Parte 04: Elementos Relacionados

De: coctelera74
Para: hunter.list@hunter-net.org
Asunto: más preguntas

Hace un par de días salí con la esperanza de ver un ritual vudú, pero nada. Sólo he hecho descubrimientos que añaden confusión al galimatías.

Dado que todas las fuentes que he consultado describían estas ceremonias como acontecimientos de ámbito rural, decidí salir de nuevo de la ciudad.

Tras esperar un buen rato en la parada, subí al mismo autobús con la esperanza de encontrarme con el mismo conductor de antes, pero esta vez había un hombre mucho más joven al volante. Quién sabe si el de la otra vez tenía un turno distinto o el día libre. Al acercarnos al lugar donde el camión había bloqueado la carretera, le pregunté al conductor hasta dónde llegaba el autobús. Creo que no me entendió. Da igual: al final resultó que el trayecto terminaba justo ahí, en el lugar en el que había estado el camión. Había marcas de neumáticos dibujando un cambio de sentido en el césped que bordeaba la carretera y, junto a éstas, algunas personas esperando para subir.

Llegado a ese punto, bajé del autobús y empecé a seguir un sendero hecho a base de pisadas que discurría por la falda de una colina. A medida que avanzaba, la vegetación se volvía más salvaje. Había chozas abandonadas por el camino (aunque no se puede estar muy seguro de eso aquí), pero no parecían muy interesantes. No era eso lo que buscaba.

Por supuesto, cuando encontré lo que andaba buscando no supe qué era ni cómo lo reconocí.

Había advertido símbolos elaborados en las puertas de algunas casas: una malla en forma de corazón atravesada por una espada, figuras totémicas a medio camino entre un hombre de madera y la señal de un cruce de vías férreas, series de trazos zigzagueantes y otros que no sabría describir. Poco antes del anochecer, vi, pintado en blanco sobre las paredes de una casa de color azul brillante, un dibujo que me dejó sin aliento. Era un símbolo de muerte, uno de los nuestros. Se trataba de un círculo que, según vi al acercarme, contenía una tosca calavera roja sobre un par de tibias cruzadas del mismo color. Me sorprendí de no haber encontrado antes esa asociación, y me sorprendí incluso más cuando comprendí que la versión simplificada (sin la calavera) es lo que usábamos para representar la muerte. A pesar de haber visto dibujos en varias casas, nunca había visto a nadie usar ése.

Decidí ocultarme en un sitio en el que viera pasar a la gente. Al caer la noche, vi salir de la casa a un hombre alto. Me di cuenta de que era uno de esos títeres, vinculados por la sangre a alguna criatura de la noche. El hombre miró alrededor y se fue andando colina abajo. Yo permanecí otros diez minutos escondido por si volvía. Luego, me dirigí hacia la puerta y me concentré en una visión de mí en aquella casa: sólo vi una habitación casi vacía.

La puerta no tenía pestillo, así que la empujé y entré. Me quedaría corto si dijera que casi no había muebles. Había un catre plegado, una escoba y un perchero con un sombrero negro en lo alto. La pared a la derecha de la puerta tenía clavados unos ganchos que hacían las veces de ropero. En ellos había colgadas algunas prendas, entre las que destacaba una chaqueta con colas de animales guardada en una bolsa de celofán.

Preferí no entretenerme mucho allí. Al fin y al cabo, donde había una marioneta podía haber un chupasangres, ¿no? Si tengo que enfrentarme a uno prefiero estar preparado. Además, quería buscar información sobre el símbolo, así que volví a la ciudad pensando en cómo podría me ahorrarme la caminata la próxima vez.

Reflexionando en la habitación del hotel, me di cuenta de que debería haber consultado más libros y menos sitios web. Hasta las guías turísticas del Holiday Inn ofrecían más información. Al parecer, la calavera con dos tibias era un vévé, un símbolo que se usa en el vudú para permitir a los espíritus entrar en este mundo. Resultó inquietante descubrir que todos los emblemas que había visto antes eran marcas sagradas de distintos tipos, con lo que casi todos los edificios que vi en las afueras eran especies de templos. Si bien algunas de las fuentes en línea hacían referencias a esos vévés, ninguna mostraba ejemplos. Algunos de los que no he descrito son lo bastante parecidos a los signos de los exaltados como para animarme a investigar sobre la auténtica naturaleza de los Heraldos y de nosotros mismos.

Puede que me precipitara al decir que el vudú no debería extenderse por todo el mundo. Puede que los Heraldos quieran que todo en el mundo sea más parecido a como es en Haití: una especie de convivencia más próxima entre el mundo material y el espiritual. ¿Podrían ser loas los Heraldos? ¿No citó una vez Viajero una frase de Oráculo que rezaba: "El ángel está dentro de mí"? ¿Y si nuestro lenguaje de símbolos funcionara como al menos en teoría funcionan los vévés, creando puentes o puertas para los Heraldos? Y, si eso es cierto, ¿cómo deberíamos tomárnoslo? No veo qué beneficios ha traído el vudú al modo de vida de estas gentes, pero ése es un criterio que difícilmente sirve para evaluar cualquier religión. En general, y a pesar del modo en que los muertos usan a los vivos como medio de transporte, aquí parece reinar la paz entre unos y otros. Es verdad que no creo que aquellos soldados estuvieran de acuerdo conmigo, pero claro, primero tendrían que creer que de verdad les pasó lo que les pasó.

Ahora que me he referido de nuevo a los soldados, los escorpiones y todo eso, me he acordado de una noticia que vi en el periódico. ¿No se las arregló el Congreso el año pasado para retirar todas las tropas estadounidenses de Haití? ¿Lo recuerda alguien con claridad? Si es así, ¿qué hacían allí esos soldados aparte de resolver disputas entre los habitantes de la isla? Me pregunto si hay motivaciones raciales tras el comportamiento de algunos fantasmas. Tal vez hayan muerto algunos en alguna invasión norteamericana (merece la pena comprobarlo) y estén vengándose. ¿Y si se tratase de antiguos esclavos de los gabachos? Lo que sí sé es que las cosas estaban muy tranquilas hasta que subió el militar ese al autobús.

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