de pelo el que me hace pensar en la prisión. Solía caerle por debajo de los hombros. Ahora está tan corto que parece un hombre. La vieja Mary Ellen podía pesarse el día entero probándose ropa en tiendas de marca. Ahora viste como un campamento de refugiados.

Su rostro. Bueno, yo he escrito antes sobre eso. Es probable que vuelva a hacerlo, pero ahora me es imposible.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."