África Está Ardiendo

Para: hunter.list@hunter-net.org
De: Jager51
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¿Es que están todos locos? ¡Mientras se sientan y discuten sobre motivaciones y cuestiones morales, hay monstruos que caminan sobre la Tierra! Da la impresión de que están más preocupados por hacer lo correcto que por salvar vidas. Me parece que algunos de ustedes no son más que unos cobardes. Ya saben a quiénes me refiero. Golpéense el pecho y aúllen todo lo que quieran, pero cualquier idiota puede echar un vistazo a los archivos y comprobar quién pasa más tiempo escribiendo que cazando.

¿Por qué creen que se les han abierto los ojos? ¿Por qué creen que se les ha concedido poderes? Porque nuestra raza se enfrenta al peligro de ser esclavizada... o algo peor. Ahórrenme toda esa mierda de los santos Mensajeros porque aquí en África, por cada verdadero cazador hay cinco malditos kafires que piensan que todo lo que tenga la piel blanca es un monstruo. No se nos ha dado nada... No hacemos sino recordar unas habilidades que nuestros ancestros utilizaron cuando arrebataron la tierra a las bestias por primera vez. ¿Por qué otra razón existirían las leyendas sobre los monstruos en todas partes? Siempre han estado con nosotros y les quitamos la Tierra con sangre y sudor. Y ahora quieren recuperarla.

Lo supe desde el principio, desde la primera vez que puse mis ojos sobre un pútrido. Aquella noche ya había salido cuando se recibió el aviso de que había disturbios en Constantiaberg. Me encontraba a medio camino entre la comisaría y mi casa cuando tuve el presentimiento de que los chicos podían necesitar ayuda, así que me ofrecí a acompañarlos. Es posible que no fuera más que una riña familiar, pero algo me decía que mi presencia allí era necesaria. Los polis no viven mucho tiempo si no confían en sus presentimientos.

Había sangre por todas partes. La casa tenía un muro muy alto, un par de perros y un costoso sistema de seguridad. Los perros estaban destrozados, literalmente hechos pedazos. Habían tenido suerte. Al patólogo le llevó una semana identificar a la familia. El primer agente que entró en el cuarto de los niños no ha vuelto a ser el mismo desde entonces.

Había un par de huellas de manos sanguinolentas, dejadas por lo que quiera que había trepado por el muro de la parte trasera. Pude oír que algo se movía entre los árboles, más allá. Me hice profundos cortes con las piedras en brazos y manos mientras escalaba. Ni siquiera los sentí. Lo único que me importaba era hacer pagar al bastardo por lo que había hecho.

Era como seguir el rastro de una bestia salvaje entre los arbustos. La cosa era fuerte, pero no demasiado rápida. Lo alcancé entre las sombras, bajo una vieja acacia. Era un kafir muy grande. Las cicatrices de sus hombros revelaban que había luchado con la polisie más de una vez. El negro se volvió hacia mí con un extraño gruñido silbante. Sus dientes estaban empapados de sangre. No había vida en sus ojos y, cuando se abalanzó sobre mí, pude ver que su garganta había sido seccionada de oreja a oreja. Un estremecimiento me recorrió, como si me acabasen de empapar con agua helada. NO ESTÁ VIVO, me di cuenta de pronto. NO VIVE.

Tenía la pistola en la mano. Le disparé cuatro veces antes de que me la arrancara y me agarrase por la garganta. Nos gritamos mientras me levantaba en vilo con facilidad. Darle una patada era como golpear un árbol. Algo me hizo sacar mi porra antidisturbios y lo golpeé con todo lo que tenía. La cabeza de la maldita cosa estalló como si fuera un melón maduro. Cuando choqué contra el suelo, recuerdo haber pensado que no estaba contento por seguir con vida. Ni siquiera me sentía orgulloso por haberla matado. Más tarde, todo lo que podía pensar era en un mar de rostros oscuros, los ladrones, los asesinos, los terroristas a los que habíamos abatido, brotando de tierra y arrastrándose. Ningún muro, ningún arma, ninguna puerta podría detenerlos. Pero sentía que yo mismo sí era capaz. De algún modo, tenía que detener la marea.

Durante los días que siguieron, descubrí que las cosas eran mucho peores de lo que había supuesto.

Mientras nosotros estábamos erigiendo nuestras ciudades y volviéndonos cada vez más blandos a base de comida basura y televisión, las bestias se han estado multiplicando. Nos han vigilado y han descubierto nuestras debilidades. Los hemos olvidado y se han arrastrado entre nosotros. Lenta, muy lentamente. Hasta ahora, han permanecido escondidas. Incluso los leones son lo suficientemente inteligentes como para no enfrentarse directamente a una manada entera. Pero cada minuto que pasa se hacen más osados. Llegará el día en el que nos tomarán a todos por la garganta y nos arrojarán a un infierno en la Tierra. En lugares como Ruanda y Somalia, el incendio ya ha comenzado.

No basta con que reclamemos una casa, un bloque de apartamentos o las calles de una única ciudad. Luchamos por el mundo entero. No hay forma de saber si otros despertarán a la realidad del enemigo, o cuándo lo harán. Ciertamente no podemos obligarlos a abrir los ojos e incluso si lo hicieran no podemos garantizar que no harán mal uso de sus poderes, como les ocurre a los negros. Así que tenemos que trabajar juntos y golpear a los demonios antes de que puedan consolidar sus fuerzas. África es el frente. Créanlo. En ninguna otra parte del mundo hay tanta riqueza, tierra y poder esperando a ser tomada. Sudáfrica está sangrando y no tardará en quedar seca a causa del crimen y la corrupción mientras los monstruos masacran a los indefensos en Mozambique, Angola y el Congo, Argelia y Egipto están desagarradas por guerras religiosas y las bestias gobiernan abiertamente en Mogadiscio. ¿Tan difícil es de creer? Vengan y compruébenlo ustedes mismos. La guerra que pondrá fin a todas las guerras ha comenzado.

África está ardiendo. Si no respondemos a la llamada, el resto del mundo estallará en llamas.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."