Parte 01: Lorna Willborn

Mi piel está reseca. Como el interior de mi nariz. Ya he tenido hemorragias nasales por el aire enrarecido de este lugar. No recuerdo que fuera así cuando era joven. Desde luego, hay un montón de cosas que no recuerdo de entonces. Quizá siempre fuera así. Quizá el diablo a mi espalda ha hecho que así fuese.

¿Cuánto tiempo hace que el diablo está aquí, en Collbran? ¿Debería ir "Diablo" con "D" mayúscula? ¿Es el Diablo? ¿El del Árbol del Conocimiento? ¿El ángel expulsado del Cielo? Dios, no lo sé. No conozco la diferencia entre diablos, o entre tipos de diablos, supongo. Solo sé que hay uno y está en esta roca. Escondido. Durmiendo, incluso. No sé si está atrapado aquí, o prisionero, o si solo... ¿qué? ¿Aguardando, quizá? Creo que está con un pie en este mundo y el otro pie en otro, dondequiera que sea eso. Tengo miedo de descubrir lo que ocurre cuando por fin se revele. Ahora mismo, es en esta extraña zona donde tus ojos pueden no estar abiertos y aun así seguirías viendo cosas, cosas que podrían ser reales o cosas que nunca deberían ser reales.

Yo veo muchas de esas cosas.

Esas cosas son las que me han traído aquí, de vuelta a casa. Puedo ver la ciudad desde aquí, con la espalda apoyada contra la roca, mientras el sol se eleva sobre la meseta. Puedo imaginar el halo alrededor del sol, y me lo quedo mirando unos minutos para ver si tengo alguna visión. Fueron las visiones las que me atrajeron a casa, paso a paso, hasta este lugar, esta roca. Tengo una tarea. Sé que es una labor de amor, pero aún no he descubierto cuáles son las cualidades específicas. Vendrá a mí. Hasta entonces, aquí estoy.

Miraré el sol hasta que una visión me diga lo que he de hacer. Así obtengo muchas de las ideas. Veré algo en una bombilla, en un semáforo, algo en el sol o en la luna. Me taladra el lóbulo frontal. ¿Esa es la parte correcta? ¿El lóbulo frontal? Quizá quiera decir el córtex cerebral. O esa pequeña zona con forma de caballito de mar, el hipocampo. No soy una cirujana del cerebro. Solo una chica vulgar de veinte años. Tan solo una estúpida chica, llamada Lorna, que quiere ayudar a todas las pesadillas del mundo. Recibí unas cuantas clases de anatomía en la facultad de la comunidad, pero las dejé muy rápido.

De modo que, sí, veo la verdad en la luz. Como Pablo o Saulo o quien fuese, en el camino hacia Damasco. Revelación instantánea. Añádase un resplandor de luz. Algunas víctimas de secuestro por parte de alienígenas dicen que estos tienen la misma cosa. Un láser rojo apuntado a sus ojos, y de repente tienen los planos de la máquina antigravedad en sus cabezas, sin saber de dónde vinieron. ¿No es extraño?

Supongo que son mensajes de los Buenos Doctores. Algunas personas que he conocido (y he conocido a muchas) les llaman los Ministros, o los Heraldos, o solo "Las Voces", pero yo recibo un infierno de cosas más, aparte de voces. Y no son mensajes. "Mensajes" suena a algo que te toca en una galleta de la fortuna. Yo recibo auténticas películas. La moralidad cincelando mi mente. Revelaciones a todo color.

Estoy divagando. Vayamos al asunto. He venido a esta roca, al diablo que hay en esta roca. Y lo que es más importante, creo, a la ciudad donde crecí hasta cumplir los trece. He venido aquí para curar todo el lugar. Tengo muy poca comida. Un par de libros, mi Walkman, pilas de repuesto y un par de auriculares estropeados. Estoy lista para entregarme. Solo que no sé cuál es mi destino, ¿sabes? Lo que el destino me tiene reservado. Destino. Sino. Me gusta eso. Esas dos palabras adquieren sentido al juntarlas.

Así pues, considerad esto mi Última Voluntad y Testamento. Lorna Willborn está en casa y durmiendo con el Diablo, y es probable que aquí mismo vaya a morir.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."